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LA POSMORALIDAD

Miguel Wiñazki

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Fragmento

EL MAL

Si Dios existe y es perfecto y todo lo sabe y todo lo ve, sabe indudablemente que existe el mal sobre la tierra.

Entonces, ¿Dios permite la existencia del mal?

Si no quiere permitirla y no puede evitarlo, no es entonces perfecto.

San Agustín explicaba que Dios es el Ser y que el mal es ausencia de Ser. Es decir (para ejemplificarlo de manera demasiado banal tal vez): matar es malo porque es quitar Ser, restar. Las acciones malvadas borran dimensiones de Dios. Pero entonces, ¿Dios es limitado?

Nada es simple. ¿Qué ocurre cuando se presume que hace el mal en vistas de un bien mayor? ¿Qué sucede, por ejemplo, con el suicidio asistido, cuando alguien decide quitarse su Ser, su vida, porque lo malo para él es seguir siendo y existiendo?

¿Por qué, además, sufren los inocentes de toda inocencia? Según Leibniz, Dios maneja planes y designios que escapan al razonamiento humano.

Pero desde ese punto de vista, cualquiera podría hacer el mal y ampararse en la suposición de que su acción coincide con los planes de Dios. De hecho, innumerables dictadores y tiranos se han asumido como voceros de la divinidad y han producido males masivos y horrorosos.

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Por lo demás, y esto es crucial, no hace falta creer en Dios para sostener que el mal existe y distinguirlo del bien.

El mayor obstáculo reside en la ardua cuestión del relativismo: lo que es malo para determinadas culturas es bueno para otras. ¿Es así?

¿No es posible entonces determinar qué es el mal más allá de los relativismos?

La posmoralidad es un correlato de la posverdad, son tópicos que se inscriben dentro del sistema de la Noticia Deseada.

La posmoralidad como indiferencia ética y la posverdad como indiferencia ante la falsedad confluyen y se complementan.

La posverdad brota como gotas de lluvias pasajeras; las Partículas Elementales de la Noticia Deseada (no por elementales son menos relevantes). Tiene un ciclo breve de existencia como un insecto molesto de corta vida pero siempre dañina. Su diseño, un camuflaje de la verdad, suele ser muy rústico, por ejemplo: “El Papa apoya a Donald Trump”. Las trayectorias de las posverdades, o de las mentiras a secas, porque eso son, se rigen —valga solo a modo de metáfora la referencia científica— según el principio de incertidumbre de Heisenberg; es imposible determinar con precisión dónde se encuentra una partícula (en este caso una partícula de falsedad) en un momento dado. Avanzan por el cauce de las redes y los rumores, pero sin rumbo previsible.

La Noticia Deseada es la mitología viva de elaboraciones alucinadas por audiencias y medios con ciclos largos de existencia. Arraigan en teorías conspirativas y resisten la evidencia de la información. Incluye pero a la vez trasciende a los átomos mentirosos de la posverdad, esas apariencias fragmentarias y fugaces. La Noticia Deseada es un espectro, una historia que pretende absolutizarse como verdadera y que no es efímera, sino invulnerablemente perdurable; por ejemplo, Carlos Menem Jr. fue asesinado por una organización trasnacional. El deseo es posmoral porque no arraiga en la distinción básica que concibe a lo verdadero como bueno y a lo falso como malo. Simplemente se impone por la atracción de su potencia delirante.

EXCEPCIONES

Podría elaborarse un corpus tentativo de mandamientos con excepciones, ajustados a nuestras necesidades; un canon terrestre y relativista. No sería propiamente eticista, pero sí realista.

Por ejemplo:

No matarás, excepto en defensa propia o si se asesina en el nombre de una revolución autodesignada como popular o en el nombre de la patria desde el Estado mismo. No robarás. Excepto para mi banda. O para mí. No desearás a la mujer del prójimo. Trataré de que deje de ser la mujer del prójimo para hacerla mía. No codiciarás los bienes ajenos. Excepto si puedo tomarlos para mí sin ser acusado por ello. No citarás el nombre de Dios en vano. Excepto cuando se encubren y defienden sacerdotes pedófilos. Honrarás a tu padre y a tu madre. Excepto tras sus funerales para acaparar la herencia. Santificarás las fiestas, en el shopping. No darás falso testimonio. Excepto si estás seguro de no ser descubierto. Entonces mentirás. Gol con la mano no vale. Excepto si es la mano de Dios.

LA MANO DE DIOS

En ese gol se juega el gran dilema del relativismo moral.

Para Diego Maradona y para los argentinos en general fue el gol más transparente de la vida. Llegó del cielo para hacer justicia en la tierra. No fue trampa, sino una bendición liberada desde el puño del astro para doblegar a los ingleses impíos y merecedores del castigo divino.

¿Justicia Divina o sucia transgresión terrestre, blanca y celeste?

Para los británicos no hay discusión. Fue con la mano y en el fútbol, que es el deporte que ellos inventaron, los goles con la mano no valen.

Maradona representando la voluntad de Dios; los ingleses a la ley terrestre.

El dilema está planteado. ¿La ética es entonces relativa al punto de vista de quien juzgue? ¿Lo que es trampa para unos es justicia para los otros?

Diego Armando Maradona representa al derecho natural, y la pérfida Albion al positivismo jurídico.

Claro, nada es simple. El juez no vio la falta y dictaminó el gol.

Cuando los jueces se equivocan la ética sucumbe.

Es interesante en este punto recordar al gran sociólogo Norbert Elias, quien justamente analizando las relaciones entre el proceso civilizatorio y el deporte, sitúa sus trabajos en Inglaterra, porque fue en Inglaterra donde se inventó el fútbol y no solo el fútbol, sino la mayoría de los deportes; el box, el tenis y el rugby, por ejemplo. Para Elias, el deporte configura luchas relativamente no violentas, en realidad luchas fingidas que atenúan la violencia social real de las guerras.

Dicho de otro modo, el match Argentina-Inglaterra de 1986 era la continuación de la Guerra de Malvinas por medios no violentos.

En ese partidazo ganó Argentina con un gol con la mano, y con otro, quizás el mejor gol de la historia de los campeonatos mundiales en la que el mismo jugador de la trampa, Diego Maradona, eludió a todos los ingleses que se le pusieron delante y dejó sin habla al mundo.

Y también a los estudiosos de la moral, porque el partido ético no está resuelto.

EL ASIENTO

Aquí se le pide al lector honestidad. Que cada uno acepte los cálculos que perpetra cuando está sentado en un medio de transporte y aparece alguien a quien éticamente hay que cederle el asiento.

En principio hay una mirada del viajero sentado muy disimulada pero rapidísima, un abrir y cerrar de ojos, para detectar si alguien se levanta primero que uno.

Si no existe otra alma samaritana y presta para ceder el sitio, arribará una desazón comprensible en el espíritu de quien deba pararse.

Sí, es verdad que puede haber algo de satisfacción con el deber moral cumplido cuando cabe dar el asiento y uno lo otorga, pero todo depende del cansancio que uno esté soportando y también de la cantidad de gente parada. No es lo mismo ceder el asiento cuando falta poco para bajarse que en Once con destino a Morón y un apretujamiento espeluznante. Se dirá que está muy bien, que la dimensión del sacrificio enaltece el gesto moral. ¿Pero se trata de un gesto moral genuino o de una resignación porque no queda otra?

Y además están los casos dudosos. ¿Esa se ...