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OMM ORGANIZARTE BY MELA M.

Melanie Melhem

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Fragmento

INTRODUCCIÓN:
MI CAMINO AL ORDEN

No siempre fui ordenada. De chica y adolescente, viviendo en lo de mi mamá, me rodeaba el clásico caos de la edad. Y como tenía quien me ayudara a mantener el orden, tampoco hacía tanto esfuerzo. Sin embargo, me gustaba el resultado. No me daba lo mismo que no sucediera.

Ya un poco más adulta, tuve un momento en el que decidí hacer una limpieza completa de mi ropero. Sentía que tenía mucha ropa y usaba muy poca, y viendo todo lo que podía sacar, lo comprobé. Decidí que tenía que hacer algo con el descarte, y me puse a venderla en formato de feria americana. Vendí mucho, y empecé a contagiarles las ganas a mis amigas, que me pidieron que fuera a sus casas a hacer el mismo proceso con sus roperos. El resultado fue que terminé abriendo un showroom donde primero vendí mucha ropa usada y luego comencé a sumar diseñadores independientes, al estilo de un local multimarca. La bola se corrió rápido, y el boca a boca hizo maravillas: venía muchísima gente, y completos desconocidos empezaron a pedirme que los ayudara con el orden de sus placards.

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Entendí que estaba delante de un trabajo en serio. Tenía 20 años y estaba estudiando Publicidad (sí, es irónico, el colmo del consumismo), pero igual comencé a hacerlo. Con unas amigas, a fin de lograr un proceso más rápido, incursionábamos en los roperos de distintas personas, y al final del día nos íbamos dejándole todo mucho más ordenado, organizado, y con varias bolsas para regalar, donar o tirar. Todavía no era una fanática del orden, pero estaba en camino.

Unos años más tarde, a mi marido le ofrecieron un trabajo en Italia, y decidimos irnos. Ese fue un nuevo desafío: meter mi vida en unas valijas. Me llevé cosas por etapas, porque primero llegamos en verano y, cuando volví a Argentina para las Fiestas, pude llevarme lo de invierno. Pero mi nueva casa no era ni siquiera un tercio de la que tenía acá, y la verdad es que no tenía lugar para todo lo que tenía o quería llevar. A la vez, me daba cuenta de que las cosas que había dejado en lo de mi mamá no me hacían falta. Así que empecé a desapegarme y a vivir con menos. Para cuando nos teníamos que volver al país, sin embargo, una experiencia me hizo el clic definitivo. Teníamos que cargar todas nuestras cosas en un container, y había ciertas reglas a las que adaptarse. Por ejemplo, no podíamos llevar líquidos. Así, me encontré tirando la colección de pequeños shampoos y cremas que mi marido me había traído de sus viajes laborales, esa misma que nunca había querido usar por pena o que había querido guardar para practicidad de mis propios viajes —y que cada vez que me fui me olvidé de llevar—. Entendí la tontería de guardar cosas “para ese momento ideal”, y en la pequeña tristeza de tener que tirar algo que me gustaba, pensé que ese momento perfecto es cada día. Y me volví a acordar de mi abuela y su capacidad de acumulación, y cómo, a su muerte, tardamos semanas en desmantelar su casa, llenísima de cosas tan inútiles como una colección de pañuelos descartables que alcanzaba para un ejército. No solo se fue de este mundo sin nada de todo eso, sino que ni siquiera lo usó y disfrutó. Ahora pienso menos y uso más, sin culpa. Si me compro una vela, la enciendo, la huelo, la disfruto prendida. Es como suelen decir, ¿de qué te sirve irte lleno de plata y cosas al cementerio?

En agosto de 2015 abrí mi cuenta de Instagram. Desde que adopté esta filosofía y este apego por el orden y la organización, eran muchos los que me preguntaban por el tema, y sentía que necesitaba un medio de comunicación en el cual explayar esos valores y búsqueda. Me divertía compartir esos tips que muchos admiraban cuando venían de visita a mi casa. Y esos consejos fáciles de poner en práctica pero revolucionarios en las pequeñas cosas fueron lo que primero interesó a mis seguidores. Porque no hace falta comprarte un negocio de organización entero si con el portarrollos del papel de cocina podés organizar cinturones, o unos simples clavos pueden acomodar tu bijou. Traté y trato de subir fotos honestas y reales, que cuando no son mías son igualmente accesibles, y que incitan a lograr este orden un día y un ambiente a la vez. Al mismo tiempo, comparto frases inspiradoras y busco incentivar la gratitud y el bienestar, porque son reales beneficios del orden. Nombré mi cuenta @organizarteomm uniendo la idea de organización con mis iniciales (Organizarte by Mela M). Y, además, coincidió con el símbolo del om, el sonido primordial y el comienzo de la mayoría de los mantras. Esta paz que busca transmitir ese sonido es precisamente el resultado final que deberías encontrar en el orden.

Para diciembre de 2016 también comencé a vender algunos productos. En mi casa tengo muchos objetos que ayudan al orden y que compré en el exterior, gracias a los viajes y al tiempo que viví afuera. Muchas veces me preguntaban dónde podían encontrarlos en Argentina, por eso decidí ponerme a fabricarlos o conseguirlos vía importadores, y encontré un público más que interesado. Y, a la vez, estoy constantemente investigando dónde conseguir acá eso que yo compré afuera. Al igual que con este libro, me gusta brindar un servicio.

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