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TEVEZ

Sebastián Varela del Río

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Fragmento

CAPÍTULO 1
El retorno

LA NOCHE EN LA QUE SE FUE PARA VOLVER

Los aeropuertos son lugares que exasperan. Son tan limpios, tan rectos, tan efectistas y tan blancos, que da la impresión que allí solamente se está de paso y que en tales ambientes no puede ocurrir nada más rutinario que una salida o una llegada, sin más ánimos que los de completar un trámite en un plan mayor. En un aeropuerto las sillas son incómodas, los pasillos son largos, las comidas son plásticas y los ojos siempre pican, por la falta de sueño o por las lágrimas por el que partió. Alguien dijo alguna vez que nadie se enamoró nunca en un aeropuerto y es probable que eso sea así. Sin embargo, una vez que los pasajeros del vuelo nocturno a Roma de la empresa Alitalia realizaron el despacho de sus maletas, en el medio del hall central de la terminal A de Ezeiza hay una especie de calma que antecede a la tormenta. No a la que ocurre afuera, en forma de lluvia invernal y constante, sino a la que viene en esa camioneta de vidrios polarizados, que encara la autopista Teniente General Pablo Ricchieri a toda velocidad y que lleva a bordo a los últimos cinco pasajeros del avión que cruzará el Atlántico. Ahí viene él.

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El aspecto de Carlos Tevez al bajar del vehículo contrasta con la inexpresividad de los aeropuertos. Lleva un buzo de marca importada con franjas grises y negras, coronado con una capucha llena de abrigo y dos piolines blancos. Las líneas son tan finas y constantes que marean al verlas de cerca. Viste un pantalón marrón ajustado con unas zapatillas de diseñador, al tono con la vestimenta, que no tiene ni una arruga y parece recién estrenada. En la mano izquierda tiene un gran reloj que mezcla tonos de metal más oscuros y más claros y ostenta algún brillo en la órbita, pero que en el fondo de los ojos de cualquiera que no tenga paño de joyero, parece caro. Carísimo. Además lleva un anillo blanco y dos pendientes con brillantes. Todo combina. Como en su look, Carlitos también tiene todo calculado en lo que a tiempo respecta. Sabe que tiene 20 minutos para decir lo que quiere decir, otros 10 para los trámites del vuelo y unos 15 o 20 más hasta la puerta del avión, que partirá en una hora. No hay mil cámaras ni un grupo grande de reporteros esperándolo. Casi nadie sabe que viene porque él mismo se ocupó de citar a apenas un par de cercanos. Tevez elige. Siempre elige.

En la noche de ese martes de julio del 2013, mientras camina por el hall de Ezeiza, Carlitos, que viajará para comenzar a vestir la sexta camiseta de su carrera, suelta el primer tramo de su plan: “La Juventus es mi último club antes de volver a Boca. Yo me voy a retirar con la camiseta de Boca. Es mi sueño. Firmé por tres años, no por cinco ni por cuatro. Por algo es. Lo tengo en mente”. Como siempre que elige hablar, Tevez es contundente ante el grabador. No se guarda nada, no esconde cosas y no esquiva respuestas. Fuera de la nota será incluso más claro. Quiere romperla en Italia, busca terminar de sellar su imagen de crack en el fútbol europeo y pretende ganar siendo el líder en uno de los clubes más importantes del mundo. El costado económico de su vida ya está saldado y presentará un dulce superávit después del paso por Italia, por lo que aquello dejará de ser una cuestión. Ya lo sabe. Ya lo piensa. Luego de cumplir los objetivos que se plantea con el conjunto bianconero, Tevez tiene claro que emprenderá el retorno a la patria de su corazón. Apoyado en la baranda de una de las pasarelas y a minutos de embarcar, mira unos segundos al vacío, se vuelve sobre su hombro, pensativo, y suelta: “No veo la hora de entrar de nuevo con la camiseta de Boca puesta a la Bombonera”. Muestra el documento, se mete por la puerta y se va. Turín, próximo destino.

LA DECISIÓN ESTÁ TOMADA

El plan de Carlos Tevez para volver a la Argentina ronda su cabeza desde hace tiempo, pero recién puede orquestarse sobre el final del 2014, una vez que pasó el año de adaptación en la Juventus, donde fue campeón del calcio 2013/2014. Justo en el décimo aniversario de aquella reunión de noviembre del 2004, en la que el Apache le comunicó a Mauricio Macri, por entonces presidente de Boca, que tenía decidido dejar el club, Tevez entiende que tiene todo más que claro. Entre los últimos días de noviembre y los primeros de diciembre del 2014, la decisión del retorno está tomada y se vislumbra como el próximo objetivo.

Carlitos necesita volver por su familia, por su nostalgia, por su país y por sus colores. Siente que el cuerpo se lo pide y que cada vez le cuesta más ver la Bombonera por televisión. Porque él, además de ser de Boca, es pura y esencialmente argentino. Es eso que siente cuando come asado con sus amigos o lo mismo que pasa por su cabeza cuando va a ver a la Mona Jiménez o aquello que añora cuando piensa en tener cerca a sus padres. El desarraigo se está convirtiendo en una cuesta a la que cada vez le lleva más esfuerzo subir. Pero calma: hay impulso, pero también hay estrategia. Carlitos aprendió con los años que las historias tienen mejores desenlaces si se orquestan con paciencia y sapiencia, porque muchas veces esos arrebatos de su carácter le han costado demasiado caro.

El primer paso ocurre en un restaurante de Turín, el domingo 14 de diciembre por la noche. Aprovechando que el presidente de Boca, Daniel Angelici, está en Italia de vacaciones, Tevez lo invita a ver un partido suyo frente a la Sampdoria. Luego del empate 1 a 1, el futbolista y el empresario cenan hasta altas horas de la noche. Allí Carlitos le dice a Angelici la misma frase que escucharán varios de los dirigentes de la oposición de Boca, con los que también se reunirá algunas semanas después: “Esto es una decisión de vida. Es algo que necesito para mi futuro”. Posteriormente le afirmará que sus hijos extrañan Argentina y que hace una década que está afuera del país, que tiene que ser ahora. Ambos quedan en que intentarán resolver la historia de cara a junio del 2015, dentro de un semestre. Claro, el delantero terminará su contrato por tres temporadas el 30 de junio del 2016 y para sacarlo de la Vecchia Signora un año antes de lo previsto habrá que poner dinero. Por supuesto que de todo esto Angelici no dirá nada cuando en el almuerzo del mediodía siguiente se vea cara a cara con Andrea Agnelli, el presidente de la Juventus. Solamente habrá una camiseta de cortesía y un sobrevuelo tímido sobre el futuro del futbolista estrella del equipo, pero todo quedará allí. Aunque todavía no lo saben, Angelici y Agnelli se encontrarán una vez más, por los mismos pasillos, unos meses después, con menos cortesía y una negociación sobre la mesa.

Avisados por los rumores en la prensa argentina, los dirigentes de la Juventus comienzan a jugar fuerte para retener a su número 10. En enero del 2015, un mes después del cónclave Tevez-Angelici, se deciden a plasmar en papel aquello que hace un tiempo le comunicaron a Adrián Ruocco, el representante del Apache. Le ofrecen una extensión del contrato vigente hasta el 2018, con un sustancial aumento de sueldo que desde el entorno del jugador es señalado prácticamente como “un cheque en blanco”. Saben, además, que dentro de poco perderán al volante y líder del equipo Andrea Pirlo, que ya tiene 35 años y que suena para emigrar al fútbol de los Estados Unidos. Necesitan a un Tevez capitán, que se sostenga como el gran referente de un equipo que viene de ser tricampeón de Italia y que avanza con firmeza en la Champions League. Lo que los directivos turineses no conocen es que mientras le ofrecen la renovación, Tevez intenta, sin éxito, convencer a Pirlo para que se vaya a jugar a Boca con él. La cabeza vuela al otro lado del Océano Atlántico cada vez más seguido.

Como un apóstol, Carlitos recibe tres veces la misma pregunta y ofrece tres veces la misma respuesta: “La idea es no renovar”. La directiva de la Juventus comienza a ver que los plazos de su estrella en Italia son cada vez más cortos. Mientras tanto, el equipo marcha firme en el calcio y se encamina a su cuarto título consecutivo. Tevez vive la dualidad de saber que a mejor performance, más valdrá su pase y, a la vez, más equipos acudirán a buscarlo. Por esos días, alguien de su entorno grafica la historia y dice: “Carlitos se cotiza, es cierto. Pero si los lleva a ganar la Champions League, que es la gran cuenta pendiente del equipo, es probable que le abran las puertas para salir”. ¿Será?

Es el 26 de febrero y la medianoche de Turín está helada. La gran pantalla de televisión de la casa de Carlos Tevez brilla como nunca. Los que conocen al delantero dicen que por aquellas horas terminó de borrar las pocas y pequeñas dudas que habitaban en su interior. “No hay nada igual a lo que vas a vivir”, le había escrito en un mensaje algunas horas antes a su amigo, el que ahora corre por el monitor, allá lejos del suelo italiano, en La Boca, en la Bombonera. El Apache lo mira y quiere estar ahí. Se imagina la misma noche y la misma Copa Libertadores, pero con su presencia. Daniel Osvaldo debuta en Boca y, además de convertir el segundo gol en la victoria 2 a 1 de los suyos sobre Montevideo Wanderers, termina de poner la piedra fundamental para el regreso de Tevez al club de sus amores. Carlitos siente que si su amigo volvió, él también puede. En el fondo, le admira esa locura y esa determinación casi descabellada por depositar su alma en el lugar al que pertenece. Osvaldo acaba de dejar en el camino un sinfín de ofertas del fútbol europeo y aceptó rebajar su sueldo a niveles muchísimo menores que los que percibía en el Viejo Continente. A cambio, recibió una temprana idolatría de la hinchada y un despliegue mediático insospechado para un futbolista que hasta hace poco era desconocido para el medio argentino. Tevez se va a dormir cerca de las tres de la mañana. Sueña con la Bombonera llena. Sueña con su sueño.

A finales de marzo, Carlitos se suma a la Selección para la gira preparatoria de cara a la Copa América de Chile. Allí aparece el hombre que le hará marca personal durante toda la semana y que será el mismo que le oficiará de confidente en las horas de definición, un par de meses más tarde. Juan Carlos Crespi es un histórico dirigente del Sindicato Unido Petroleros e Hidrocarburíferos, que con el paso del tiempo comenzó a involucrarse en la vida política de Boca. Luego de varios cargos directivos, en la última elección se coronó como vicepresidente segundo de la institución, cargo que lo catapultó a ser secretario de selecciones nacionales de la AFA. Será el alfil que operará como intimista de una idea macerada en la cabeza del Apache. Le llevará camisetas de Boca para él y para su hijo. Le hablará de la Bombonera y de los títulos conseguidos. Lo condimentará de azul y oro en silencio y con la premisa de empujar todo hacia su retorno. Crespi, un hombre criado en los conventillos de La Boca, comparte con Tevez un cierto código barrial, que poco sabe de modales o de pompas, pero que, al cabo, es parte de todo eso que hace del fútbol, fútbol. En esas charlas cortas y alejadas del ojo público, el delantero abre su corazón e intuye la vuelta: “Espero que en unos meses me tengan por allá”.

En Italia, Tevez sigue imparable hasta el mes de mayo. Su camino conduce directamente a las semifinales de la Champions League, ante el poderosísimo Real Madrid, el vigente campeón del título más importante de Europa. El sendero de su corazón, por otra parte, discurre en los mismos días por Buenos Aires, donde Boca y River se enfrentarán por los octavos de final de la Copa Libertadores. El destino se abre y se cierra en cada latido. Los dos resultados pueden tener clara incidencia en el plan del retorno del futbolista y la bola del casino gira delante del tablero con la incertidumbre de las grandes apuestas. Carlitos, como casi siempre en el último tiempo, prefiere el silencio y se dedica a jugar. Pone el alma en el paño verde y va por más. Pero sueña. Siempre sueña.

En la capital argentina, la mano arranca torcida. El 7 de mayo, River vence a Boca en el Monumental mediante un tanto de penal del mediocampista uruguayo Carlos Sánchez. Daniel Osvaldo, la estrella que llegó desde Europa, disputa apenas los últimos tres minutos del encuentro. El equipo de Rodolfo Arruabarrena duda por primera vez en el semestre y se lleva una dura derrota. Claro, todavía debe definir la historia como local. Tevez, que lo mira desde Europa, le dice a un amigo que no aguanta más: “Me tomaría un vuelo para jugar el partido de vuelta. A estos les quiero ganar siempre”.

En la Bombonera, una semana más tarde, el relato de­semboca en una noche negra. Boca ofrece un primer tiempo sin argumentos y se va al descanso 0 a 0. Cuando los futbolistas de River vuelven a la cancha luego del entretiempo, un grupo de hinchas les tira un líquido tóxico a través del alambrado de la tribuna popular. Los jugadores visitantes muestran irritación en sus ojos y dificultades para respirar. La serie se suspende y en medio de un escándalo la Conmebol decide que el resto del partido no se terminará. River pasa a los cuartos de final y Boca queda descalificado. El cuadro perfecto de la llegada del ídolo para la definición de la Copa Libertadores comienza a desdibujarse. El camino de rosas de Tevez saca sus primeras espinas. Incluso el jugador se pregunta si el esfuerzo valdrá la pena, porque piensa que el fútbol argentino es un lugar demasiado violento, demasiado difícil y demasiado desordenado. Del lado sudamericano del plan todo se pone gris. Por supuesto que en Europa hay otro panorama, porque allí los milagros llevan la diez de la Juventus.

En Turín, Carlitos deslumbra al mundo con una de las mejores noches de su carrera. Ni Cristiano Ronaldo, ni Gareth Bale, ni Karim Benzema se le pueden comparar en el primer encuentro de las semifinales de la Champions League. El oriundo de Fuerte Apache vuela sobre el pasto de la elite del fútbol mundial. En el primer tiempo pisa el área, remata y propicia el rebote que se convierte en el 1 a 0 del local, en los pies de Álvaro Morata. Un rato después, el portugués Ronaldo pone el empate, de cabeza. En la segunda parte Tevez firma su obra maestra con una carrera de sesenta metros, eléctrica como un rayo e indomable como aquellos arranques en el potrero. Sólo lo detiene Dani Carvajal, diez segundos después, cuando le comete penal. El diez abre el pie y la pone por el medio del arco de Iker Casillas. La Juventus gana el partido 2 a 1 y el mejor de la cancha acaba de deslumbrar al hombre que le hará la mejor oferta de su carrera.

40 MILLONES DE DÓLARES

Xu Genbao cruza el mundo en un avión para buscar el golpe de efecto de su vida. El manager general del Shanghai SIPG Fútbol Club de la Super Liga de China pisa Turín a principios de marzo con la premisa de llevarse para Oriente a una figura del gran fútbol de Europa. A pesar de lo que pueda pensarse, los recursos de los que dispone el equipo de Shanghai son superiores a los de los grandes clubes de las ligas del viejo continente, y juega en un estadio para ochenta mil personas con la más moderna tecnología y una infraestructura mejor que la del Real Madrid o el Barcelona. Además tiene al mando del equipo al sueco Sven-Göran Eriksson, un entrenador de dilatada trayectoria que comandó, entre otros, a Manchester City, Roma, Lazio, Sampdoria, Benfica y a la Selección de Inglaterra. Con todo eso sobre las espaldas y con la chequera más grande del mundo en el bolsillo, Genbao sale de ver Juventus-Real Madrid por la Champions. Y sale decidido a contratar a Carlos Tevez.

Andrea Agnelli recibe al manager general del Shanghai en calidad de máximo directivo del conjunto italiano. En el cónclave, Xu Genbao se lleva las cifras de lo que la Juventus pide a cambio de Tevez. Para el directivo chino, el dinero no es un problema y decide que esa parte de la negociación está solucionada. Al mismo tiempo comienza a sondear al futbolista. Como sabe que desde lo deportivo no puede seducirlo porque el campeonato chino tiene una relevancia menor, apunta todos sus cañones a la cuestión monetaria. Ofrece, ofrece y ofrece. Casa, autos, pasajes, fichajes y plata, mucha plata. Del lado de Tevez no hay señales de aliento. Genbao se la juega y pone su número arriba de la mesa: 20 millones de dólares por año durante dos temporadas hasta el 2017, la oferta más alta de la carrera del Apache.

La cifra rompe cualquier mercado. Si Carlitos acepta, será uno de los cinco futbolistas mejor pagos del planeta. Los 20 millones de Genbao multiplican el alto sueldo que Tevez percibe en la Juventus. Ni que hablar si se compara con lo que podría percibir en una posible vuelta a Boca, en la que el número sería como mínimo diez veces menor. Se trata de una fortuna incalculable incluso en el horizonte de un crack mundial con una trayectoria gloriosa. Además del contrato sideral, el directivo chino juega su última carta bajo la manga para quedarse con el crack cuando le pide a otro argentino que intente mediar para convencerlo.

Darío Conca es un enganche nacido en Don Torcuato, una localidad bonaerense que se hizo famosa por ser la cuna de otro enganche, tal vez el más grande de las últimas décadas del fútbol argentino y uno de los ídolos de Tevez: Juan Román Riquelme. Conca apareció en las inferiores de River en el 2003, pero realizó la mayor parte de su carrera en el exterior. Sólo volvió a la Argentina durante un semestre del 2006, cuando jugó en Rosario Central. Pasó por Universidad Católica, en Chile; Vasco da Gama y Fluminense, en Brasil; y el Guangzhou Evergrande, en China. En enero del 2015, luego de su segundo ciclo en el Fluminense, fichó por el Shanghai SIPG y se convirtió en el octavo futbolista mejor pago del planeta, algo impensado para su recorrido, pero posible en el apabullante mercado de Oriente. Brecha horaria mediante, Conca llama a Tevez durante una tarde de mayo. Le pide que piense en la oferta de su club y le dice que China es un buen destino para marcar una diferencia económica inigualable y que, de todos modos, podrá volver a Boca a los 33 años, en el 2017, pero con 40 millones de dólares en el bolso. Ni Genbao, ni Conca, ni todo el dinero del mundo tienen efecto en la cabeza de Carlitos, que agradece el interés, pero que sigue pensando en la vuelta. Tevez no jugará en China.

HAY COMPETENCIA

Durante la segunda quincena de mayo del 2015 no hay nada definido. Desde el entorno del futbolista observan con recelo lo que pasa en Boca. Lo ocurrido en la Copa Libertadores ante River deja un manto de incertidumbre sobre el arribo del Apache. El club recibirá menores ingresos y no tendrá por delante al gran objetivo del año. El presidente Angelici está golpeado en su ya trastocada imagen y duda en ir por la reelección, para la que pensaba utilizar el regreso de Tevez como gran obra de campaña. Los auspiciantes de Boca, que se barajaban como posibles partícipes en la operación, no garantizan su presencia debido a que ya renegociaron sus contratos, tienen los números acordados y no cuentan con la obligación de aportar para la compra del pase de la gran estrella. “En Argentina los planetas están desalineados. Hay que esperar que se acomoden”, contaba, por aquellos días, un amigo íntimo del jugador. En Italia todo va mejor.

La Juventus logra un empate con sabor a hazaña en el partido de vuelta de las semifinales de la Champions ante el Real Madrid, en el Santiago Bernabéu. La igualdad 1 a 1, sumada al 2 a 1 conseguido en Italia, deposita a la Vecchia Signora en la final, que se disputará en el Estadio Olímpico de Berlín, el 6 de junio, frente al Barcelona. Tevez contra Messi. Por aquellos días, los dirigentes de la Juve mandan un mensaje alentador, ya que deslizan que al haber logrado el cuarto título local consecutivo y desbancado al Madrid de la definición europea, los objetivos se han superado: Tevez tiene la puerta abierta para negociar su traspaso. A pesar de los rumores, del destino todavía no se habla. Carlitos todavía deberá lidiar con dos ofertas que harían dudar a cualquier crack del mundo.

Cuando Diego Simeone, entrenador del Atlético de Madrid, charla con Enrique Cerezo, presidente del club de la capital española, le explica con impaciencia que uno de los déficits por los que su equipo no pudo llegar más lejos en la Champions (fue eliminado en cuartos de final, por el Real Madrid) y en la Liga (culminó tercero) fue la falta de poder de fuego en ataque. El Cholo quiere un delantero tan intenso como sus equipos, que dispute cada pelota como si fuese la última de su vida y que, además, tenga la cuota de genialidad necesaria de los grandes cracks. El entrenador del Atleti es una especie de semidiós, porque llegó al club en crisis y lo hizo campeón de todo, a la vez que lo sentó a la mesa de la pelea fuerte del fútbol español, ante clubes muchísimo más poderosos desde lo económico, como el Barcelona y el Real Madrid. Como los deseos de Simeone son órdenes, cuando el Cholo y Cerezo hicieron la lista de refuerzos para la temporada 2015/2016, el primer nombre que figuraba como postulante al sueño del técnico era Carlos Tevez.

El Atlético de Madrid hace el puente hacia Turín y recibe como respuesta una cifra que perfectamente está a su alcance: 15 millones de euros. El club colchonero ha generado una saga de grandes delanteros entre los que se enumeran Fernando Torres, Diego Forlán, Sergio Agüero, Radamel Falcao García y Diego Costa. Su modelo de compra barata y venta por las nubes le reportó ingresos por 187 millones de euros en los últimos ocho años. El próximo en salir, el croata Mario Mandzukic, dejará el lugar listo para el arribo de Tevez. Durante la segunda quincena de mayo, Simeone insiste e insiste. Incluso llama a Carlitos y le pide que lo piense. Lo quiere. Lo quiere ya. Otra vez, todo depende del jugador.

En Francia, Carlitos tiene otro pretendiente. Nasser Al-Khelaifi es un empresario catarí que compró el setenta por ciento de las acciones del club Paris Saint-Germain en el 2011. A partir de allí, Al-Khelaifi revolucionó el club de la capital francesa con fichajes de todo tipo, provenientes de su enorme fortuna, que lo encumbra como uno de los cien hombres más ricos del mundo. En los últimos cuatro años, el PSG se reforzó con nombres de la talla de los mediapuntas argentinos Ezequiel Lavezzi y Javier Pastore, los defensores brasileños Thiago Silva y David Luiz, el potente ariete uruguayo Edinson Cavani y el estelar centrodelantero Zlatan Ibrahimovic, entre otros. Deslumbrado por su campaña en la Champions League, el magnate catarí también quiere al mejor de Fuerte Apache. Los 15 millones de euros tampoco son una traba para su ambición.

En el comienzo del mes de junio, el entorno de Carlitos cierra filas para esperar que todo se acomode para el regreso. Durante la primera semana, el jugador estará metido en la final de la Champions, ante el mismísimo Barcelona, en Berlín. Luego de allí, viajará a la Copa América, su primer torneo grande desde el regreso a la Selección. Por esos días, Tevez ya le dijo que no al fútbol chino y tiene sobre la mesa otras ocho ofertas, entre las que se destacan las del Atlético Madrid, PSG y Boca y a las que se sumaron los dos conjuntos más grandes de Turquía, Galatasaray y Fenerbahce. Los rumores crecen y cada jornada se va poblando de noticias descabelladas sobre el futuro del delantero, que sigue sin emitir opinión al respecto. Luego de la derrota 3 a 1 ante el Barcelona, la historia comenzará a aclararse.

LA ETAPA FINAL DEL PLAN

El 8 de junio, Carlos Tevez llega a la concentración argentina en La Serena, Chile, para disputar la Copa América. Lo hace secundado por Juan Carlos Crespi, que lo fue a buscar en avión hasta Santiago y que lo acompañará en el trayecto a la ciudad costera en la que el conjunto del Tata Martino generó su base de operaciones. El tema de conversación en el vuelo no es otro que, por supuesto, su retorno a la camiseta azul y oro. Crespi, con la intención firme de acelerar las gestiones, juega fuerte y sabe que lo tiene cerca. Le toca el corazón y le dice que se quede tranquilo, que en los próximos días definirán todo.

El 11 de junio, el Apache concede su ú ...