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CULTURA

Eduardo Sacheri y la novela que se adelantó a las bóvedas para esconder dinero

Por Matías Méndez

3 de julio de 2016

La literatura puede adelantar episodios de la historia, incluso los más inverosímiles. Por ejemplo, que un tránsfuga que se queda con dinero ajeno lo entierre y desarrolle un complejo sistema para que nadie pueda enterarse de sus billetes escondidos.

Una bóveda para esconder dinero de una estafa en los días del corralito y la crisis del 2001 aparece en la nueva novela de Eduardo Sacheri, "La noche de la usina", que acaba de ganar el Premio Alfaguara. Quizás esa es la superficie: el autor de "Aráoz y la verdad" y "La pregunta de sus ojos" desarrolla una historia que lleva al lector a reflexionar sobre la avaricia y lo hace desde una estructura formal construida con un relato coral. No va a encontrar el lector una narración edificada alrededor de un personaje, sino que serán varios personajes: los que reúnen dinero para desarrollar un proyecto en medio de la crisis económica y los que los estafan con el corralito, lo que desencadenará el plan para recuperar los dólares perdidos.

Con la humildad que lo caracteriza, Sacheri visitó los estudios de Infobae y se entregó a una larga charla en la que habló sobre si lo condiciona narrar después de que dos de sus novelas saltaran a la pantalla de cine, sobre la geografía de sus novelas y cómo vivió él la crisis del 2001. También confesó que su miedo como escritor es repetir fórmulas y respondió a una de las preguntas que cruzan la novela: ¿Los hijos de puta son conscientes de que lo son?

?¿Cómo es el momento de sentarse a escribir después de películas y premios? ¿Cambia el desafío de la hoja en blanco?
?Depende de para qué te sientes. Si uno se sienta con la idea de "me tiene que ir bien con este libro", sí sería complicado, porque sería una presión muy fuerte, pero yo me siento para ordenarme la cabeza. Lo mismo que me hace leer me hace escribir. ¿Para qué leo? Porque me da placer y porque me hace bien. ¿Y para qué escribo? Porque me da placer y porque me hace bien. No te voy a decir que no me interesa cómo les vaya a mis libros, seguro que me gusta que les vaya bien o, como en este caso, que gane el Premio Alfaguara, pero, aunque eso no pase, si tengo claro que escribo porque me ordena la cabeza y me hace bien, seguiré escribiendo. Seguramente, en algún momento habrá un libro que a la gente no le guste o no lo acompañe, y no pasa nada.

?¿Separa el momento de la producción del resultado?
?Es que, si no, deja de tener sentido. ¿Si no, para qué lo hacés? Yo tenía otra profesión de la cual comía. Ahora la profesión de la que come mi familia es esta de los libros, pero que está montada sobre el placer del escribir. Pero si me voy a empezar a preocupar por cómo le irá a este libro, si venderá o no, va a dejar de tener sentido.

?¿Y que se hayan filmado dos películas sobre sus novelas altera la escritura?
?La idea es que no, no sé si inconscientemente, pero creo que no, siento que mi manera de escribir sigue pareciéndose a sí misma. Espero que haya cierto crecimiento, cierto crecimiento en el modo y en lo formal, pero no en cuanto a para qué estoy escribiendo. Tal vez lo que sí pasa es que, como a mí me gusta contar historias, contarte una historia, construir personajes y que los diálogos sean importantes y sean verosímiles, en una de esas favorece involuntariamente que se pueda traducir más al cine. Si mi literatura fuera más sobre un juego formal del lenguaje o sobre el devenir mental de un personaje y con pocos sucesos y pocas acciones, que también es una literatura muy valiosa, pero que va por otro camino, sí esa literatura es más complicada de llevar al cine. Tal vez lo que lo facilita es el tipo de literatura que a mí me gusta hacer.

?En su literatura de los últimos años hubo un traslado geográfico desde el Conurbano hacia el interior bonaerense. Da la sensación de que se corrió unos cien o doscientos kilómetros. ¿Por qué?
?Creo que voy y vengo. De hecho, la geografía de La noche de la usinarecupera la de Aráoz y la verdad, que es un pueblo de un poco más de cien kilómetros, te diría unos quinientos. A veces lo que te dicta eso es el tipo de historia que estás construyendo; en este caso, la ventaja de un pueblo chiquito y aislado, ahí, en el medio de la pampa, que es como una isla y entonces puedo resolver y agotar toda una serie de vínculos que quede como muy en ese mundito cerrado. Me viene bien para la historia que O'Connor sea el mundo y que lo que hay afuera, Villegas, que es la ciudad grande y apenas un par de pueblitos y nada más.

?En su novela está postulada una cuestión y es cómo las grandes decisiones políticas, en este caso, el corralito del 2001, le cambian la vida a seres anónimos que viven en un pueblito alejado.
?Esa es, al menos, mi concepción de la historia. Por supuesto que a mí me interesan los grandes temas, los grandes procesos y los grandes nombres, pero me gusta mucho ver cómo afecta la historia con mayúsculas y rutilante de los grandes procesos la vida ínfima de cualquiera de nosotros. Si en La pregunta de sus ojos, que dio lugar a la película El secreto de sus ojos, esa Argentina dolorosa, sangrienta y atroz de los años setenta impactaba de determinado modo en esas vidas mínimas de un empleado bancario, un par de empleados judiciales y un asesino, me gustaba ver en este caso cómo esa megacrisis económica y social del 2001 impacta en esas vidas de pueblo, como pudo haber impactado en la tuya y en la mía. Yo estaba en mi casa, desolado.

?El narrador dice, en un momento: "Todos recordamos dónde estábamos".
?Son esas cosas que te marcan. El colapso del Gobierno de [Fernando] De la Rúa fue la represión, los camiones hidrantes, los muertos, pero también fue un montón de gente que no sabía qué hacer.

?Y que en muchos casos perdieron todo.
?Que perdieron todo y fue una navidad sin cohetes, ese es el recuerdo de un pueblo chico.

?Sin embargo, en la literatura argentina se escribió poco sobre eso.
?Es cierto, cuando escribía la novela, no era que hacía un estado de la cuestión y decís: "A ver qué tanto se ha escrito", pero es verdad que se ha escrito poco. Tal vez todavía está bastante cerca o, a lo mejor, ahora empiecen a surgir cosas, como ya pasaron más de diez años y no sólo se cerró ese momento, sino que el capítulo político siguiente, el prolongado capítulo del kirchnerismo, no sé si se cerrará o no, pero tal vez eso favorezca a la reflexión literaria más fácilmente.

?Se lo decía, porque tengo la idea de que la literatura ha reflexionado sobre hechos históricos antes que otras disciplinas; Malvinas, por ejemplo, inclusive los setenta.
?A lo mejor se atreve antes o el hecho de que, como es ficción, puede darse ciertas libertades metodológicas que la ciencia no. O, siendo del palo de la historia, uno, un libro de ficción lo escribís vos solo, mientras que si sos un investigador, el sistema de becas, de cátedras, de subsidios, de presentaciones, de tribunales de análisis, te hace todo más lento y te obliga a recorrer ciertos caminos temáticos. No lo sé, pero tal vez la reflexión sobre el corralito todavía no se abrió.

?Leo su libro y pienso: ¿su novela se adelantó a la bóveda de [José] López?
?Hay un montón de enormes diferencias entre lo que pasa en la novela, que aparte es un conflicto privado y, de hecho, no hay políticos involucrados, pero sí es notable este hecho de un tránsfuga que oculta su dinero tratando de enterrarlo, sí hay un parecido involuntario. La novela la terminé en diciembre, cuando nada de lo que iba a pasar en 2016 se sabía o yo no me imaginaba que iban a terminar usando topadoras en estancias patagónicas, o este López tirando bolsos.

?¿Se pudo dar así porque usted se pudo meter en la cabeza de un avaro?
?Fue la intención. Hay un viejo cuento de un avaro que entierra sus monedas en el jardín de su casa y después no puede conciliar el sueño y necesita, noche a noche, perder la noche mirando por la ventana. Te lo cuento y todavía tengo la imagen de mi libro infantil con el dibujo del tipo asomado a la ventana; son esas cosas que te quedan de chico y es algo fuerte. Si bien el foco no está puesto en el análisis psicológico de cada personaje, ese personaje, Fortunato Manzi, en el libro, sí tiene esta cosa de necesitar tener el control tangible, físico del dinero.

?Por eso hablo del avaro: la imposibilidad de pensar para qué sirve tanta acumulación.
?No lo puede transferir a otra cosa. A lo mejor, en este caso, que hablamos de corrupción política, a lo mejor puede transferir una parte, pero te compraste cinco casas, siete autos y llega un momento en que la avaricia debe ser la dificultad de decir: "Listo, no robo más". Evidentemente, el placer está desplazado al acto; lo que da placer es el propio acto del robo y la acumulación, aunque termine siendo un problema la acumulación.

?Creo que hay una pregunta que atraviesa la novela y que en algunos tramos es explícita: ¿los hijos de puta son consciente de que lo son?
?Hay una reflexión y un par de personajes hablan de ese tema. Cuando uno se hace preguntas con los libros, esa es una y yo no sé si la sé responder. A mí me gusta preguntarme y que los personajes se pregunten, pero tiendo a pensar que tiene que ser muy psicópata el hijo de puta para asumirse como tal y prescindir de la moral, es decir: "Soy una basura, ¿y qué?". Creo que la mayoría de las basuras buscan la manera de justificarse y terminar diciendo que no son una basura.

?En la novela se percibe una evolución de la escritura en el plano formal y en la utilización del lenguaje. En lo formal, me refiero, por ejemplo, a la construcción coral. ¿Está de acuerdo?
?Gracias por notarlo. Lo de la evolución del lenguaje no lo sé, uno aspira, libro a libro, te iba a decir "mejorando cosas", pero no sé si la palabra es "mejorando". Hay una pretensión de mejora, voy intentando ser menos expresivo en un punto, adjetivar menos, contener más y que sea el lector, en todo caso, el que genere otras cosas, no salir tan al encuentro del lector. Yo analizo mis libros desde el principio hasta ahora y esa es una evolución que veo, no sé si es un mejoramiento. Lo del laburo coral que decís me dio mucho trabajo, sobre todo definir esto de cuándo un personaje pasa a primer plano, cuándo a segundo, cómo manejar el narrador omnisciente que quede como testigo de lo que estos tipos están haciendo, pero que no descanse demasiado en ninguno; son como ocho o nueve protagonistas.

?¿Y eso va de la mano de la construcción cronológica?
?Lo que pasa es que esta novela, en principio, no se mueve con flashbacks, sino que se mueve en un presente en donde de vez en cuando un personaje recuerda algo, pero poco.

?¿Ese sería una suerte de flashback?
?Claro, pero hay que tener cuidado en que no sea un capítulo dentro de un capítulo. Hubiera sido más sencillo construirla desde el momento, supongamos, desde el momento de la noche de la usina y que todo lo demás fueran flashbacks, pero así está construida en cierta media La pregunta de sus ojos y a mí me gusta, libro a libro, meter un desafío distinto, como no repetirme. Ese un miedo que tengo como escritor, que algún lector diga: "Este afana siempre con lo mismo, encontró una formulita y la repite".

?Creo que tiene el tono más policial de todas sus novelas, por más que en este caso no haya crimen.
?Puede ser y eso te exige una relojería, de turquinas que una mueve a otra y la tensión del lector tiene que ir por ese lado. Lo que pasa es que es un policial a la criolla, en el sentido de que hay una banda que permite generar un gran golpe, pero que son todos chambones de pueblo y ahí es donde el policial naufraga o, mejor dicho, naufragan ellos como banda, porque muchas veces ese tipo de historias, sean libros o películas, descansan en la pericia y en la eficacia de los miembros de una banda, mientras que estos lo que aportan es una macana más grande que la otra.

?¿Dónde quedó el cuentista?
?Estoy lejano desde hace tiempo, como que yo me inicié con el cuento y mucho cuento y después dije: "A ver si me animo a la novela" y es como si mi cabeza se hizo muy a la novela. Los últimos textos cortos han sido columnas en medios, pero no cuentos. No sé por qué.

?¿Le encontró el gusto a la extensión?
?Le encontré el gusto a la extensión y a esto de la complejidad del problema de largo plazo que es una novela, porque ojo, que el cuento también tiene sus mil problemas, pero entrar en un cuento es: "Lo escribo y son unos días y salgo". Es más vertiginoso el cuento, la novela es un gran rompecabezas que te va a llevar dos años resolverlo y me siento cómodo ahí. De hecho, creo que el próximo libro va a ser una novela, no va a ser un volumen de cuentos.

Infobae

03/07/2016

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