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Noticia

Por Luis Alexis Leiva para megustaleer.com.ar

El best seller más importante del siglo XX aún tiene mucho que contar. En su último libro El bazar de los malos sueños nos trae veinte cuentos para seguir deleitándonos.

    

A esta altura Stephen King no necesita ningún tipo de presentación. Con casi cien libros publicados -entre los que se cuentan los escritos bajo el pseudónimo Richard Bachman, los libros de cuentos y los libro de No ficción- y decenas de adaptaciones al cine y televisión, el escritor de Mine es uno de los escritores más famosos y populares del mundo.

El bazar de los malos sueños es un libro de cuentos planteado como una recopilación de viejos textos -revisados y corregidos para la ocasión- y otros nuevos e inéditos. Son veinte cuentos que viran entre el horror y la sorpresa, entre el drama y el humor negro. Pero lo más importante, además de los textos, es la manera en que están presentados: con un prólogo en el que King se presenta como un vendedor callejero, como el último que queda en la noche peligrosa y fría, un buhonero. Ofrece sus artesanías, y antes de cada relato, los presenta con intenciones seductoras. En los textos que anteceden a cada cuento, Stephen King cuenta las anécdotas que lo inspiraron y en ellas siempre está presente la cuestión autobiográfica.

Lo que asombra en estas anécdotas es la humildad y sinceridad con la que El Maestro del Terrorhabla de sí mismo; el despojamiento con el que se presenta, con errores, historias domésticas, sin tapujos ni soberbias. Él, que vende millones, parece no entender que no hace falta nada más que sus textos, pero de todas maneras se disculpa, intenta agradar desde la risa, la broma sobre sí mismo, desde el reconocimiento de sus limitaciones. Crea, al interpelar al lector como una individualidad, no ya a un cliente distante, sino a un lector que tal vez sea un amigo. Este juego de confesarse él y mostrar los hilos, los miedos personales y sus entretelones logra un efecto de cercanía del que nadie sale indiferente.

En la presentación que hace del cuento Ur, refiere a un dicho popular para justificar que él cobre por lo que hace, no sin antes aclarar que escribe por pasión pero la pasión no paga las facturas.  Y así volvemos a la visión de la literatura como artesanía, como producto manufacturado para el deleite de un lector, cuyo precio paga el pan diario del artesano.

 Este buhonero que da la bienvenida en el prólogo y que, asegura, escribió estas historias para nosotros, es convincente. Hay en el libro cuentos apocalípticos; hay automóviles que devoran gente y niños que juegan a las aventuras; también hay ancianos con Alzheimer que se convierten en Batman cuando es necesario salvar a Robin. Niños malos como el mismo diablo, cuentos de cuando el Kindle era novedad.

Los cuentos no son breves, pero a sus lectores eso no los sorprende teniendo en cuenta que IT -tal vez su mejor novela jamás escrita- supera las mil quinientas páginas en su edición de bolsillo. En la prosa de nuestro buhonero la extensión  permite desarrollar personajes creíbles, con carnadura y en cuyas vidas los lectores pueden identificarse. El entendimiento por los niños, sus problemas, las aventuras y el entendimiento de los trabajadores humildes está intacto en este libro.

Si no leíste nada anterior, llegar de la mano de El bazar de los malos sueños al universo de Stephen King, será una buena manera de transitar esta aventura.