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La antología personal como una forma de la autobiografía. Abelardo Castillo selecciona quince cuentos propios, los reúne y ordena, para dar una nueva obra con materiales conocidos.

Por Luis Alexis Leiva


Que no es un nuevo libro de Abelardo Castillo, eso ya lo sabemos todos. Él mismo lo dice en un prólogo especial a esta Antología personal. Un prólogo en el que explica lo que significa revisar un recorrido en su vida a partir de sus cuentos.

Hablar de Abelardo Castillo no es difícil: es uno de los grandes escritores, uno de los verdaderamente grandes escritores de nuestro país, aún vivos. Además es uno de los más importantes coordinadores de talleres literarios. Es, sin duda, de los mejores cuentistas que dio nuestro país. Por eso que él arme una antología personal de sus propios cuentos es algo más que interesante de ver.

A la manera de las hormigas que usan materiales ya existentes para construir obras que antes no existían, Castillo toma sus propios cuentos, elige los que él considera pertinentes para sus objetivos y los ordena de tal manera de que puedan decir algo de su vida, algo que lo represente.

Como los cuentos ?diría Cortázar de Abelardo? son sistemas cerrados, cada uno en este caso funciona como una unidad que interactúa dialógicamente con los otros cuentos. Del mundo que conocimos es una máquina cuyos engranajes son sus cuentos, y su totalidad es una visión de la misma vida de Abelardo Castillo. No es un simple Greatest Hits. Hay una búsqueda, una forma de interacción entre los cuentos elegidos. En el corazón de cada cuento está el momento de su creación que es también un momento de la vida del autor. Una biografía a partir de sus relatos. No porque los cuentos sean necesariamente autobiográficos, sino porque el autor elige los relatos que dicen cosas de él, que dan una visión de su propia vida.

Empezando por La madre de Ernesto ?quizás su cuento más conocido?, hasta La fornicación es un pájaro lúgubre tenemos quince cuentos excepcionales para acercarnos a la vida y a la literatura de Abelardo Castillo.

Si arrancamos la lectura, veremos que la última y famosa oración con la que cierra el primer cuento Cerrándose el deshabillé lo dijo no es solo el cierre magistral de su primer cuento publicado en 1979, sino que es un trampolín desde la temprana adolescencia hasta el lapidario:

Un gran pájaro negro, arrastrado por la tempestad, entró en el bar. Bender sintió unas uñas clavadas firmemente en su hombro, bebió y miró plegarse en el suelo la sombra de unas alas.

Trazan ambos cuentos un arco vital desde la vida hasta la muerte, o hasta su cercanía.

En el cuarto cuento, Patrón, una mujer da cierre a un matrimonio de pesadilla

Al salir, Paula cerró la puerta con llave; después, antes de atar el sulky, la tiró al aljibe.

Y así, vamos encontrando sentido a los cuentos en el lugar en el que están, en la progresión que van siguiendo, en el juego que establecen unos con otros.

Abelardo Castillo, junto con su prólogo especial, nos da una visión de su propia vida, de su propia literatura, y acaso ambas cosas sean lo mismo, en este recorrido literario de cuentos magistrales.

Quiéralo o no el autor, Del mundo que conocimos es un intento por unir arte y vida. Es un intento de contar una visión de la autobiografía a partir de las propias obras, seleccionadas con intencionalidad y dispuestas en un orden específico, sin más hilo conductor que el orden y la selección.

Celebramos entonces esta antología personal de Abelardo Castillo, que puede servir como acercamiento a los que jamás leyeron nada del autor, y que sirve para una nueva interpretación a los que ya conocemos su obra.