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Noticia

Seis meses limpio: el escritor que narra las adicciones sin hipocresía

Entrevista a Pablo Ramos.

El autor, uno de los guionistas de "Historia de un clan", retrata difíciles situaciones de los adictos; entre ellos, él mismo.

"Una vez estuve con Fontanarrosa en un encuentro literario en Rosario. El ya estaba mal de salud. Vi que caminaba como podía, con dificultad. Dos chicos lo miraban con terror. Giró y les dijo despacito: ?Esto me pasó por fumar?. Me pareció brillante, esos pibes no van a fumar nunca", enfatiza Pablo Ramos.

-¿Hay algo de esa anécdota en el por qué de tu último libro?

-Hay algo del "esto me pasó por fumar" de Fontanarrosa.

A los 50 años, Ramos sigue peleando. Lleva unos seis meses "limpio" de alcohol y de drogas. Alfaguara acaba de publicarle Hasta que puedas quererte solo, un libro de crónicas sobre su adicción y la de personas a las que conoció dando la misma pelea. La primera edición se agotó en quince días. En el texto, los adictos dejan de ser "los adictos" para transformarse en seres humanos con nombres e historias que duelen.

-¿El libro es una prevención sobre las adicciones?

-Es una lectura posible. El mensaje es: ?Oh, humanidad?, como en el cuento "Bartleby, el escribiente", de Mellville. Conocés gente a la que abrazarías. Son como cachorritos y te dan ganas de abrazarlos. Acá en Paternal había un pibe de 14 años que tenía sexo para conseguir una dosis de Paco. El mensaje es de impotencia. Es un "mirá lo que le pasó a esta persona tan hermosa".

Cada crónica está relacionada con uno de los Doce Pasos que enseñan en Alcóholicos Anónimos (AA) y en Narcóticos Anónimos (NA). Se cuenta el devenir de Gabriel, su hermano, que acaba de salir de una internación y lleva un año "limpio", después de estrellarse con el auto con una parada de colectivos. "El fue una de las motivaciones para escribir", explica el escritor. De la relación entre ambos, cuenta: "Nosotros llevábamos dentro la enfermedad antes de haber consumido la primera dosis, porque había algo que andaba mal, había algo que estaba vacío y que pensábamos que debíamos llenar". Acaso, las crónicas buscan también encontrar el dolor inicial, la primera soledad en quienes recorrieron caminos similares.

En esa exploración, Ramos escribe sobre su papá, Rolando, "a quien mi abuelo (en medio de una borrachera) tira por la ventana". Aunque Rolando tenía una inclinación hacia la bondad, "estaba destinado a beber". Lo iba a hacer hasta consumirse, señala. También retrata a Lulú, una chica dulce que no pudo dejar de tomar y que con el tiempo se quitó la vida. Ramos siente culpa por su relación con ella. Aparece esa madrugada en la que, acechado por fantasmas, el autor pensó el suicidio y prendió fuego una soga olvidada en la mesa de su casa. Aparece, también, la esperanza.

-¿Qué diferencia a este libro de otras obras tuyas?

-Es mi libro más personal, es profundamente confesional. No hay un yo literario. No me puse otro nombre, me expongo por completo. Es mi libro más servicial también, lo siento como un servicio. Son hermosos los mensajes que recibo de gente que se identifica con las historias, que no se siente sola en el camino y me agradece. Recibo mensajes de los compañeros de AA y NA. Contesto cada uno.

-¿Explorás la idea de lo religioso como una salida a las adicciones?

- El psicólogo suizo Carl Jung se lo dijo a Bill Wilson, el creador de Alcohólicos Anónimos: ?Si no tenés una experiencia mística, inventátela, porque si no, volvés a tomar?. Es una idea que hay que tener bolas para traerla, porque cualquiera se pone a la izquierda para cuestionártela. Exploro esa religiosidad, que no es lo mismo que religión. Hay en el libro una reivindicación de la fe, que es lo que yo soy. Soy un tipo que una vez por mes va a misa. Pero no hablo de una religión en particular, sino de esa religiosidad que puede estar depositada en lo que vos creas. Sin una utopía, sin una ilusión que alinee el espíritu, no se puede vivir. El adicto, muchas veces, busca

-¿Las trece crónicas del libro pueden servirle a gente que está en problemas?

- Puede servir para darse cuenta de lo peligroso que es quedarse aislado. Porque hay muchas historias que terminan en cárcel, hospital o muerte. No son ?los adictos?, son Isabel, Rolando, yo...

No se baja del ring. Cuenta: "Una vez llego a la casa de un amigo y estaba dormido en un sillón, frente a la tele. Tenía los pantalones bajos, el cigarrillo apagado en una mano y corría una película porno. Yo sé lo que es eso... Lo tapé, apagué la tele y le saqué el cigarrillo de los dedos para que no se viera así. Desde ese lugar escribí este libro".

Clarín

25 julio de 2016

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