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100% MEMORIA

Pedro Bekinschtein  

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Fragmento

“Fabricar recuerdos lleva tiempo, pero ella

era tan impaciente que vivió amnésica.”

Fragmento de “Un cuento que no recuerdo”,

de un autor cuyo nombre he olvidado.

¿QUÉ ES LA MEMORIA?

Cuando somos chicos, las primeras referencias acerca de la amnesia vienen de los dibujos animados y de los comics. En mi caso, una de ellas venía del libro de Asterix conocido como El combate de los Jefes o El golpe de menhir. En él, Obelix, el compañero de Asterix, de huesos grandes y fuerte porque cayó en una marmita de poción mágica cuando era bebé, hace y reparte menhires, una especie de obeliscos de piedra tallada de gran tamaño. En este episodio, Obelix golpea al druida, quien no solo pierde la memoria sino que cambia su personalidad.

De más grandes, nos vamos encontrando con casos similares, como aquel individuo que tuvo un accidente de moto y se golpeó la cabeza, que repetía: “¿Y Candela?” Es decir, es común asociar un golpe en la cabeza con la pérdida temporaria de la memoria. Lo que no es tan común es que un nuevo golpe de menhir o un nuevo accidente hagan que se recupere la memoria, eso ya es ficción. Ya hablaremos de dónde puede que esté la memoria en la cabeza. Por ahora quiero que te quedes con la idea de que la memoria tiene un sustrato físico, no se trata de ondas que viajan por el aire ni de partículas microscópicas flotando en el neuroéter que nos atraviesa.

La pregunta acerca de qué es la memoria es complicada de responder. Uno se vive enfrentando a cosas que no sabe qué son, por ejemplo, cuando vas a una restaurant étnico y te sirven algo indescifrable. Te preguntás qué es, nadie te quiere decir, o tiene un nombre como “ghkúndrkbgbg gogó”. Entonces lo que hacés es dar una definición que tiene que ver con las características de eso que te sirvieron. Es rosado, con manchas negras que parecen ojos, parecería que un cordero se comió un pollo que se había comido un langostino y vomitó esto en mi plato. La textura es similar a la de una bombita de agua. De hecho es como si hubieran puesto a un seamonkey dentro de una morcilla transparente. Tiene gusto a una mezcla de mejillón con té de hace dos días y olor a media sucia de adolescente que viene de jugar al fútbol. Esto, mi querido lector, es una definición operacional. Este tipo de definición es muchísimo más útil que un simple nombre de algo de lo que no conocemos nada, porque nos da información, podemos imaginarnos de qué se trata.

Con la memoria ocurre algo parecido, los científicos tenemos muchísima información acerca de lo que se necesita para construir recuerdos, para almacenarlos, para recuperarlos y hasta olvidarlos, pero todavía no podemos decir exactamente qué son los recuerdos. No obstante, es probable que nos estemos acercando peligrosamente. Pero es necesario que entiendas el problemita que tenemos los que estudiamos la memoria. Podemos hacer manipulaciones del cerebro que van desde un batazo en la cabeza hasta apagar un grupo de neuronas en un pedacito muy chiquito de tejido nervioso y producir la pérdida de la memoria. Así podemos saber que la perturbación que hicimos produjo amnesia, porque dejamos de observar evidencias de que la memoria está. La pregunta es si esa amnesia aparece porque destruimos o interferimos en el sustrato biológico de ese recuerdo o en el mecanismo biológico involucrado en su recuperación. En el primer caso, el recuerdo no está, porque destruimos su almacenamiento. En el segundo caso, el recuerdo está, aunque no es accesible. Como desconocemos exactamente la naturaleza física de los recuerdos, no podemos distinguir entre estas dos posibilidades. Se trata de un pequeño detalle que deberás tener en cuenta a lo largo de tu lectura, lo siento mucho.

Como vamos a construir juntos una definición operacional de lo que es la memoria, te propongo que sigamos adelante y vayamos armando este rompecabezas para ver hasta dónde llegamos. En ese sentido, este libro es una aventura, puede que sea un embole de aventura, pero una aventura al fin.

CÓMO ME SACO ESTO DE LA CABEZA

Resulta que estás apurado porque llegás tarde a una cita romántica con alguien que te copó, que conociste por una aplicación del teléfono, pero estuviste chateando y luego hablando y decidiste que quizás sea tu última oportunidad de formar una pareja duradera y no morir solo, consumido por el odio y las moscas que se alimentaron de tu hediondo cuerpo cuando estabas semi-muerto, y de tan deprimido ni te molestaste en sacártelas de encima.

Te tomás un taxi porque no sería bueno parecer impuntual en esta cita importante, la muerte no será impuntual a la hora de llevarte cuando estés pudriéndote entre restos de latas de atún y sopas instantáneas. El taxista te habla, pero vos estás concentrado en no cagarla esta vez, al menos no como en la última cita, que te pusiste nervioso y con la transpiración de las manos se te resbaló la jarra de gazpacho que cayó al suelo haciendo que el mozo que pasaba patinara y dejara volar unos langostinos empanados. Uno de ellos fue a parar a la boca de tu cita que resultó ser alérgica a los mariscos y desarrolló un edema de glotis. Por suerte un médico de la mesa de al lado llevaba Decadrón y se lo inyectó. Luego tu cita se fue con él, se casaron y tuvieron unos hijos adorables.

Por fin tus pensamientos se interrumpen por algo que están diciendo en la radio. Presentan el nuevo tema de la banda de reaggeton-death-metal llamada “El Calzón Diarreico de Hulk”. Definitivamente no es tu tipo de música, pero no querés pedirle al taxista que baje el volumen, porque preferís la radio antes que una conversación que seguro termina en un “a esos hay que matarlos a todos”. La canción se llama “La danza de las nalgas” y es horrible, pero tiene un estribillo muy pegadizo que dice “Tus nalgas se mueven como en un terremoto, con ese trasero me saco una foto”. El estribillo se repite hasta el hartazgo y aun luego de bajarte del taxi, es imposible sacártelo de la cabeza.

Te encontrás con tu cita y a la media hora de conversación, cuando te pregunta qué opinás de su posición respecto del conflicto palestino-isrealí, te das cuenta de que no escuchaste casi nada, porque tu cabeza estaba intervenida por El Calzón Diarreico de Hulk y su pegadizo estribillo. Ya es tarde cuando te avivás de que hablaste pero de tu boca sólo salió la frase “con ese trasero me saco una foto”.

Este fenómeno de palabras que quedan dando vueltas en la cabeza fue analizado hace mucho tiempo por dos psicólogos alemanes, Georg Müller y su discípulo Alfons Pilzecker. En esa época no existía la versión

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