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ACTITUDES QUE SANAN

Alberto Lóizaga

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Fragmento

Agradecimientos

Entiendo que la lectura de este libro crea la necesidad de una introspección, de una mirada hacia dentro. Le agradezco al lector su participación y la disposición hacia un nuevo nivel de conciencia. En mi experiencia como médico y psicoanalista, he constatado que todos los seres humanos quieren vivir conectados con un sentimiento de mayor lucidez y amor. Por esto mi primer agradecimiento es a quienes están leyendo estas palabras con la intención de encontrar paz y felicidad, de sumarse al cambio de conciencia que necesitamos. Más allá de las diferencias históricas, culturales, familiares, todos podemos conectarnos con nosotros mismos, encontrar allí la fuente del amor permanente.

Le agradezco a mi familia, a mis cinco hijos y a mis siete nietos, especialmente a mi hijo Ignacio, que ha colaborado en la creación de este libro. A mi mujer Ana, con quien durante 40 años de casados logramos vivir las actitudes que sanan. A mi madre Zelmira y mi hermana Juani, fuentes incondicionales de amor. A Fernanda Longo, de Random House Mondadori. A Paula Levallois y a Rafael Cippolini, que colaboraron en la redacción de algunos capítulos. A los incontables colaboradores y miembros de los grupos de meditación que dieron su tiempo y servicio durante más de 30 años aplicando los principios y las técnicas que transmitimos en este libro, siendo maestros y alumnos unos de otros.

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Por último, agradezco a todos mis maestros por ser una fuente constante de inspiración. El contenido expresado en los distintos capítulos no surge de ninguna ideología o corriente religiosa en particular, expresa verdades que son útiles para que cualquier ser humano, independientemente de sus creencias, pueda reconocer su presencia y vivir con paz y alegría.

Prólogo

Por Gerald Jampolsky, M.D. (Fundador de Attitudinal Healing) y Diane Cirincione, Ph.D. (Directora ejecutiva de Attitudinal Healing International). Coautores del libro de Love is Letting Go off Fear (Amar es dejar el miedo, más de cuatro millones de ejemplares vendidos) y de A Mini Course for Life (Un mini curso para la vida).

A lo largo de los siglos, el ser humano se embarcó en una búsqueda esencial: trascender lo corporal, lo material y lo terrestre. El deseo de conocer profundamente la naturaleza del ser, su esencia espiritual, vive, si no de forma consciente, al menos en el reino inconsciente de nuestra humanidad.

Una vida enfocada tanto en el trabajo profesional como en el trabajo personal, lleva al Dr. Alberto Lóizaga, uno de los médicos más respetados de Argentina, tanto por sus pacientes como por sus colegas, a un cruce muy interesante en donde se combinan sus prácticas médicas, psicológicas y espirituales. Asimismo, su conocimiento acerca de la conexión intrínseca entre el cuerpo, la mente y el espíritu ha sido probado durante décadas a través de su exitosa experiencia en terapias con pacientes que sufren distintas enfermedades psicosomáticas y mentales.

Nuestra amistad comenzó en 1989 en una conferencia en Buenos Aires. Desde ese momento estrechamos el contacto profesional, pero también compartimos su vida familiar y sabemos que no hay distancias entre lo que escribe y lo que vive. Por eso, este nuevo libro es una herramienta invalorable para ayudarnos a encontrar la paz, la luz y el amor en nuestro ser.

La mayoría de las personas tienen una propensión hacia una multiplicidad de pensamientos conflictivos. Después de leer este texto y de experimentar las prácticas que propone, podrán sentir el espacio y la paz, de los que ustedes también son creadores.

De forma reveladora, Alberto comparte sus luchas personales y muestra cuán fácil es caer y dejarse atrapar por la telaraña del propio ego. Pero también demuestra que cuando se experimentan las prácticas que luego describe, es posible desprenderse de esa red de pensamientos y encontrar la libertad. Expresa con profunda simpleza cómo practicar la sabiduría de las técnicas orientales, como la meditación trascendental y las prácticas de no-meditación, aplicando los doce principios de las actitudes que sanan y así reconocernos como amor y como energía que no cambia: la de la luz de nuestra eterna conciencia humana.

Inspirado en uno de nuestros primeros libros, Me First and the Gimme Gimmes, Alberto le escribió una carta a su ego, en la que comparte cómo borrar el enojo, la tristeza y la ansiedad con sólo abrir la conciencia al amor. Sabemos que podemos sentirnos mejor. Este libro ayuda a convertirnos en el cambio que buscamos en el afuera. Seguir el camino del ego o el del ser es una elección en cada momento de la vida.

Alberto viajó numerosas veces a Estados Unidos, a la India y a Nepal, y gracias a esto construyó un interesantísimo puente entre las Actitudes que sanan y la meditación oriental. Sus experiencias junto con el Dalai Lama, Sai Baba y Maharishi Mahesh Yogi, y con nosotros en Argentina, Uruguay, Cuba, México y los Estados Unidos enriquecen este material hasta hacerlo único.

Somos muchos los que queremos modificar el mundo, pero nos da demasiado miedo y no nos atrevemos a cambiar nuestra mente. Alberto reúne el trabajo de toda una vida para mostrar cómo disolver la ilusión del miedo. Este libro está dedicado a sus pacientes, a sus amigos y a su familia. También a los cientos (ojalá miles) de eternos buscadores.

Somos testigos de su habilidad para curar y brindar paz a través de lo que llamamos “espiritualidad práctica”. Su honestidad, su transparencia y su compromiso respecto de su propio camino espiritual está reflejado en estas páginas —en las que logra simplificar e integrar los conceptos de una manera amigable para el lector— y en su propia vida. Este libro cambiará la vida de quien aplique los conocimientos vertidos en él con la intención de sanar sus mentes.

Respetamos y amamos profundamente a Alberto y seguimos siendo maestros y alumnos entre nosotros. Después de leer esta joya, creemos que ustedes también apreciarán lo que él humildemente ofrece y lo verán como un maestro de vida.

Primeras palabras

En mi primer libro, Psicoanálisis actual (Legasa, 1987), intenté transmitir la energía del ahora como acto actualizado, a través de la integración de la teoría psicoanalítica con la meditación. Entonces escribí sobre los malentendidos del psicoanálisis. Aquí retomo el tema, ahora en relación con la búsqueda de la felicidad. De los malentendidos suele surgir la similitud entre la asociación libre de ideas (regla fundamental de la escucha analítica) y la meditación. En ambas experiencias, el sujeto se distingue a sí mismo de su intelecto, comprende lo que “pasa” desde lo que “no pasa”. Precisamente, esto último es lo que queda y es el punto de vista del alma que observa la mente. Desde esta perspectiva, el insight se reconoce como lo que no cambia: la quietud, la capacidad cognitiva de la conciencia al unirse a un plano subyacente y permanente del ser que redime y sana las heridas del alma.

Lo real no cambia y lo irreal no existe. Existen apariencias que expresan los “velos”, formas humanas o espejismos que van y vienen a nosotros desde el afuera.

La existencia nos muestra como personajes con máscaras sobre un escenario en el que cambiamos de formas y roles. Nuestra mente acompaña para deformar la percepción del ahora. ¿Qué es el despertar? La consistencia del ser es el espacio que ocupa. El tiempo surge como una insistencia de ese espacio en movimiento, que crea distintos estados de conciencia. Pensar nos enajena en símbolos sonoros: significantes de la lengua que parten y crean angustia cuando no se impregnan de la presencia consistente de vivir desde el espacio del ahora.

Lamentablemente para el humano, el ahora no se puede “tener”, pues nos sostiene como una madre que cobija a un recién nacido desconcertado al comprobar que dejó de ser un pez en el agua —el líquido amniótico— para respirar y pertenecer al aire, a la luz y al amor.

¿Cómo reconocer la esencia del ser y vivir desde ella? Este libro busca compartir una respuesta a esa pregunta. El espacio del ahora no es el exterior, vivenciado en formas y objetos, sino el que nos sujeta desde lo inmanifiesto, el que surge acompañando el aparecer de cada instante y permanece cuando las formas se desvanecen en un aparente vacío.

La pregunta incierta es la naturaleza básica del continuo devenir al morir. Cuando envejezco y constato el nacimiento de mis nietos, veo cómo crecen con formas y cuerpos maravillosamente expansivos y festejo la evolución de mi vida. Siento que no puede morir la energía sin formas que nos sostiene. Experimento una misma plataforma, un orden invisible e inmanifiesto en lo ordinario, que es tremendamente extraordinario. Es lo especial de ser uno mismo y uno más. El amor disuelve el apego y la necesidad de “tener” esta vida para “ser” el cambio, la vivencia del espacio interior del ahora continuo que no cambia, permanecer enveje-siendo.

Somos esa base luminosa del ser que nos está creando y genera vida y, simultáneamente, la luz del proyector, el guionista y el actor principal. También el devenir del espacio luminoso que irradiamos y nos respalda cuando lo dejamos, cuando lo abandonamos soltando el tiempo mental que termina y cubre, envuelve el silencio entre los pensamientos. En ese espacio, que permanece cuando soltamos y nos desapegamos de los pensamientos, encontramos la luz, la paz, la armonía y el amor que nos sostienen. Es el trasfondo común. Es eso. Todo es eso, más allá de las formas temporales que adopte.

Mi ilusión es compartir en ese espacio este camino que transito. Espero que me acompañen desde las primeras páginas.

PRIMERA PARTE
RECONOCER LA NUEVA
CONCIENCIA DE SER HUMANOS

Capítulo 1. Ser uno mismo

Este libro es una guía para darnos cuenta de que no nos hace falta nada para ser completamente felices (no sólo “estar” felices). Para eso, propone encontrarnos a nosotros mismos a través de la meditación, que nos permite conectar con lo más puro de nuestro ser.

Para comprender los capítulos que siguen, es necesario saber que existen dos niveles de conciencia: una profunda, que vive el presente libremente, y otra superficial, apegada al futuro o al pasado. La primera es el ser o el sí mismo. Es la esencia, el alma, lo que hay que conectar con la meditación. Es pura, es amor, es libre para crear su propia realidad, es incondicional, es fuente de satisfacción. La segunda es el ego, el yo, el nivel opuesto. Vive con culpa o con carga, es condicional, desea siempre otra realidad, está insatisfecho y considera que lo mejor está por venir. Distingue “mío” de “tuyo”, vive en la confusión, en las apariencias y en el miedo. Nuestra cultura se ha olvidado del ser y vive en la lucha, en la carencia, en el refuerzo permanente del ego.

En la vida todo comienza y termina. Pero el ser permanece de forma continua y expansiva. Está entre todo lo que se percibe, es lo que no cambia. Descubrir esa referencia es permanecer despierto, ser plenamente libre, convivir con el exterior cambiante. Por ejemplo, tu mente es la que lee esto, pero el conocimiento verdadero, el que lleva a la sabiduría del amor, surge de la conciencia del ser, que está en ti antes y después de la lectura, que es igual para todos, que es eterna.

El ser humano adulto normal se reconoce a través de su mente. Piensa en sí mismo como un yo y vive así la realidad, con bienestar o malestar. Cuando se encuentra a sí mismo, descubre una conciencia que escucha los propios pensamientos, detecta emociones y sentimientos, y reconoce que tiene un cuerpo. También tiene sueños, está despierta o dormida. Participa del universo, que habita en ella misma y se expande hacia “afuera”.

¿Puede crearse una presencia consciente de sí misma que no requiera de pensamientos o sensaciones? Sí. El “despertar” a vivir el amor como un estado de conciencia en el que subsiste —e insiste— en una vivencia de unidad, gozo, paz, luz y felicidad.

¿Cuándo encontramos el ahora?

Cuando nos conectamos desde la conciencia

con nuestra esencia,

cuando nos despertamos

y captamos lo real.

En el ahora nos sentimos

siempre acompañados.

¿Cuándo lo perdemos?

Cuando nos distraemos pensando

en el pasado o en el futuro, que son sólo ideas.

En el ahora el otro no es un pensamiento más,

sino un encuentro amoroso

sin historias.

A menudo creemos que somos esas oraciones que se formulan en nuestra mente, ya que nuestro pensamiento tiene un enorme poder magnético. ¿Qué es lo que se le pega? El ego, un “yo” con enormes delirios de grandeza, al que cualquier cosa que lo amenace con restarle importancia lo pone en estado de alerta. El ego vive con miedo a perder y se defiende. El arma que usa para perpetuarse es más juicio: más pensamientos con los que estructura sistemas de protección, planea el futuro y traza tácticas y estrategias para las guerras que vendrán. Todo eso lleva horas de actividad mental que suelen producir residuos que nos apabullan por las noches y nos impiden dormir tranquilos: estrés y ansiedad.

Es necesario encontrar el origen de los pensamientos, de la conciencia. Dejar de creer que uno es aquello que piensa, esa oración que se formula en la cabeza, tan volátil y circunstancial. Conectarse con el verdadero ser, la esencia, base del bienestar.

En el mundo actual, la experiencia del ser se reemplaza por el yo que piensa. Reencontrarnos con el sentimiento consciente de ser es un aprendizaje permanente. Para despertar al espacio que da luz a tu conciencia sin nada que hacer, es necesario vivir conectado a tu esencia, sin marcas ni formas. Ya eres vida consciente de sí misma. Hoy se malentiende la felicidad, se la busca en el afuera. Pero no está en los objetos ni en las comodidades, sino en la relación que establecemos con nosotros mismos.

¿Te tratas como si fueras un objeto? ¿Estás inmóvil, fijado a traumas, carencias y frustraciones del pasado?

En la prehistoria, el ser humano se comunicaba con golpes y señales en el cuerpo. Luego comenzó a utilizar el sonido proveniente de su b ...