Loading...

AIKO Y EL DIAMANTE PERDIDO

Isha  

0


Fragmento

Índice

Portadilla

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

Créditos

Grupo Santillana

Image

I

Cuando la realidad era apenas un esbozo y sus distintos niveles aún tenían que desplegarse, surgió una poderosa ciudad en el desierto, como una alucinación en medio de las arenas infinitas que la rodeaban. Más allá de las murallas que circundaban la metrópolis podía divisarse una multitud de torres. Desde la cima de la más alta, los ojos del rey de Tandra vagaban por las enredadas calles de la ciudad, donde no sólo habitaban sus súbditos, sino también los cientos de refugiados que venían de reinos cercanos y que poco tiempo atrás habían huido hacia acá buscando protección.

Para el rey, sólo existía una persona en quien podía confiar tanto como en su esposa. Se trataba de la mujer que estaba de pie, detrás de él, entreteniendo a un bebé que yacía en una cuna dorada. Era poseedora de increíbles poderes mágicos y la llamaban, simplemente, la Bruja.

Image

¿Estás segura de que no hay manera de impedirlo? —preguntó el rey.

La Bruja se encogió de hombros.

—Ni siquiera yo puedo impedir que las estrellas viajen por los cielos —contestó.

Un temblor recorrió el cuerpo del rey. Volteó a mirar las calles. Rojizos rayos de sol brillaban sobre los domos de la ciudad cuando la gente comenzó a reunirse en la base del palacio. La anciana colocó su mano con dulzura sobre el hombro del monarca.

—Lo único que podemos hacer es prepararnos, Señor, y eso es lo que haremos. Los crendin no se apoderarán de nuestro tesoro, trabajaremos unidos para evitarlo. Ahora, sonría, mi Señor: ¡éste es un día gozoso! —dijo, señalando la cuna—. Tandra al fin tiene un príncipe.

Las celebraciones por el nacimiento del primogénito del rey y la reina comenzaron ese mismo día, con un opulento banquete en el salón real. A través de las intrincadas puertas de hierro forjado, dignatarios de todo el reino hicieron su aparición multicolor. En los caminos y bulevares adoquinados, el resto de los ciudadanos se unió al triunfante car

Recibe antes que nadie historias como ésta