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AQUARIUM

Marcelo Figueras  

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Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Cita

Primera parte

Capítulo uno. Ulises

Capítulo dos. Irit

Capítulo tres. Ulises (II)

Capítulo cuatro. Irit (II)

Capítulo cinco. Ulises (III)

Capítulo seis. Ulises (IV)

Capítulo siete. Irit (III)

Capítulo ocho. Ulises (V)

Capítulo nueve. Irit / Ulises

Segunda parte

Capítulo uno. David Kaufman

Capítulo dos. David Kaufman (II)

Capítulo tres. Irit

Capítulo cuatro. Ulises

Capítulo cinco. David Kaufman (III)

Capítulo seis. Irit / Ulises

Capítulo siete. David Kaufman (IV)

Capítulo ocho. Ulises (II)

Capítulo nueve. Irit (II)

Capítulo diez. Irit / Ulises (II)

Capítulo once. David Kaufman (V)

Tercera parte

Capítulo uno. Danny

Capítulo dos. Irit

Capítulo tres. Ulises

Capítulo cuatro. Irit (II)

Capítulo cinco. Ulises (II)

Capítulo seis. Danny (II)

Capítulo siete. Irit / Ulises

Capítulo ocho. Irit / Ulises (II)

Capítulo nueve. David Kaufman

Capítulo diez. Irit / Ulises (III)

Capítulo once. Ulises (III)

Capítulo doce. Irit (III)

Capítulo trece. Irit / Danny / David

Coda

Agradecimientos

Sobre el autor

Creditos

Grupo Santillana

Yo te inventaré
palabras insensatas
que comprenderás.

JACQUES BREL, Ne me quitte pas

Primera Parte

La sombra de tu sombra

 

No necesitábamos diálogo. Teníamos rostros.

 

BILLY WILDER, CHARLES BRACKETT,

D. M. MARSHMAN JR., Sunset Boulevard

Capítulo uno
Ulises

1

En Madrid, mientras espera el vuelo de El Al, lo obligan a quitarse los zapatos. También reclaman su cinturón. Les muestra el vientre desnudo, un gesto entre la burla y la entrega. Ahora le piden que se mueva: el mostrador del fondo, aguarde a ser llamado. Por un momento el ridículo es más fuerte que el miedo. Se desliza por el aeropuerto calzado con medias.

Ocho hombres revisan el equipaje. Guantes entalcados. Destripan las valijas, hemorragia de colores, una manga exánime asomando por la herida.

No tarda en ubicar su maleta. El empleado la vacía dentro de un canasto como quien se deshace de la basura. La pelota que había armado con sus medias rebota en un borde y rueda por el suelo. Quiere avisar de la pérdida pero alguien se interpone. Otro empleado lo interpela desde el mostrador, aspecto y acento de espía ruso. El distintivo del pecho ofrece la prueba, tiene nombre de agente de la KGB.

Boris le pide su pasaporte y su boarding pass. Se detiene en la lectura del documento, actúa como si dispusiese de todo el tiempo. Quizá busque información secreta, sensible al infrarrojo de los Boris del mundo.

Al fin alza la vista. Boris lo compara con la foto, se cerciora de que sean el mismo. Se le ocurre que no lo son, más allá de las apariencias. Queda poco de aquel que era un año atrás, cuando se sometió a la cámara curiosa.

Oye la pregunta por su nombre. Aunque el dato figura en el pasaporte dice sin protestar: Rosso Ulises Jorge tal como está escrito, el apellido en primer término —un ariete.

El espía quiere saber más. Qué va a hacer a Israel, dónde piensa hospedarse.

Pronuncia las respuestas que preparó con ayuda de una guía turística.

Aunque Boris lo mira con desconfianza Ulises no se amilana. Su deseo de llegar a Israel es tan imperioso que torna nimio el dilema. Verdad o mentira se vuelven irrelevantes, lo importante es la persistencia de la visión.

Boris desaparece detrás de una puerta, llevándose el pasaporte. Al instante se presenta una mujer con el uniforme de la aerolínea (según el distintivo se llama Sami), que reitera las preguntas. Cuál es su nombre. Si vive en Madrid o está en tránsito desde Buenos Aires.

Contesta de manera mecánica. Le gustaría saber qué estará haciendo Boris con su pasaporte azul, a qué prueba lo someterá del otro lado de la mampara.

Sami toma nota de sus respuestas, o finge hacerlo.

El hombre que la reemplaza no es Boris pero trae el pasaporte de regreso. Se lo devuelve y le pregunta su nombre, mientras esculca el equipaje de mano que ya le han revisado tres veces. Saca la cámara del bolso, la novela de Graham Greene que acaba de comprar.

Ulises está harto de la farsa pero aguanta. Sin siquiera saberlo se ha preparado para la ordalía: en la universidad, durante la práctica privada y sobre todo en la cárcel. Puede mirar a los ojos y mentirle a cualquiera, sin que su pulso se altere. Ha tenido los mejores maestros.

¿Motivo del viaje?

Turismo.

¿Conoce a alguien en Israel?

Cómo dijo, perdón, no lo oí.

Si tiene allegados en Israel. Asociados. Familiares.

British Airways anuncia la partida de su vuelo número...

No.

Le entregan la valija vacía y el canasto lleno. Guarda todo hecho un bollo. Un relámpago lo sorprende. Boris le saca fotos. Con la cámara de Ulises, que en

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