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¡AVENTURAS EN LONDRES! (LA DIVERSIóN DE MARTINA 2)

Martina D' Antiochia  

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Fragmento

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Estos días en la escuela hemos hecho EXPERIMENTOS CIENTÍFICOS y he descubierto que... ¡ME ENCANTAN! Ayer, por ejemplo, los maestros nos pidieron que trajéramos una caja de huevos a la escuela. El objetivo del experimento era comprobar la resistencia de la cáscara del huevo, aunque a mí me parecía bastante tonto porque: es un huevo, ¿vale? Se rompe enseguida.

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Esto es lo que pensaríamos todos, ¿verdad?

Bueno, pues mientras en la clase de ciencias esperábamos todos a ver qué ocurría, el maestro colocó los huevos que habíamos traído dentro de vasos para que quedaran de pie y sobre los huevos, un plato. Entonces el profe comenzó a apilar encima de los huevos cosas que pesaban: libros de texto, un ordenador portátil... En clase todos nos tapamos los ojos porque pensábamos que se romperían en mil pedazos y que el aula quedaría hecha un desastre, pero resulta que no. Resulta que la forma redondeada del huevo es supersupermegarresistente y aguanta mucho peso, aunque un huevo sí se rompe si se te cae al suelo. ¿Mola o no mola?

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Por eso, porque creo que yo podría llegar a ser una gran científica, este fin de semana me he decidido a probar más EXPERIMENTOS en mi casa y voy a apuntarlos en este cuaderno, porque eso es lo que hacen los científicos, apuntar cosas. Por lo tanto, a partir de ahora, este va a ser el CUADERNO DE LOS EXPERIMENTOS DE MARTINA, como he indicado al principio del capítulo.

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Lo primero que se necesita para un EXPERIMENTO CIENTÍFICO es una pregunta en plan «¿Qué pasaría si...?», y luego haces el EXPERIMENTO para explicar QUÉ PASA. Lo que ocurre es que, por mucho que pensara, no se me ocurría nada de nada. Al final he encontrado mi inspiración en la cocina de casa. Por la mañana, después de jugar un rato con mi hermano peludo, me ha entrado hambre y he ido a la cocina a buscar unas galletas. Después de cogerlas, la he visto: una olla grande llena de garbanzos puestos en remojo. De verdad, los garbanzos deben de ser una de las comidas que menos me gusta del universo entero. Por eso normalmente cuando veo una olla de garbanzos en casa ya me pongo medio enferma, pero esta vez no. Esta vez me he puesto muy contenta porque ya tenía mi pregunta: «¿Los garbanzos remojados aguantan tanto peso como los huevos?».

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La pregunta solo es la primera parte del EXPERIMENTO CIENTÍFICO. Luego hay que plantearse una HIPÓTESIS, es decir, tienes que pensar qué crees que pasará. Por ejemplo:

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Hipótesis: como son redondos como los huevos, los garbanzos remojados también deberían aguantar muy bien el peso.

Y después de la hipótesis, hay que plantear el EXPERIMENTO. No se puede hacer así, a lo bestia, hay que pensar cómo lo vas a hacer. Por ejemplo:

Experimento: voy a coger los garbanzos de la olla, los pondré en el suelo como si fueran una alfombra y encima pondré algo plano (lo único que tengo un poco plano son los cuadernos y libros de la escuela). Después añadiré un peso como, por ejemplo, yo misma.

Según nos contaron en la escuela, después de la hipótesis y de planear el EXPERIMENTO hay que ponerlo en práctica, y a continuación ver si tu hipótesis es cierta o no.

¡Manos a la obra!

He colocado los garbanzos en medio del salón (¡no iba a hacerlo en mi cuarto! Además mis padres no están en casa y en el salón tengo más espacio) y las carpetas y los libros encima. Ya entonces me ha parecido que los garbanzos comenzaban a abrirse un poco, pero no creo que ningún científico de verdad se echara atrás por eso. Tampoco me he echado atrás cuando Lili, que ha sido testigo de todo, se ha subido a la mesa del comedor y se me ha quedado mirando como si estuviera loca (gracias, hermano peludo).

Voy a ponerme encima, a ver qué pasa. ¿Aguantarán los garbanzos? ¿Sí? ¿No? ¡VIVAN LOS EXPERIMENTOS CIENTÍFICOS!

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Estoy castigada. Tengo que ordenar mi cuarto y reflexionar sobre: ¿Por qué no puedo hacer una alfombra de garbanzos?

¡Precisamente por eso estaba haciendo el EXPERIMENTO! ¿Cómo iba a saber yo que los garbanzos explotarían?

Hey, que estoy bien. No ha sido una explosión como la de una bomba. Pero los garbanzos sí que han comenzado a estallar y a saltar por todas partes...

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Conclusión del EXPERIMENTO: no, los garbanzos no aguantan, ni de broma, tanto como una docena de huevos. Y además luego lo dejan todo perdido.

El salón entero parecía como si se hubiera derramado un plato de sopa por el suelo.

¿Lo peor? Lo peor ha sido que entonces he oído que la puerta se abría, he visto que llegaba mi padre y se me ha quedado mirando con cara descompuesta. Una cara que poco a poco se ha convertido en la de la Ira. Sí, amigos, como el personaje de la Ira de la película Del revés (yo, ¡claro!, soy la Alegría).

He intentado explicarle que todo aquello era un EXPERIMENTO y que era superimportante, pero su cara se ha ido poniendo cada vez más y más roja. Y yo insistía:

Yo: Papá por favor escúchame: para desarrollar mi mente libremente y algún día llegar a ser una gran científica que salve este mundo, necesito saber cuál es el peso exacto que aguantan los garbanzos. Así podré fabricar un vehículo ecológico volador que pueda transportar, sin necesidad de consumir combustible...

A partir de ese momento ha empezado el drama de verdad. No puedo definir la cara que se le ha puesto a mi padre. En mi recuerdo solo hay un borrón rojo que babeaba espuma por la boca. Lo que sí recuerdo claramente es que se ha puesto a gritar y me ha mandado a mi cuarto para lo que decía antes: para ordenarlo y para reflexionar sobre: ¿Por qué no puedo hacer una alfombra de garbanzos?

 

Yo: ¡¡¡Bueno, pues no te quejes si el día de mañana no puedes coger el coche porque haya subido tanto el precio de la gasolina que no la puedas pagar!!!

Se lo he gritado a través de la puerta cerrada, pero mi padre no ha contestado. Estaba demasiado ocupado refunfuñando.

Y ahora ¿qué hago? ¿En serio voy a ordenar mi habitación? ¡NO! ¡Esto no está hecho para mí! Necesito explorar, inventar... ¡De verdad podría convertirme en una gran científica! ¡Estoy segura de ello! Y desde luego, una gran científica tiene soluciones para todo.

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Me he acercado otra vez a la puerta cerrada. Mi padre seguía refunfuñando en el salón.

Yo: ¿Papá?

Silencio. Mi padre estaba escuchando.

Yo: ¡Papá! Tienes toda la razón, voy a reflexionar sobre lo que has dicho, pero necesitaré un buen rato. ¡Cuatro horas por lo menos!

Entonces mi padre, que seguramente seguía igual de enfadado que antes, pero yo esperaba que ya no estuviera tan rojo, porque eso no puede ser bueno para nadie (ese también podría ser un buen EXPERIMENTO, descubrir todo lo rojo se puede poner mi padre antes de ponerse malo), ha dicho:

Papá: Muy bien, hija. Así me gusta, que vayas por buen camino.

Casi se me escapa la risa.

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Vale. He conseguido cuatro horas para mí... ¿Y ahora?

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