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CAPACITACIóN EMOCIONAL PARA LA FAMILIA

Maritchu Seitún  

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Fragmento

No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros,

y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se esconda y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma

aún hay vida en tus sueños,

porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,

porque no hay heridas que no cure el tiempo,

abrir las puertas, quitar los cerrojos,

abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,

recuperar la risa, ensayar el canto,

bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo,

celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque cada día es un comienzo nuevo,

porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás sola, porque yo te quiero.

Mario Benedetti

PRÓLOGO

Cuando empecé a pensar el tema de este segundo libro elegí, sin dudar un instante, la capacitación emocional. Nombre difícil para una habilidad humana, que conocemos y simplemente tenemos que recordar y practicar.

La capacitación emocional nos permite estar cómodos con nuestra persona entera, integrados con todos nuestros ‘personajes’ internos: los que nos encantan y nos enorgullecen, los que nos asustan, los que nos entusiasman, los que nos avergüenzan, los que nos hacen sentir culpables, los que podemos dominar y los que no, los que se conectan con la tristeza, con el miedo, con el enojo, ¡y los que evitan hacerlo! Así podremos conocer y aceptar aquello que emerge de nuestro mundo interno a modo de poder elegir y modular nuestras respuestas, con el conocimiento y la energía que aflora libremente, sin el freno de mecanismos de defensa innecesarios, con toda nuestra energía disponible, sin trabas, para vivir y para enseñarles a nuestros hijos a hacer lo mismo. De este modo, tener conocidas y disponibles una amplia gama de emociones nos ayudará a la hora de tomar buenas decisiones, aprender, relacionarnos y vivir mejor.

Antes de continuar quiero que sepan que este libro, como lo es Criar hijos confiados, motivados y seguros está pensado para acompañar y asesorar a los padres en la crianza de sus hijos, pero para ello –al tratarse de capacitación emocional– también se sentirán invitados a pensar en sus propias emociones, temores y fantasías, y a buscar en sus propios rincones aquello que los hizo sentirse débiles o fuertes en su infancia y también en su vida de adultos. Porque: ¿puedo pensar a mi hijo feliz y en armonía consigo mismo y con su entorno si yo como padre no me siento así? Creo que no.

Dediqué una buena parte de mis últimos treinta años a escuchar a padres y a ver el desarrollo y el crecimiento de sus hijos en los momentos en que ellos me abrieron las puertas de sus mundos privados. Una de las conclusiones certeras a las que me hizo llegar aquella escucha es que además de involucrarse y recibir consejos, los papás necesitan volver sobre sus pasos y repensar sus propias capacidades, para poder, desde ese lugar, pensar a sus hijos y a su núcleo familiar.

Por todo esto centré el libro en tres ejes fundamentales. Al comienzo veremos de qué se trata la capacitación y por qué hoy nos ocupamos de ella, por qué es tan importante abrir esa caja de Pandora y dejar salir las miserias junto a los dones, de modo que se quede con nosotros la esperanza, que de otro modo no conoceríamos; y ¡cómo nos sostienen la esperanza y la confianza en los momentos difíciles!

En la segunda parte, con muchos ejemplos, recorreremos el camino de la capacitación emocional, aprenderemos a hacer este proceso para nosotros mismos y para nuestros hijos, descubriremos el valor de las emociones como señales que nos orientan en el camino. Abriremos huellas y caminos nuevos que nos permitan descubrir paisajes y territorios desconocidos, nuevas modalidades de ser, de decir y de hacer. Nuevas por desconocidas o por olvidadas, porque en realidad son tan viejas como el hombre mismo, pero a muchas de ellas las teníamos guardadas bajo siete llaves: por sentirlas peligrosas, rechazables, tontas, atemorizantes, intolerables, vergonzantes, etcétera.

La tercera parte es un diccionario, inevitablemente incompleto, de las emociones que suelen dar más trabajo.

Este libro puede abordarse de muchas formas, se puede leer de principio a fin o salteando, eligiendo, según intereses personales. Personalmente yo sugiero empezar por las dos primeras partes, ‘de un tirón’, y tomarse un tiempo para ir viendo la tercera, de a una emoción por vez, leyéndolas en el orden en que nos vayan interesando, dando tiempo al procesamiento de cada una y a su integración con nuestras ideas personales. Muchos de esos apartados tienen un enorme caudal de contenido esbozado en pocas páginas (lo mismo ocurre en la segunda parte con “El duelo”). Elegí, para no escribir una enciclopedia pesada y tediosa de las emociones, redactar apartados cortos delineando una gran cantidad de conceptos que, a partir de allí, podremos seguir pensando, investigando, buscando.

A esta altura no puedo negar que esa es mi forma de escribir ya que mi libro anterior tiene el mismo estilo: mucho contenido por página y si uno lo lee rápido y de corrido una buena parte de ese contenido se pierde, no porque sea difícil sino por la cantidad de información que incluye.

Las siguientes son dos aclaraciones fundamentales para leer este libro:

Desde que empecé a escribir busco una opción para nombrar a padres e hijos sin distinción de género, pero nuestra lengua castellana lo dificulta. En inglés y en francés existe la palabra parent como genérico de padre y madre; y child o enfant para hijo/a pequeño/a. ¡Tan simple! Dado que esta es mi lengua madre, y no encuentro términos equivalentes, decidí usar padre o padres como genéricos (equivalente a parent); y papá o mamá cuando quiero hablar del progenitor varón o mujer. En el mismo sentido, elijo hijos, niños, chicos, o simplemente él, como genéricos (equivalentes a child o enfant), y varón y mujer cuando quiero aclarar el sexo. A lo largo del libro hago muchos comentarios, reflexiones y recomendaciones a las mamás, la mayoría de ellas son igualmente válidas para los papás (cuando ejercen una función que hace unos años habríamos llamado materna); al compartir hoy ambos padres la crianza, los psicólogos vamos a tener que revisar estos conceptos de función materna a paterna, aunque primero tienen que pasar unos cuantos años de este nuevo esquema de familia. Por el momento les pido disculpas a los papás y les pido que sepan que también les hablo a ellos en la mayoría de los casos en que digo mamá. Decidí dejarlo así porque sería muy repetitivo recordarlo en cada oportunidad.

Gracias por dejarme formar parte de sus familias a través de mis libros, y gracias por dejarme participar de este gran desafío que es criar a nuestros hijos.

MARITCHU SEITÚN DE CHAS

INTRODUCCIÓN

Bajando por los rápidos

Capacitarnos emocionalmente implica, a la larga, hacer menos esfuerzos y menos fuerza para educar a nuestros chicos. Este estilo de paternidad se parece mucho a hacer rafting por un río de montaña, vamos acompañando la corriente con nuestros remos, aprendemos y les enseñamos a nuestros hijos a esquivar las piedras y los remolinos. Los orientamos de modo que no se queden en el camino, y salgan antes de tiempo de la corriente que los impulsa. Así todos llegamos al final del viaje, quizás con algún chapuzón o una parada inesperada; confiamos en nosotros, en la balsa, en los chicos y en el río que nos lleva. No los autorizamos a hacer rafting en rápidos que superen su capacidad, ni sólo permitimos recorridos tan fáciles que les ofrezcan muy poco para aprender y no les resulten desafíos. Nuestra tarea de padres no es llevarlos hacia arriba contra la corriente (como podría intentar a veces un progenitor autoritario)

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