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CHICAS EN NY (EDICIóN ACTUALIZADA)

Andy Clar  

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Fragmento

por Nora Schiavoni

Compartir experiencias, información, secretos, maneras de hacer más fácil y mejor las cosas es algo que las mujeres hacemos todo el tiempo. Siempre que no sabemos algo recurrimos a la experta en la materia de nuestro grupo de amigas o conocidas. ¡Y por supuesto que la llamamos y nos brinda todo su know-how! Es código entre chicas.

Las cenas de mujeres, los cumpleaños, los grupos de Whatsapp, todo es una fuente de acopio de información, esa que nos damos con total detalle para que salga a la perfección. Así sabemos desde qué serie mirar y cómo bajarla, cómo posicionar mejor nuestro emprendimiento y cómo organizar un festejo de cumpleaños en tres días, hasta dónde conseguir unos buenos zapatos de fiesta.

Andy Clar —y su blog Chicas en NY— se convirtió para nosotras, las mujeres, en esa amigaza que no sólo tiene el dato exacto de la Gran Manzana —algo que tal vez encontremos leyendo muchas guías— sino en la amiga que te dice: “Andá, animate, disfrutá. New York todo lo-cura. Yo te ayudo, te digo cómo, te acompaño y te muestro cómo hacerlo sola”. ¿Quién no quiere una amiga así?

Recibe antes que nadie historias como ésta

En estos años conocí a miles de mujeres emprendedoras y creativas, pero nunca a una mujer tan apasionada y multifacética como Andy Clar. Artista plástica, cantante, creativa de una agencia publicitaria, decoradora innata, sibarita, franca, positiva, remadora y sensible. Andy no dice “nada es imposible”. Dice “todo se puede”. Y esa sutil diferencia la viste y la grafica. Porque “todo se puede” implica que hay un tiempo, un trabajo, una manera, una constancia, una pasión.

La primera vez que fui a NY lo hice con Andy. No la conocía mucho, ya que era amiga de mi hermana, pero parecía tenerla clara. Y sí, Andy la tenía muy clara. No sólo sobre la ciudad, sino en cuanto a volver a ser niñas que se atreven a curiosear y jugar, y también a ser un poco adolescentes que se divierten y se enamoran de la vida. Por supuesto, nos hicimos muy amigas. Un día me dijo “voy a hacer un blog con toda la información que tengo, porque estoy cansada de pasar el archivo con consejos; ya es un lío”. Siendo una mujer para quien lo estético, lo práctico y lo rápido son su columna vertebral, en menos de un año armó un blog que te permite viajar con sólo leerlo. Abarca todas las áreas de interés, desde lo más fashion hasta lo más rockero, de una punta a la otra de la isla de Manhattan, pero básicamente muestra lo que ella ve, siente y trae de NY. Y no hablo de cosas, sino de ese espíritu de “todo se puede” que inspiró y alimentó el fuego del deseo de muchísimas mujeres.

Ver lo que logró desde ese archivo que se llamaba “NY DxD” (New York día por día), que todavía tengo en mi computadora, es increíble. Si no lo hubiera visto de cerca no habría creído que fuera tan genuino, que nació sencillamente de querer compartir y así hacer más próxima y asible la ciudad más glamorosa, ecléctica y cosmopolita del mundo; tan cosmopolita que en NY Mafalda y Betty Boop serían roommates.

Sin saberlo (doy fe) abrió las puertas y les habilitó el camino a miles de mujeres, independientes y autónomas, que viajamos por primera o décima vez, para experimentar la ciudad metiéndonos en las cocinas y oliendo los ingredientes, ingresando a los ateliers y mezclando los colores, sumergiéndonos en los talleres de costura y tocando las telas que envolverán sueños de estrellas, o disfrutando en una terraza donde se mezclan los sonidos de un nuevo DJ. Este libro no es sencillamente una guía de New York. Tampoco es una guía de New York sólo para mujeres. Es la invitación a expandir los sentidos, meter las narices, abrir grandes los ojos, respirar profundo, tocar el brillo, dejarse llevar por el juego y subirse a todo: a un carrusel, a una limousine, al Empire State o a unos tacos de doce centímetros.

Chicas en NY es el mapa de ruta que siguió nuestra “chica NY”, Andy Clar, en busca del tesoro mejor guardado de la ciudad, y que hoy revela a sus amigas en este hermoso libro.

Julieta Pink
locutora y conductora de radio @_gordaconhelado

Andy es una mezcla de gran anfitriona, amiga de la infancia, madre copada y compañera de banco. Y no exagero. No la conocía cuando nos juntamos a tomar una gaseosa y a hablar del proyecto Chicas en New York TV.

¿Te parece? ¿Viajar? ¿Con un bebé chiquito? Por suerte le hice caso y me subí a la ola. Al llegar, todo fue una sorpresa tras otra, pero no me refiero solamente a lo que se vio en las imágenes… ¡Me sorprendió tanto la ciudad como esta mujer! No hubo tiempos muertos. Mientras el equipo preparaba todo para grabar, ella me contaba secretos, historias y tiraba datos sin parar. Me maquilló en la calle cuando me vio un poco ojerosa, le cantó canciones a mi hijo mientras viajábamos en combi, me regaló un disco de la banda de Woody Allen, y así podría seguir un rato largo detallando momentos.

Uno de los días que grabamos su programa en el Central Park, justo antes de subirnos a un mateo le digo: “Andy, tendría que hacer pis, ¿qué decís?”. Me agarra de la mano y me dice: “¡Vamos!”. Cruzamos la calle Central Park South y me dice: “Vamos a ir al hotel de Mi pobre angelito”. Ella sabía que esa película para mí es tan especial como El padrino. Mi cara se transformó en la de una nena de doce años. Me llevó a un subsuelo que tiene el hotel donde hay un patio de comidas inmenso, lo recorrimos, nos sacamos fotos, nos reímos como locas, y finalmente volvimos al set.


New York es cosmopolita, versátil, innovadora, creativa. NY me inspira, es mi cable a tierra, me conecta y desconecta a la vez. Llegás a ella y es tan avasallante que a veces simplemente te deja sin palabras. Y te dejás llevar por una fuerza que te mueve aunque no entendés bien hacia dónde ni por qué, pero te lleva hacia una nueva experiencia. Hiciste de todo: caminata, museo, barcito, miles de fotos, y siempre terminás el día con un puñado de imágenes mezcladas y una bolsita con compras en la mano.

New York es arte, moda, tendencia, cine. Audrey Hepburn, Jackie Kennedy, Madonna, Marilyn Monroe, Sarah Jessica Parker, Diane Keaton y tantas otras, algunas ni siquiera New Yorkers pero igualmente icónicas en el inconsciente colectivo femenino. Incluso la primera persona en cruzar el Brooklyn Bridge caminando fue una mujer, Emily Roebling (directora de las obras del puente luego de que su marido, el ingeniero a cargo, se enfermara). Lo hizo portando un gallo en señal de victoria.

New York siempre te despide con anhelo. Cuando regresás a casa, aunque el viaje haya sido alucinante, empezás a descubrir todo lo que no hiciste, aquello que te habría gustado hacer y para lo que no te alcanzó el tiempo. Porque nunca alcanza, la ciudad siempre tiene más y más para dar. New York es insaciable e incansable, y para disfrutarla a pleno sólo tenés que estar dispuesta a devorarte la Gran Manzana. Te aseguro que te dejará exhausta pero llena de energía. Yo tomé esa decisión el primer día de mi primera estadía en la ciudad.

Recuerdo estar mirando por la ventana del piso 15 del departamento que había alquilado por diez días, en pleno Midtown, y pensar “¿por qué no quise venir antes?”. Me sorprendió, no tenía muchas expectativas y me cautivó. Me hizo acordar de imágenes del cine que tenía grabadas en la memoria. Y ahora yo estaba ahí.

Amo viajar y tuve la suerte de conocer varias ciudades del mundo. Pero NY tiene una magia que te hace sentir que vas a volver. Y lo hice, volví muchas veces. Algunas por trabajo, otras por placer, con pareja, con amigas, con familia, pero siempre en busca de nuevas experiencias, nuevos lugares y nuevos sabores. Y siempre la vi y la viví distinta.

¿Por qué Chicas en New York?

Toda mi vida había soñado con ser mamá y estaba pasando por un momento muy triste: había perdido un embarazo muy buscado. En una reunión con dos amigas surgió la idea de viajar a NY. Me encantó. Laura, arquitecta, con ojo clínico para detectar la belleza de la ciudad, tranquila, dulce, generosa. Nora, su hermana, actriz, taquígrafa del Congreso y standupera, malhumorada, creativa y más buena que nadie. Así partimos. Con esta fusión de estilos, listas para reírnos sin parar y dejar por unos días las obligaciones de la casa, los niños, el trabajo y, en mi caso, la tristeza por la pérdida del embarazo.

Encaramos el viaje súper relajadas, con un archivo de Word desprolijo que yo había escrito lleno de ideas, recorridos y lugares a descubrir. En esos días nos reímos mucho, nos conectamos entre nosotras y con la ciudad, caminamos durante horas sin parar. Nos pasábamos tanto tiempo dentro del MoMA como en una tienda del SoHo, donde nos probábamos mil cosas sin obligaciones ni apuro. Recuerdo volver al hotel a la noche y acostarnos las tres en la cama con las piernas en alto apoyadas en el respaldo, parloteando sin parar.

En ese momento me di cuenta de que un proyecto estaba por nacer. Tengo la capacidad de abrir puertas desde lo inesperado, de convertir lo negativo en positivo. Y lo estaba haciendo una vez más. Quizá fue el accidente que viví cuando tenía veintitrés años, en el que un colectivo pasó literalmente sobre mis piernas y me dejó un año sin poder caminar, con el peor pronóstico. Entonces saqué hasta las últimas fuerzas que había en mí para recuperarme. Aprendí a valorar las cosas más simples, a descifrar la luz entre la niebla, a tener paciencia en la impaciencia y, sobre todo, a volver a caminar. Esa experiencia me marcó y terminó de formar mi personalidad.

Al regreso de ese viaje de amigas, comencé a escribir el blog Chicas en NY de manera muy informal. Fue en honor a esa experiencia inolvidable, compartiendo tips, secretos y lugares poco habituales. El final feliz fue que también quedé embarazada de mi hijo Eliseo. El proyecto fue gestado al mismo tiempo que mi bebé, ¡y hoy crecen felizmente los dos!

Desde entonces, ¡siempre digo que New York es todo locura y todo lo-cura!

Y todo comenzó...

Comencé escribiendo el blog en 2011 para mis amigas, que siempre me pedían consejos a la hora de viajar. Querían saber de lugares diferentes, esos que no aparecen en las guías tradicionales. Enviaba tantos emails desprolijos que decidí volcar todo lo que sabía sobre la ciudad en un blog, sin saber siquiera cómo se hacía.

Aprendí sobre la marcha, mientras crecía cada vez más la cantidad de lectoras. Sólo habían pasado tres meses cuando me di cuenta de que eran más de treinta mil las mujeres que lo visitaban, y decidí abrir una fan page. Con Facebook llegaron la comunicación más fluida, las preguntas constantes, las sugerencias, los mensajes de aliento y mucho cariño. A pedido de las lectoras comenzaron a existir los viajes de mujeres de CNY y la #ExperienciaCNY.

Al principio me negaba ante la mínima posibilidad de hacerlos realidad. Pero un día me escribió un hombre que tenía una agencia de turismo y me contó que gracias a su mujer, que había dejado abierta la página de Chicas en NY en la computadora de su casa, me conoció. Y al ver tantas mujeres interesadas en viajar conmigo, decidió convocarme a una reunión. Así comenzaron los viajes, en los que una agencia se encarga de todas las formalidades y logística, mientras yo delineo la #ExperienciaCNY, encargándome de lo lúdico. Esto genera un plus, un viaje único e irrepetible, y le da un verdadero diferencial. Busco y diseño experiencias, investigo lugares, personajes que puedan sumar, salidas especiales, encuentros, fiestas... Y hago hasta lo imposible por armar un grupo que lo disfrute.

Así como cuando me recuperaba de mi accidente decidí mudarme sola aun sin poder caminar, porque creía que era la única forma de salir adelante, decidí escribir el blog sin saber cómo hacerlo. Así como armaba una fila de sillas que iba del baño al cuarto y del cuarto a la cocina para poder avanzar de a un paso y sentarme, decidí organizar los viajes que pedían las lectoras, cada vez con grupos más grandes. Así como un día salí sola por primera vez a la calle con muletas, accedí a una nota para un programa de una radio muy famosa, sin tener idea de cuánta gente lo escucharía.

Pinto y dibujo desde que respiro. Nací entre los pinceles y el aroma a óleos que había en mi casa. Actualmente trabajo como directora general creativa en :aschen, la agencia de publicidad que fundamos con Sebas, el amor de mi vida y padre de mi hijo Eliseo, hace doce años en un pequeño departamento de Olivos. Después de muchos años de pasión, hoy trabajamos en Palermo, el polo audiovisual de la ciudad, manejando cuentas de importantes multinacionales con la inversión más grande que uno puede hacer: amor + trabajo + paciencia.

Sebas es fuerte y sensible a la vez, orgulloso y apasionado, y es quien más incentiva mi pasión alocada por las cosas, mis ganas de crear y crecer. En el trabajo es mi socio y mi jefe, pero también es mi amante, mi compañero, mi amigo incondicional y mi confidente.

Me caracterizo por descubrir esas cosas que no se ven a simple vista. Debe de ser un poco por mi espíritu creativo, que heredé de mi mamá. Recuerdo que no había un peso en casa, pero ella lo hacía ver todo bello. Cocinaba una tarta con los pocos ingredientes que tenía y los tres huevos que me mandaba a comprar al almacén de la esquina, pero la coronaba con una rosa corpórea, hecha pétalo por pétalo con la propia masa casera. Así transformaba la sencilla tarta en una obra de arte comestible. Ése fue mi ejemplo desde niña.

Yo también estoy siempre en busca de algo diferente, que se destaque en sutilezas y transmita algo más de lo que dice. Y eso mismo hago con NY. La desmenuzo, le busco su lado más positivo, simple y sutil, eso que hace que cada momento que vivamos en ella sea único, y que, además de su ego infinito e imponente, vivamos los microdetalles que la harán nuestra.

Con el tiempo, el blog se transformó en un boom. Hoy me encuentro organizando varios viajes al año con las lectoras, asistiendo a programas de televisión, dando notas de tres páginas en revistas femeninas y hasta un programa disponible online: Chicas en New York TV. Sorprendida, ilusionada, convencida cada vez más de que casi todo es posible.

Hoy son más de dos millones y medio de lectoras las que siguen el blog, y más de 300.000 las mujeres que forman parte de la fan page. Todas me llenan de alegría y entusiasmo, y del valor necesario para que toda esta locura sea posible.

¿Por qué sólo chicas?

Muchos me preguntan “¿por qué sólo chicas?”. Siento que las mujeres tenemos una forma diferente de vivir las cosas. Ni mejor ni peor, pero con un código que nos une y nos hace cómplices de aventuras. Podemos tomar un trago con una desconocida una noche en New York y al ratito ya estamos contándonos la historia de nuestras vidas...

La calidad humana que se genera en los grupos con los que viajamos es una pieza fundamental para que la experiencia sea como la soñamos. Kari, a quien conozco desde hace más de veinte años, es mi mano derecha, socióloga, puntillosa, obsesiva e intuitiva. Ella analiza cada uno de los formularios que las chicas completan para formar parte del viaje. Juntas trabajamos duro en armar las duplas de quienes quieren compartir habitación y aún no se conocen. Es una gran responsabilidad, y buscamos compatibilizar y equilibrar para que cada una cumpla un rol fundamental y único dentro del grupo. Ahí está la magia que hace que se generen grandes amistades.

Cuando las mujeres regresan de un viaje con CNY, ya no sólo son compañeras de viaje sino confidentes, cómplices de aventuras y hasta amigas inseparables. Ésta es la parte que más amo de este proyecto. Me emociona verlas, tiempo después de regresar, saliendo juntas, armando planes u organizando viajes a otros destinos.

El blog lo leen chicas que conocen la ciudad, algunas que están por viajar y otras que nunca lo hicieron y sueñan con poder lograrlo alguna vez. Chicas en NY es una red de contactos. No es un viaje, no es un blog, no es un club: es un fenómeno social, un lugar de conexión que se alimenta entre mujeres, en donde no importan la edad, las creencias políticas o religiosas, el estilo o el nivel socioeconómico. Las unen los sueños y su pasión por la ciudad.

¿Se imaginan a un hombre viajando a NY con un grupo de desconocidos, en busca de su traje de boda? Hay cosas que sólo son para chicas.

Leé esta guía.

Marcá con lápiz las cosas que más te interesan.

Anotalas en el cuadro final del libro.

Buscá, según los títulos, el estilo de viaje que querés hacer (con amigas, en pareja, con hijos, de bajo presupuesto, etc.).

Los textos que llevan son anécdotas de otras mujeres que te ayudarán a conocer la ciudad desde diferentes puntos de vista.

Súper tip!!!

Bajate la app gratis Google Maps    

Armá un mapa con tus sitios favoritos (es muy simple) y cargá las direcciones de los lugares que vas eligiendo en la guía.

Cuando llegues a NY, podrás usar el mapa sin necesidad de acceso a internet. Va a ser tu propio mapa con tus gustos y referencias. Esto te va a ayudar a ubicarte y ubicarlos según la zona, y te va a guiar de un lugar a otro como un GPS.

Además!!!

Seguí las redes sociales de Chicas en NY, para mantenerte actualizada durante el día a día de tu viaje, con más y nuevas ideas.

Si sos de las que viajan por primera vez y te interesan los puntos turísticos tradicionales, vas a tener que leer una típica guía tradicional antes que ésta. Acá vas a encontrar la manera de conocer la ciudad desde otro punto de vista.

Y te aseguro que no te vas a perder nada, y al regreso, cuando tus amigas te pregunten qué hiciste, vas a dejarlas a todas con la boca abierta. “¿En serio en tu primer viaje hiciste todo eso?”

Si sos de las que ya conocen y quieren vivirla de otro modo, esta guía será tu salvación. No vas a encontrar sugerencias habituales, pero sí divertidas, originales y sobre todo prácticas. Tips para que disfrutes a pleno de todo lo que New York tiene para darte, según la ocasión, el momento, el clima o la compañía. Y te aseguro que la mucha información que podrías encontrar en una guía tradicional no te ayudará a tomar las decisiones de cuáles serán las mejores opciones según tu situación en la ciudad.

En general, esas guías ofrecen una especie de listados de todo lo que “hay que hacer”. No es el caso de este libro. Ojo, son muy útiles. Yo leí muchas, muchísimas, y caminé miles de cuadras para llegar hasta acá. Fui a veintitrés lugares que estaban cerrados, llegué seis veces a museos distintos el día que no abrían, subí a la Estatua de la Libertad, una vez me equivoqué comprando el Travel Pass, subí seis veces al Empire State en distintos horarios y siete al Top of the Rock. Tomé más de cien cafés y tés, tal vez la misma cantidad de aperitivos, y descarté tanto de cada guía, que no podrías creerlo.

Seleccioné los lugares uno por uno, basados en mi experiencia y pensando en las distintas oportunidades de visita. Un típico ejemplo de las guías comunes es: “Tenés que subir a la Estatua de la Libertad”. Pero nadie te dice que te lleva casi un día entero ni que tenés que subir por escaleras eternas donde sólo entra una persona, y que tampoco te podés quedar arriba contemplando el paisaje, como en el Empire State. Desde la señorita Libertad la visión es minúscula, y nada menos libre que llegar a su corona empujada por un contingente impaciente que no te permite descansar ni unos minutos en la cima, ya que sólo hay un par de metros y un techo tan bajo que se llega casi agachado. Hay que volver a bajar enseguida, para dejar paso a aquellos que te apuraban. Ni hablar si sufrís de claustrofobia: querrás tirarte por la melena de nuestra amiga gigante después de haber hecho una cola interminable. Pero mi guía sólo decía: “Subir a la Estatua de la Libertad”, y yo lo hice.

Por eso esta guía está pensada desde la visión femenina. Buscando detalles sobre cómo hacer para vivir los matices de NY a pleno, optimizando tiempos y recursos, e incluso explicando cómo arreglártelas para disfrutar de la noche sin tener que volver al hotel a cambiarte. Esas cosas en las que los hombres habitualmente no piensan, porque para ellos no existe la variante taco alto-taco bajo. O cómo sorprender a tu amor con una estadía romántica, qué hacer si encaraste el viaje con chicos, o con amigas, o qué hacer en Año Nuevo sin necesidad de quedarte congelada durante seis horas en Times Square esperando ver bajar la bola ya que, desde donde estás, seguramente era lo mismo verla en la tele. Y hasta vas a encontrar un capítulo entero sobre la temática foodie, ¡dónde comer en cada ocasión es todo un tema! A mí me encanta conocer la ciudad desde sus mesas. Ahí conozco gente, costumbres, sabores y aromas inolvidables, y es donde siento que se afirman las experiencias diarias.

Y, también, una particularidad de esta guía son las anécdotas de muchas invitadas, que nos cuentan su visión de la ciudad. Qué mejor forma de saber sobre un lugar que con el relato de una amiga, con las vivencias, emociones y sensaciones de alguien como vos. Mujeres que conocieron la ciudad y les dejó una huella, un detalle, un tip o una historia fantástica que guardarán para toda la vida. De esas que hoy nos ayudan a nosotras, a vos y a mí, a conocer un poquito más de la increíble New York.

Elisa Insúa
artista plástica @elisainsua

Yo había visitado New York varias veces de chica. Había subido a las Torres Gemelas comiendo algodón de azúcar, había visitado la Estatua de la Libertad y conocía los puntos más icónicos de la ciudad. Pero hubo una visita que fue especial: a los veinte años viajé un mes con Juana, mi mejor amiga. Fue un viaje absolutamente revelador. Ahí logré capturar la esencia de la ciudad, su dinamismo y energía. Nos dejamos llevar por la gente que conocíamos y así llegamos a los rincones más mágicos de la Gran Manzana. Lo que esa ciudad libre y cosmopolita nos estaba diciendo era que allí cualquier cosa era posible, y cualquier sueño que tuviéramos podía materializarse.

Lo que más me gusta de New York es la libertad que (como anuncia su famosa estatua) se respira en el aire de la ciudad. La gente viste los atuendos más extravagantes, los artistas crean las obras más fantásticas y ambiciosas, y la música que se escucha tanto en bares como en la calle o el subte te hace vibrar. La gente vive el arte de forma desprejuiciada, y eso se traduce en una ciudad de avasallante inspiración.

En New York siento que no hay límites. El clásico sueño americano se hace absolutamente palpable. Quienes están allí están por algo —fueron a buscar algo, a crear algo, a conseguir algo—. Cada uno fue a lograr su sueño, y allí es donde los sueños se cumplen. Las oportunidades se respiran en el aire, uno siente que nada es imposible, que todo puede suceder, y que la próxima persona con la que hable en un bar puede ser la que cambie nuestra vida por completo.


Daniela Allerbon
editora y gestora cultural

No conozco New York. Nunca pisé esa ciudad. Pero forma parte de mi cabeza desde hace mucho tiempo. El Central Park, la Torre Chrysler, el Empire State, Times Square en Año Nuevo, los taxis amarillos imposibles de conseguir, el árbol de Navidad del Rockefeller Center, las escaleras por fuera de los edificios. Estoy llena de esas imágenes, cada una empaquetada en un libro, una foto, en una serie o una película. Y en los relatos de los amigos que la visitaron o que vivieron ahí. Es la New York que hay en mi cabeza, que algún día se enfrentará con la real.

Pero ninguna gran ciudad es del todo real la primera vez que se la visita. La emoción de constatar que todo eso que vimos no era parte de nuestra imaginación nubla todas las primeras impresiones, las agranda y las comprime. Esa comparación constante, inevitable, entre todo lo que vimos y escuchamos contra esa ciudad de cemento y personas, nos mantiene alertas.

New York es una ciudad potente y contradictoria: Nick Carraway, el protagonista de El gran Gatsby de Scott Fitzgerald, dice mientras maneja su auto hacia Manhattan: “En esta ciudad todo es posible… realmente todo”. Woody Allen, al comienzo de Manhattan, sostiene: “Era tan duro y romántico como la ciudad que amaba”. Una ciudad que alberga lo mejor y lo peor, algo que precisamente la vuelve tan intensa, despierta, salvaje y civilizada.

Miles de películas la proyectan: las que terminan al amanecer, al lado del río Hudson, cuando el amor triunfa o ya no hay nada que hacer ni decir, las que hablan de la ciudad obsesionada con hacer plata y nos muestran un primer plano de la escultura del toro de Wall Street como una declaración de principios.

Desde la 5th Avenue de Breakfast at Tiffany’s hasta la Little Italy de El padrino. Desde el Madison Square Garden de Toro salvaje hasta el Br ...