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COCTELERíA CLáSICA Y MODERNA

The Harrison Speakeasy  

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Fragmento

Prólogo

Por Simone Caporale*

Tuve la oportunidad de visitar muchos países a lo largo de mi carrera de bartender. En este tipo de viajes, siempre surgen constantes cambios en la planificación técnica, entre otras cuestiones, porque los sabores de cada región son muy diferentes. Sin embargo, uno tiene que concentrarse para estar

en todo y hacer un trabajo profesional, sin importar el bar que visite ni el lugar del mundo donde esté.

Hace unos años, tuve la suerte de viajar a la Argentina, el primer país que conocí de América Latina,

y aunque me encontraba a doce mil kilómetros de mi hogar, cuando entré al bar Nicky Harrison enseguida me sentí como en casa. Comprobé que estar detrás de esa barra hace sentir a cada bartender en su hábitat natural.

No todas las barras que he visitado han sido especiales. La de Nicky Harrison para mí tampoco es especial, sino única. Experimentar la atmósfera que se respira, la curiosidad, la calidez del equipo de trabajo y de los clientes fue un momento de mi carrera que jamás olvidaré.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Por eso recomiendo este libro, ideal para las personas que quieran acercarse a la coctelería clásica, así como también para bartenders experimentados y ávidos de nuevas técnicas.

Salute! Simone

*Dirigió durante cinco años la barra del Artesian Bar at The Langham Hotel (Londres), premiado durante cuatro años consecutivos como el mejor bar del mundo. En 2014, fue distinguido como el Mejor Bartender Internacional en los Spirited Awards.

Actualmente lidera, junto a Alex Kratena, el Proyecto (P)OUR, una asociación de bartenders que se dedica a explorar nuevas ideas, compartir información e intercambiar conocimientos.

Prologue

By Simone Caporale*

I’ve had the opportunity to visit many countries over the course of my career as a bartender.

On these kind of trips, constant changes arise in the technical planning, among other logistical issues, mainly because flavors are very different from one region to the next. Nonetheless, a bartender must remain focused no matter what kind of bar or which region of the world they are in.

A few years ago, I had the good fortune to travel to Argentina, the first Latin American country I had ever visited. And although I found myself twelve thousand kilometers from where I lived, when I walked into Nicky Harrison I immediately felt at home. I then discovered that behind the Nicky Harrison bar every bartender feels as if they are in their natural habitat.

Not all of the bars I’ve visited have been special. And Nicky Harrison is not special either… it’s unique. The atmosphere, the curiosity, the warmth of the Nicky team and its clients, all coalesced into a moment I will never forget.

For these reasons I highly recommend this book—ideal both for people who want to
familiarize themselves with classic cocktails, as well as experienced bartenders who are avid seekers of new techniques.

Salute! Simone

*For five years, Simone Caporale was the head bartender at Artesian Bar at the Langham Hotel in London, recognized for four consecutive years as the World’s Best. In 2014, Simone was honored as the Best International Bartender at the Spirited Awards.

Together with Alex Kratena, Simone currently leads (P)OUR, an association of bartenders dedicated to exploring new ideas, sharing information and exchanging knowledge.

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HISTORIA

HISTORY

HISTORIA

HISTORY

A fines del siglo XIX, barcos repletos de inmigrantes ingleses anclaban en las costas de las ciudades más importantes de Estados Unidos. El principal punto de acceso era el puerto de Nueva York: se calcula que para el año 1890, casi diez millones de personas provenientes de distintas regiones de Europa habían arribado a la Gran Manzana. Entre ellas, los Harrison, familia que como tantas otras cruzó el Atlántico navegando más de quince días en busca de un horizonte de pan, trabajo y futuro.

En 1875, esta familia ya se había asentado en el norte de Manhattan, y tal como había hecho antes en Inglaterra, abrió una pescadería en 109 de la 78th Street, a la que bautizó The Harrison Fish & Co.

Los comienzos no fueron fáciles, pero al cabo de años de lucha el hijo varón, Charles Edward Harrison, consiguió transformar el pequeño negocio familiar en una empresa próspera. A esta altura, la pescadería era la más importante de la ciudad gracias a su red de distribución que llegaba hasta los rincones más remotos de Brooklyn, Newark y Nueva Jersey.

En 1901, Edward Harrison ya poseía más de una docena de locales. Era hora de darle pista a un ambicioso proyecto que lo obsesionaba: convertir el antiguo negocio de la calle 78 en el restaurante de pescados más relevante de NY. Lo bautizó “Nicky”, en honor al nacimiento de su cuarto hijo, Nicholas Harrison.

Junto con la bonanza económica llegó el ascenso social. Los Harrison comenzaron a frecuentar reuniones, bailes y otros eventos a los que asistían las personalidades más influyentes de Manhattan.

Debido a los contactos de Edward, casi de forma inmediata el restaurante tomó notoriedad en los circuitos selectos de la sociedad neoyorquina. Durante años fue cita obligada de grandes escritores, actores, políticos. Todo un espectro de celebrities se había hecho fan del lugar.

El tiempo pasó y el viejo Harrison comenzó a delegar las decisiones en sus hijos, quienes llevaban de manera formidable las finanzas y la expansión del negocio. Definitivamente, las cosas marchaban bien para esta familia que había llegado de Liverpool con una valija llena de sueños y los había cumplido en América. La vida iba sobre rieles, salvo el rumbo del hijo más pequeño… Nicky.

Su rebeldía frente a las normas le valía expulsiones en diferentes colegios, problemas menores con la policía, un embarazo no probado. Los incidentes se multiplicaban semana a semana. Como era de esperar, Nicky Harrison no siguió el camino de sus tres hermanos. Abandonó la universidad y se desligó de los negocios familiares. En 1919, fue detenido en Queens, acusado del incendio de un depósito de piezas de museo, aunque gracias a los contactos de su padre pudo salir en libertad.

El viejo Harrison, decepcionado y enojado con su hijo, lo obligó a trabajar para The Harrison Fish & Co. y le confirió trabajos de escasa importancia en el puerto de South Manhattan. Esa decisión que aparentemente ayudaría a encarrilar la vida de Nicky, terminó por torcerla para siempre, ya que fue en el puerto donde el joven comenzó a conocer un mundo tan inédito como acorde con su personalidad rebelde.

Allí eran moneda corriente los prostíbulos, las apuestas, los sobornos, el contrabando, y en ese universo marginal Nicky vio la posibilidad de hacer sus propios negocios. Sobre todo, porque enseguida hizo buenas migas con italoamericanos vinculados con la mafia que en los comienzos de la Ley Seca le sugirieron abrir un speakeasy bar detrás del restaurante de su padre.

La tentación era grande, a tal punto que Nicky convenció a su familia de tomar las riendas del restaurante de pescados con el argumento de que por fin iba a sentar cabeza. Tras meses de hacer “buena letra” puso manos a la obra. Acondicionó los depósitos y construyó entradas y salidas secretas.

The Harrison Speakeasy, el primer bar clandestino del norte de Nueva York, abrió en 1922 y en tiempo récord Nicky se consagró como referente de la venta de alcohol en la ciudad. Su bar fue visitado en la década del 20 por artistas, jueces, políticos y gangsters de la ciudad como Al Capone, Charles “Lucky” Luciano y Arnold Rothstein, entre otros “buenos muchachos”.

En 1929, luego de una larga persecución, Nicky fue vinculado con el arreglo de las finales de las World Series de Baseball pero finalmente fue condenado en 1930 por otro delito: apuestas ilegales.

No se sabe si la causa fue armada y tampoco se conoce su paradero luego de la cárcel.
Lo único cierto es que The Harrison Speakeasy sigue alimentando su leyenda y que la figura de Nicky Harrison no para de crecer.

At the end of the 19th Century, ships replete with English immigrants dropped anchor off the coast of the most important cities of the United States. The main access point was the port of New York City. Studies show that by 1890, almost 10 million people from different parts of Europe had arrived in the Big Apple. Among them was the Harrison family, who like so many other immigrants, crossed the Atlantic on a 15 day journey to find bread, work and a better future.

In 1875, the Harrison family had settled in northern Manhattan, and just like they did in England, they opened a fish shop at 109 West 78th Street, aptly named The Harrison Fish & Co.

After humble beginnings and years of struggle, Charles Edward Harrison, the eldest son, managed to transform the family fish store into a prosperous business—becoming the most important fish store in the city, with a massive distribution network extending to the far reaches of Brooklyn, New Jersey and Connecticut.

In 1901, Edward Harrison had more than a dozen commercial shops. It was time to give life to an ambitious obsession of his: transform the family fish shop on 78th Street into the most renowned fish restaurant in New York City. He called the restaurant “Nicky,” in honor of his fourth son, Nicholas Harrison.

During the economic boom of the early 1900’s the Harrison family underwent a social ascension. They began to frequent meetings, balls and other events where they rubbed shoulders with Manhattan’s elite.

Due to Edward’s growing contacts, almost immediately Nicky won notoriety as a premier restaurant among upper class New Yorkers. For years Nicky was a mandatory stop for writers, actors and politicians. A wide range of celebrities had become fans of this restaurant.

Over time Edward began delegating business decisions to his sons, who formidably managed the finances and expansion of the business. Without a doubt, everything was going well for the Harrison family, who had arrived from Liverpool with a bag full of dreams and had turned them into reality in America. Life was on track for everyone except for the youngest son… Nicky.

His rebellious attitude got him expelled from high schools around the city and added several minor run-ins with the police to his resume. Reports surfaced of an unconfirmed pregnancy as well.As expected, Nicky Harrison didn’t follow in the footsteps of his three older brothers. He dropped out of college and left the family business. In 1919, he was arrested in Queens, accused of setting fire to a warehouse containing museum collections. But thanks to his father’s contacts, Nicky walked free.

Edward Harrison, disappointed and angry with his son, forced him back to work at The Harrison Fish & Co., giving him unimportant tasks at the docks in South Manhattan. A decision that seemed like it would put Nicky’s life back on track ended up entangling him forever, since it was at the docks where young Nicky began to know a world as corrupted as his personality.

Brothels, gambling, bribes and contraband were common place at the docks, and Nicky saw the possibility of doing his own business in this marginal universe. He immediately became good friends with Italian-Americans linked to the Mafia who, at the beginning of Prohibition, suggested opening a Speakeasy behind his father’s restaurant.

Temptation was great, to the point that Nicky convinced his family that he should take the reins of the fish restaurant, arguing that he was finally going to settle down. After months of seamless work at the restaurant, Nicky got down to business. He outfitted the pantries and storage spaces, building secret entrances and exits.

The Harrison Speakeasy, first underground bar in northern New York City, opened in 1922, and in record time Nicky established himself as an authority for the illegal sale of alcohol in the city. In the 20’s, The Harrison Speakeasy hosted New York City’s artists, judges, politicians and gangsters like Al Capone, Charles “Lucky” Luciano and Arnold Rothstein, among other “goodfellas”.

In 1929, after a long chase, Nicky was caught and charged with rigging baseball’s World Series, but he was sentenced in 1930 for another crime: illegal gambling.

Whether or not Nicky was set up for this crime is unclear, and his whereabouts after his release from jail remain unknown. What we do know is that the legend of The Harrison Speakeasy continues to gr ...