Loading...

COLAPSO

Jared Diamond  

0


Fragmento

Agradecimientos

Reconozco con gratitud las grandes deudas que guardo con muchas personas por las aportaciones que han hecho a este libro. Con todos estos amigos y colegas compartí el placer y la emoción de explorar las ideas aquí expuestas.

Seis amigos que leyeron y criticaron el manuscrito completo obtuvieron una medalla especial al heroísmo: Julio Betancourt, Stewart Brand, mi esposa Marie Cohen, Paul Ehrlich, Alan Grinnell y Charles Redman. También merecen esa misma medalla al heroísmo, y mucho más, mis editores Wendy Wolf, de Penguin Group (Nueva York), y Stefan McGrath y Jon Turney, de Viking Penguin (Londres), y mis agentes John Brockman y Katinka Matson, que, además de leer el manuscrito entero, me ayudaron en miles de aspectos a dar forma a este libro desde que fue concebido inicialmente y a lo largo de todas las fases de su elaboración. Gretchen Daily, Larry Linden, Ivan Barkhorn y Bob Waterman leyeron y criticaron asimismo los últimos capítulos, dedicados al mundo actual.

Michelle Fisher-Casey transcribió todo el manuscrito muchas veces. Boratha Yeang localizó las referencias de los libros y artículos, Ruth Mandel consiguió las fotografías y Jeffrey Ward elaboró los mapas.

Presenté gran parte del material de este libro en dos cursos universitarios consecutivos en la Universidad de California en Los Ángeles, en la que imparto clases en el Departamento de Geografía. También impartí un curso básico en calidad de profesor visitante en un seminario de doctorado del Departamento de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Stanford. Cual voluntariosos conejillos de Indias, todos aquellos alumnos y colegas me brindaron nuevas y estimulantes perspectivas.

Han aparecido versiones iniciales de parte del material de siete capítulos en forma de artículos en la revista Discover, en el The New York Review of Books y en las revistas Harper’s y Nature. Concretamente, el capítulo 12 (dedicado a China) es una versión ampliada de un artículo que escribimos conjuntamente Jianguo (Jack) Liu y yo, el cual esbozó Jack y para el cual fue él quien recopiló la información.

También estoy agradecido a otros amigos y colegas en relación con cada uno de los capítulos. Ellos organizaron de muy diversas formas mis visitas a los países en los que vivían o desarrollaban sus investigaciones, me orientaron sobre el terreno, compartieron pacientemente conmigo su experiencia, me enviaron artículos y referencias, criticaron el borrador del capítulo o hicieron parte o todas estas cosas. Generosamente me dedicaron muchos días o semanas de su tiempo. Mi deuda con ellos es enorme. Son los siguientes para cada uno de los capítulos:

Capítulo 1. Allen Bjergo, Marshall, Tonia y Seth Bloom, Diane Boyd, John y Pat Cook, John Day, Gary Decker, John y Jill Eliel, Emil Erhardt, Stan Falkow, Bruce Farling, Roxa French, Hank Goetz, Pam Gouse, Roy Grant, Josette Hackett, Dick y Jack Hirschy, Tim y Trudy Huls, Bob Jirsa, Rick y Frankie Laible, Jack Losensky, Land Lindbergh, Joyce McDowell, Chris Miller, Chip Pigman, Harry Poett, Steve Powell, Jack Ward Thomas, Lucy Tompkins, Pat Vaughn, Marilyn Wildee y Vern y Maria Woolsey.

Capítulo 2. Jo Anne van Tilburg, Barry Rolett, Claudio Cristino, Sonia Haoa, Chris Stevenson, Edmundo Edwards, Catherine Orliac y Patricia Vargas.

Capítulo 3. Marshall Weisler.

Capítulo 4. Julio Betancourt, Jeff Dean, Eric Force, Gwinn Vivian y Steven LeBlanc.

Capítulo 5. David Webster, Michael Coe, Bill Turner, Mark Brenner, Richardson Gill y Richard Hansen.

Capítulo 6. Gunnar Karlsson, Orri Vésteinsson, Jesse Byock, Christian Keller, Thomas McGovern, Paul Buckland, Anthony Newton e Ian Simpson.

Capítulos 7 y 8. Christian Keller, Thomas McGovern, Jette Arneborg, Georg Nygaard y Richard Alley.

Capítulo 9. Simon Haberle, Patrick Kirch y Conrad Totman.

Capítulo 10. René Lemarchand, David Newbury, Jean-Philippe Platteau, James Robinson y Vincent Smith.

Capítulo 11. Andrés Ferrer Benzo, Walter Cordero, Richard Turits, Neici Zeller, Luis Arambilet, Mario Bonetti, Luis Carvajal, Roberto y Ángel Cassá, Carlos García, Raimondo Gonzalez, Roberto Rodríguez Mansfield, Eleuterio Martinez, Nestor Sanchez, padre, Nestor Sanchez, hijo, Ciprian Soler, Rafael Emilio Yunén, Steve Latta, James Robinson y John Terborgh.

Capítulo 12. Jianguo (Jack) Liu.

Capítulo 13. Tim Flannery, Alex Baynes, Patricia Feilman, Bill McIntosh, Pamela Parker, Harry Recher, Mike Young, Michael Archer, K. David Bishop, Graham Broughton, el senador Bob Brown, Judy Clark, Peter Copley, George Ganf, Peter Gell, Stefan Hajkowicz, Bob Hill, Nalini Klopf, David Paton, Marilyn Renfrew, Prue Tucker y Keith Walker.

Capítulo 14. Elinor Ostrom, Marco Janssen, Monique Borgerhoff Mulder, Jim Dewar y Michael Intrilligator.

Capítulo 15. Jim Kuipers, Bruce Farling, Scott Burns, Bruce Cabarle, Jason Clay, Ned Daly, Katherine Bostick, Ford Denison, Stephen D’Esposito, Francis Grant-Suttie, Toby Kiers, Katie Miller, Michael Ross y muchas personas pertenecientes al ámbito empresarial.

Capítulo 16. Rudy Drent, Kathryn Fuller, Terry Garcia, Francis Lanting, Richard Mott, Theunis Piersma, William Reilly y Russell Train.

Las siguientes personas e instituciones ofrecieron generosamente su apoyo para llevar a cabo estos estudios: Fundación W. Alton Jones, Jon Kannegaard, Michael Korney, Eve and Harvey Masonek and Samuel F. Heyman y Eve Gruber Heyman 1981 Trust Undergraduate Research Scholars Fund, Sandra McPeak, Fundación Alfred P. Sloan, Fundación Summit, Fundación Weeden y Fundación Winslow.

Prólogo

Historia de dos granjas

Dos granjas · Colapsos, pasado y presente · ¿Paraísos desaparecidos? · Un marco de cinco elementos · Las empresas y el medio ambiente · El método comparativo · Plan de la obra

Hace unos cuantos veranos visité dos granjas productoras de leche, la granja de los Huls y la granja de Gardar, que, pese a distar miles de kilómetros entre sí, se parecían asombrosamente en lo que las hacía fuertes y en sus puntos más vulnerables. Ambas eran con diferencia las granjas más grandes, prósperas y tecnológicamente avanzadas de sus zonas respectivas. En concreto, ambas giraban en torno a un establo de última generación para guarecer y ordeñar las vacas. Aquellas grandes estructuras, claramente divididas en dos hileras de pesebres enfrentados, eclipsaban a todos los demás establos de la zona. Ambas explotaciones dejaban que las vacas pastaran libremente durante el verano en exuberantes prados, cultivaban su propio heno para cosecharlo a finales del verano con el fin de alimentar a las vacas durante el invierno, e incrementaban su producción de pienso para el verano y de heno para el invierno regando sus campos de cultivo. Las dos granjas eran similares en extensión (unos pocos kilómetros cuadrados) y en cuanto al tamaño de los establos; aunque la de los Huls tenía algunas vacas más que la de Gardar (200 frente a 165). A los propietarios de ambas granjas se les consideraba personas destacadas en sus respectivas sociedades. Ambos eran profundamente religiosos. Las granjas estaban situadas en escenarios maravillosos que atraían a turistas desde muy lejos, con el trasfondo de altas montañas coronadas de nieve que desaguaban en arroyos repletos de peces y que descendían hacia un conocido río (en el caso de la granja de los Huls) o fiordo (en el caso de la granja de Gardar).

Estos eran los puntos fuertes de las dos granjas. En lo que se refería a los puntos débiles que compartían, ambas estaban situadas en zonas económicamente poco rentables para la producción de leche, debido a que la alta latitud norte en que se encontraban suponía que la estación veraniega en la que crecían el heno y los prados para pastar era corta. Así pues, dado que incluso en los años buenos el clima dejaba bastante que desear en comparación con el de las granjas lecheras situadas en latitudes más bajas, las granjas eran susceptibles de verse perjudicadas por las variaciones climáticas, y eran la sequía o el frío, respectivamente, las principales preocupaciones de las regiones en que se encontraban la granja de los Huls o la de Gardar. Ambas zonas estaban lejos de centros de población en los que pudieran comercializar sus productos, de modo que los costes y riesgos del transporte las situaban en desventaja comparativa con respecto a zonas situadas en una ubicación más central. Las economías de ambas granjas dependían de factores que escapaban al control de sus propietarios, como la desigual prosperidad y gusto de sus clientes y vecinos. A una escala mayor, la economía de los países en que se encontraban ambas granjas crecía o decrecía conforme aumentaban o desaparecían las amenazas de lejanas sociedades enemigas.

La mayor diferencia entre la granja de los Huls y la de Gardar reside en su condición actual. La granja de los Huls, una empresa familiar propiedad de cinco hermanos y sus cónyuges del valle de Bitterroot del estado de Montana, en el oeste de Estados Unidos, está prosperando, al tiempo que el condado de Ravalli, en el que se encuentra la granja de los Huls, alardea de contar con una de las tasas de crecimiento de población más altas de todos los condados estadounidenses. Tim, Trudy y Dan Huls, que son algunos de los propietarios de la granja, me guiaron personalmente en una visita a su nuevo establo de alta tecnología y me explicaron pacientemente los atractivos y las vicisitudes de la producción de leche en Montana. Resulta inconcebible que Estados Unidos en general y la granja de los Huls en particular se vengan abajo en un futuro previsible. Pero la granja de Gardar, antigua hacienda del obispo noruego del sudoeste de Groenlandia, fue abandonada hace aproximadamente quinientos años. La sociedad de la Groenlandia noruega[1] se vino abajo por completo: sus miles de habitantes murieron de hambre, en disturbios sociales o en guerras contra un enemigo, o emigraron hasta que no quedó nadie vivo. Aunque los sólidos muros de piedra del establo de Gardar y de la cercana catedral de Gardar se mantienen todavía en pie, hasta el punto de que pude contar uno a uno los pesebres, a fecha de hoy no queda ningún propietario que pueda explicarme los antiguos atractivos y vicisitudes de Gardar. Sin embargo, cuando la granja de Gardar y la Groenlandia noruega estaban en su momento cumbre, su declive parecía tan inconcebible como lo parece hoy día el declive de la granja de los Huls y de Estados Unidos.

Me explicaré: al esbozar estos paralelismos entre las dos granjas no estoy afirmando que la granja de los Huls y la sociedad estadounidense estén destinadas a desaparecer. En la actualidad, lo cierto es más bien lo contrario: la granja de los Huls se encuentra en proceso de expansión, las granjas vecinas están estudiando sus avanzadas innovaciones tecnológicas para adoptarlas y Estados Unidos es hoy día el país más poderoso del mundo. Tampoco estoy diciendo que las granjas o las sociedades en su conjunto propendan a desaparecer: mientras que algunas como Gardar ciertamente han desaparecido, otras han sobrevivido de forma ininterrumpida durante miles de años. Más bien, mis viajes a las granjas de los Huls y de Gardar, distantes entre sí miles de kilómetros pero visitadas en un mismo verano, me hicieron caer vivamente en la cuenta de que hasta las sociedades más ricas y tecnológicamente avanzadas se enfrentan hoy día a problemas medioambientales y económicos que no deberían subestimarse. Muchos de nuestros problemas son a grandes rasgos parecidos a los que acechaban a la granja de Gardar y la Groenlandia noruega, y son problemas que también se esforzaron por resolver muchas otras sociedades del pasado. Algunas de estas sociedades fracasaron (como la Groenlandia noruega) y otras triunfaron (como la japonesa y la de Tikopia). El pasado nos

Recibe antes que nadie historias como ésta