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COMPAñíA BOTáNICA

Meena Ferrea   Cecilia Bernard  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Una casa con plantas tiene vida propia. La experiencia de vivir con ellas no es solo estética. Las razones que nos llevan a tenerlas en casa son tantas y tan variadas como a quien le preguntemos.

Muchas veces no las buscamos, ellas nos eligen, llegan en forma de regalo, de gajos intercambiados con amigos, o nos sorprendemos buscando “esa planta” que nos recuerda a alguien muy querido. A otras las tenemos porque están de moda y, la mayor parte de las veces, por el deseo de reproducir en nuestras casas ese jardín con el que crecimos y esa sensación de hogar que solo ellas pueden dar.

En el proceso de aprendizaje muchas mueren y otras sobreviven, y así vamos aprendiendo casi intuitivamente a fuerza de prueba y error. Compramos libros, pedimos consejos, asistimos a clases de jardinería y un día nos damos cuenta de que no podríamos vivir sin su compañía.

Cuidar de las plantas es de las tareas más bellas, antiguas y silenciosas que existen. Y aunque para algunos pueda ser “aburrido” —porque creen que ellas no se comunican con nosotros—, somos muchos los que sabemos lo inspirador que es vivir rodeados de plantas. Disfrutar de verlas crecer, florecer y multiplicarse es una experiencia que nos enriquece y nos conecta con la naturaleza y con nosotros mismos.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Las plantas nos enseñan cosas. En su propio y único lenguaje nos piden luz o sombra, nos avisan de sus necesidades, nos enseñan a sobrevivir en las condiciones más hostiles y a escarpar de la oscuridad.

Ocuparnos de ellas es una tarea sutil que ejercemos todos los días y que se basa, principalmente, en percibirlas.

Como buenos jardineros, nuestra misión será observarlas, conocerlas, estar atentos y acompañarlas en su crecimiento. Estamos seguras de que todos podemos hacerlo, y que tener “mano verde”, más que un don, es la suma de conocimientos y de amor por las plantas.

Si estamos atentos a aprender de la observación y de los errores, vamos a descubrir su lenguaje y ayudarlas a crecer y vivir felices.

Estas páginas son una invitación a poner las manos en la tierra. Plantar, cultivar, sembrar y cosechar son acciones que nos conectan con lo más ancestral de nuestra especie. Maravillarnos con una semilla que germina, deslumbrarnos con una flor de belleza salvaje o celebrar los nuevos brotes de esa pequeña planta son algunas de las experiencias que queremos compartir.

Deseamos que este libro te sirva para identificar y conocer especies, que aprendas qué les hace mejor, qué suelo, qué cantidad de agua y qué tipo de luz, cómo cuidarlas y cómo multiplicarlas. Que puedas llevarlo con vos al vivero para elegir las especies que mejor se adapten a vivir en tu casa, que te despierte ideas para componer rincones botánicos y, por qué no, que te motive a armar y disfrutar de tu huerta, y usar lo que coseches para cocinar o preparar tus tragos preferidos.

Nos ilusiona pensar que este libro te va a acompañar en el proceso de crear y hacer crecer tus espacios verdes por más pequeños que sean, y que la conexión con la naturaleza se pueda convertir en algo que disfrutes día a día a través de la jardinería.

Como decimos siempre, un jardín puede caber en la palma de la mano.

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CÓMO RECORRER ESTE LIBRO

Las plantas no viven únicamente a base de agua. Solemos creer que mueren o sobreviven por exceso o por falta de riego; sin embargo, el sustrato correcto y la iluminación adecuada son igual de importantes. Solo cuando los tres factores están alineados —agua, luz y tierra— nuestras plantas crecen, florecen y se multiplican. Por eso en el capítulo 1 te enseñamos todo sobre sustratos, tipos de materiales y recipientes más recomendables. Además, te ayudamos a armar tu kit básico de herramientas.

Cada especie necesita determinados cuidados que te explicamos con claridad para que consultes este libro como si fuera tu jardinero amigo: podés hacerle preguntas, aprender cómo comprar en el vivero de forma inteligente, cómo leer tus espacios y decidir qué plantas te conviene tener.

En el capítulo 2 vas a encontrar una guía detallada para despejar todas las dudas que tengas sobre plantas de interior y de exterior, de sol, media sombra y sombra, cactus, suculentas y acuáticas, con sus formas específicas de cuidado.

En el capítulo 3 vas a aprender cómo armar tu propia huerta e incluso te vamos a contar cómo sembrar tus propios microgreens en espacios súper reducidos.

Te enseñamos a multiplicar y reproducir tus plantas preferidas en el capítulo 4.

En el capítulo 5 te explicamos cómo cuidarlas de plagas y enfermedades, cómo prevenirlas y también curarlas con métodos orgánicos.

Meterás las manos en la tierra, creando y conectando con la naturaleza de forma directa y haciendo objetos con vida propia en el capítulo 6, donde encontrarás proyectos explicados paso a paso.

Y como después de trabajar nos gusta relajarnos, en el capítulo 7 vamos a enseñarte a armar tu propio bar en casa utilizando las hierbas aromáticas de tu huerta en tragos y también en recetas.

Nos encantaría que este libro te resulte un aliado para vivir rodeado de plantas y que disfrutes de conectar con la naturaleza, admirándola, multiplicándola o creando con ella.

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LOS ESENCIALES

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KIT BÁSICO DE HERRAMIENTAS

Las herramientas básicas para practicar jardinería urbana no son muchas ni son difíciles de conseguir. Antes de empezar a trabajar con tus plantas, preguntate qué es lo que vas a hacer. ¿Querés remover la tierra para agregar fertilizantes? ¿Vas a trasplantar? ¿Querés cortar hojas secas y podar un poco? Esa respuesta te dará una pauta de cuáles son las herramientas que vas a necesitar.

Podés conseguirlas en viveros o en ferreterías. Te conviene empezar por tres elementos: guantes, tijera y regadera. No son las herramientas “más” importantes —porque todas lo son— pero te van a sacar de más de un apuro, ya que te resuelven el cuidado diario.

Si no tenés nada y hasta ahora te venís arreglando con lo que encontrás por ahí (palitos, ramas, cucharas, cuchillos que robás de la cocina, la tijera que llevan los chicos al colegio), es hora de que hagas una mínima inversión y te equipes para trabajar con comodidad. Así obtendrás mejores resultados, y además podrás proteger las plantas de daños o cortes mal hechos y cuidar tus manos.

De a poco andá armando tu set de jardinería. Al final no va a estar compuesto solo de herramientas: vas a empezar a guardar macetas de repuesto de diferentes tamaños, fertilizantes e insecticidas (preferentemente naturales), marcadores para identificar especies, hilos para tutorar, rociadores, regaderas, diferentes sustratos y aditivos como perlita, vermiculita o compost.

Es muy importante la sanidad en el jardín. Eso se logra teniendo siempre las herramientas limpias, lavando nuestras manos entre tarea y tarea, y usando guantes. En este mismo capítulo vas a encontrar una sección dedicada al riego: ahí aprenderás más a fondo qué tipo de regadera necesitás.

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Un sacayuyo es una herramienta útil, sobre todo si vas a armar una huerta o querés mantener una. Te va a ayudar a sacar los yuyos de raíz y evitar que sigan creciendo.

Un par de guantes. Son de vital importancia para proteger las manos de cortes y lastimaduras que se puedan generar usando las tijeras o los sacayuyos, o con las ramas o espinas de las plantas. Además, porque en la tierra conviven un montón de bacterias, insectos y diferentes microorganismos. Una herida en la mano o en un dedo podría ser la vía de entrada y provocarte una infección. En el caso de no querer usarlos, es importante que te laves bien las manos después de terminar la tarea.

Para plantar vas a necesitar palas de mano. Hay de diferentes anchos. Si tenés una pequeña porción de terreno o jardín, incluso una terraza amplia, puede que necesites una pala más grande; de lo contrario, una pala de mano te va a servir para empezar.

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Un rastrillo de mano es de gran utilidad en la huerta. Muchas veces se venden sets de jardinería que incluyen palas, rastrillos y sacayuyos, con lo que podemos hacernos de un par de herramientas básicas que nos acompañarán y ayudarán cada vez que pongamos manos en la tierra.

Tratá de tener una tijera para usar exclusivamente con plantas enfermas. Muchas veces, nosotros mismos transmitimos enfermedades de una planta a otra. Cortamos partes enfermas de una y con esa misma tijera cortamos una flor o un esqueje para multiplicar de otra, y así transmitimos la plaga o enfermedad que queremos controlar.

Un elemento imprescindible son las tijeras. Hay de muchas formas y tamaños, pero si vas a tener una sola, te recomendamos que sea común: de tamaño mediano, como las que se usan para cortar papel. Una tijera así te va a permitir cortar esquejes para multiplicar, sacar hojas enfermas y cosechar hortalizas o aromáticas de la huerta. También podés tener una tijera de podar, que se consigue en viveros más grandes o especializados o hipermercados. Te va a venir súper bien si tenés arbustos o árboles pequeños.

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La reina de cualquier jardín es la regadera. Las hay de distintas formas y tamaños. Si tenés una huerta, resulta fundamental contar con una. Y en ese caso te conviene que sea grande y con flor para regar de forma pareja y evitar que el agua desplace las semillas o dañe las hojas de las hortalizas. Para regar árboles, arbustos y plantas de interior, conviene tener una regadera con pico alargado, para que el riego resulte abundante pero no moje las hojas.

Para cactus y suculentas pequeñas, o para hacer multiplicación botánica, te recomendamos una regadera pequeña, con la que puedas controlar bien el caudal de agua. Obviamente que en estos dos casos podés reemplazarla por una botella de plástico y un jarrito. Si tenés que regar balcones, patios o terrazas con manguera, agregale accesorios que te permitan darle a cada planta el agua en la forma en que la necesita. En todos los casos, evitá mojar el follaje mientras se riega.

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Con los rociadores vas a poder aplicar remedios y productos líquidos sobre las hojas de las plantas que así lo requieran. También son útiles para rociar especies epífitas (plantas que no requieren de sustrato para vivir) y el follaje de helechos, cactus selváticos y algunas plantas de interior que detallamos en el capítulo 2.

Es una buena idea tener macetas de repuesto de diferentes tamaños y materiales. Algunas las podrás ir reciclando al trasplantar ejemplares. Tener un stock pequeño de macetas es muy útil para aprovechar alguna mañana soleada y no perder tiempo SALIENDO a comprarlas.

¡Atención! Nunca uses el rociador para mojar las hojas y los tallos de los cactus o de las suculentas porque en este tipo de plantas esa humedad favorece la pudrición y la aparición de hongos.

Armar en algún rincón de nuestras casas un sector donde tengamos todas nuestras herramientas no solo es útil, también puede ser una forma de conectarnos más seguido con la naturaleza y con nosotros mismos. En muchos países donde el invierno es crudo, se destina un sector en el interior para practicar la jardinería. ¿No sería genial contar con un espacio así? Una mesa, algunos cajones con macetas y herramientas y un universo de semillas, tijeras, musgo y libros de jardinería para inspirarnos y aprender.

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EL LUGAR INDICADO PARA CADA PLANTA

No todas las plantas que compramos en el vivero bajo el título de “plantas de interior” sobreviven en cualquier rincón de la casa. A la hora de buscarles su lugar, un factor a tener en cuenta es la luz. Las condiciones de un espacio soleado son muy distintas de las de uno sombrío. También debemos evaluar si se trata de un espacio seco y bien ventilado, o si el ambiente es húmedo.

¿CÓMO SABER QUÉ TIPO DE CLIMA Y LUMINOSIDAD TIENEN TUS ESPACIOS?

Antes que nada, hacé un esquema o plano de la casa, e incluí balcones, patios y terrazas. Plano en mano, recorrela como si fueras un turista que llega por primera vez a un lugar. Si recién te mudaste, te va a venir bien para vivirla de una manera nueva. Si se trata de la casa que habitás desde hace mucho tiempo, vas a ver que recorriéndola bajo esta premisa la vas a redescubrir.

Observá cada ambiente por la mañana y por la tarde. Anotá todas las características importantes: si es luminoso o sombrío, si es húmedo o seco, y también identificá los puntos focales: esa esquina luminosa que llama la atención al entrar, o esa ventana de la cocina por la que entra sol durante toda la tarde. Observar y anotar todo en detalle te va a permitir pensar dónde te conviene ubicar las plantas.

Cuando te despiertes temprano, fijate por dónde entra el sol. Chequeá qué pasa al mediodía y a la tarde. Es muy importante que hagas esta observación tanto en verano como en invierno, para tener un esquema de las dos temporadas porque, aunque el sol siempre sale por el Este, el recorrido es mucho más largo en verano y va a haber sectores donde, por ejemplo, a la tarde habrá sol pero en invierno no.

El sol genera diferentes microclimas, luces y sombras, áreas calientes y frías, húmedas y secas que propician el crecimiento más sano de determinadas especies.

Ciertas plantas viven mejor a pleno sol y otras prefieren la sombra o la luz filtrada. El sol de la mañana es el mejor para la huerta y para todas las plantas que necesitan sol directo, incluyendo los cactus y la mayor parte de las suculentas.

Es el sol más benévolo y bajo el que podés trabajar sin tener que preocuparte porque tus plantas —o incluso vos— sufran quemaduras o se deshidraten rápidamente.

El sol del mediodía y de la tarde, sobre todo en verano, es el que más castiga a nuestras plantas y por lo tanto solo deberías exponer a las que mejor lo soporten, como los cactus, las gramíneas, los árboles, los arbustos y algunas suculentas. Si nuestros espacios exteriores tienen sol intenso durante el mediodía y la tarde, podemos crear pantallas naturales cultivando árboles frutales en maceta, arbustos de mediano porte o plantas tropicales, y ubicar bajo su sombra las plantas más pequeñas, que se beneficiarán con la luz filtrada.

Los espacios que no reciban sol directo, incluidos los ambientes interiores, son ideales para plantas tropicales de sombra. En su hábitat natural, estas crecen bajo los árboles y apenas reciben algún rayo de sol a través del follaje de las especies más grandes. Su microclima es húmedo y sombrío, pero no frío.

Si tu balcón o terraza tiene zonas donde no llega el sol, y creés que por eso no vas a poder tener plantas, probá ubicando ahí monsteras, philodendron, helechos, strelitzias, bromelias y otras. Te vas a sorprender con la profusión de follaje, intensos tonos verdes e increíbles flores.

Una vez que hayas observado bien los espacios, elegí dónde vas a armar tu rincón botánico. Cuando lo tengas y sepas qué luz recibe y qué clima tiene, te recomendamos ir a la guía de plantas, en el capítulo 2: fijate cuáles son las que mejor se adaptan a las características de ese espacio. Anotalas en el plano dibujado o hacé un listado por ambientes con varias opciones en cada sector. Este paso te va a permitir asegurarte de comprar las especies indicadas cuando vayas al vivero o reacomodar las que ya tenés.

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Animate a componer rincones botánicos. Sumales unas postales vintage pegadas en la pared con washi tape… Ya tenés resuelto cómo destacar un rincón que no tiene demasiada onda.

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Si querés ambientar un lugar de la casa en el que tenés poca luz natural, jugá combinando plantas de hojas aserradas, como los helechos, con otras de hojas acintadas, como la sansevieria. Sumales especies colgantes o rastreras, como los pothus, y algunas

más escultóricas, como monsteras o calatheas.

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¿Dónde y cómo?

• Tanto el diseño interior como el de nuestros rincones verdes tiene que ver con formas, texturas, volúmenes, luces, sombras y colores. Te damos algunos tips para tener en cuenta a la hora de pensar tus espacios.

• Un rincón luminoso es el escenario perfecto para una colección de cactus y suculentas. Usá a tu favor sus colores, formas, tamaños y sus increíbles floraciones para crear un ambiente distinto.

• Para destacar algunas especies, podés usar bancos de madera o de metal, o alguna silla pequeña. Sumales especies colgantes, en macetas o kokedamas (ver aquí).

• Aunque el verde sea el color predominante en las plantas (por la clorofila y sus diversos tonos) además hay grises (glaucas), con rayas o manchas de colores (variegadas), moradas (rubras o purpureum), y también las que cambian su coloración con el frío o el calor. Si vas a armar un rincón, tratá de intercalar plantas que tengan diferentes colores, eso va a hacer que todas se luzcan y creará focos de luz en los lugares donde pongas las especies de tonalidad más clara.

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¡Agrupá, siempre agrupá! Las plantas son seres vivos y sociables, les gusta estar cerca de otras. Cuando están agrupadas, se genera un microclima muy beneficioso para ellas y para nosotros. Si las tenemos en el exterior, las macetas que contengan plantas de hojas grandes —como monsteras, philodendron, strelitzias y bananos— quedan muy bien agrupadas. y por debajo de esas macetas podemos poner suculentas para que reciban el sol filtrado y para protegerlas del exceso de agua de lluvia.

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LAS TRES CLAVES DE LA SALUD DE LAS PLANTAS

SUSTRATO, RIEGO E ILUMINACIÓN

Cada planta es un mundo. Cada una se desarrolla en un suelo específico, con determinadas condiciones de humedad, y necesita más o menos cantidad de horas de luz. Conocer y respetar estos tres rasgos es fundamental para que crezcan sanas y fuertes, para que sobrevivan al invierno y para que podamos disfrutar de sus cambios y desarrollos, de ese esplendor doméstico que nos habla con su lenguaje tan particular.

EL SUSTRATO: LA TIERRA QUE LAS CONTIENE Y LAS ALIMENTA

Partamos de una base: las raíces tienen como función la fijación o sujeción, la absorción de los nutrientes a través del agua y, en algunos casos, también funcionan como tanques de reservas (por ejemplo, la remolacha). El suelo es el medio en el que la planta se va a desarrollar, fijar y donde se extenderán sus raíces. La buena noticia es que podemos proveerles los ingredientes necesarios para que vivan sanas y felices. Es cierto que las plantas se las ingenian para sobrevivir, pero si les damos los nutrientes que necesitan, van a crecer esplendorosas.

El sustrato es la mezcla de componentes que, combinados, hace que nuestras plantas se desarrollen mucho mejor que en tierra sola. Pero cada familia de plantas lleva un sustrato acorde con sus necesidades. No es lo mismo un sustrato para huerta (que debe ser bien nutrido) que uno para cierto tipo de plantas de interior (que requieren más acidez), o que el suelo que necesitan los cactus o las suculentas, que debe ser bien suelto y poroso.

En el capítulo 2 detallaremos qué mezcla es más adecuada para cada tipo de planta. Además, allí encontrarás las fórmulas y recetas que usamos nosotras. Todos los materiales se consiguen en viveros.

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MATERIALES ORGÁNICOS

COMPOSTHUMUS O LOMBRICOMPUESTO

El compost es el resultado del proceso de compostaje, que consiste en la transformación biológica de restos vegetales y animales en un producto homogéneo, magnífico abono orgánico para la tierra que además ayuda a reducir enormemente la basura.

Se denomina humus al “grado superior” de descomposición de la materia orgánica. El humus supera al compost en cuanto abono y ambos son orgánicos. En cambio, el lombricompuesto se obtiene de la transformación biológica de materias vegetales,

y lo llevan a cabo las lombrices en condiciones de temperatura y humedad estrictamente controladas.

Estos compost son ideales para casi todo tipo de plantas, ya que mejoran las características físicas y biológicas de la tierra al incorporar microorganismos beneficiosos del suelo. Pero cuidado: excederse en abono no es bueno para todas las plantas. Los cactus y las sucu ...