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CRIANZA PARA PRINCIPIANTES

Alberto Grieco   Sandra Zampaloni  

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Fragmento

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Penguin Random House

Al doctor Florencio Escardó, maestro de la pediatría; a Eva Giberti, creadora de la Escuela para padres, cuyas ideas nos siguen acompañando, y a todas las familias que nos inspiraron durante tantos años de consultas.

PRÓLOGO
Del cuidado del deseo

Leer este libro fue reencontrarme con nuestras visitas al consultorio de Alberto. Él fue un médico que nos trató sin culpa, sin miedo y sin autoritarismo. Nos enseñaba de qué somos responsables, pero nunca nos transmitió “esto es culpa de ustedes”. Básicamente lo recuerdo con dos reacciones: inclinar la cabeza y sonreír, que yo traducía como “te estás preocupando demasiado y esto lo vi muchas veces”, o bien inclinar la cabeza sin sonreír, que yo traducía como “esto no es grave pero no hay que perderle la pista”. En ninguno de los casos nos transmitía miedo, sino alivio. Finalmente, uno no sentía que había preguntas “bobas”, demasiado elementales, y tampoco estaba mal si necesitábamos repetir una consulta. Como papá, no sentí vergüenza ni distancia ante alguien que usara el diploma como una herramienta de poder en la relación.

Este manual nos anima a confiar en nuestro criterio o conocimiento. En mi caso, iba con tantas inseguridades y preguntas. Antes no se me ocurría que había algo, alguien, adentro mío a quien recurrir. Ser padres es exponerse a una reunión de consorcio en la que todos opinan. Desde que asoma la panza en la mamá, sea en una plaza o en un autobús, no falta quien prediga el sexo o anticipe alegrías o preocupaciones, si uno lo abriga demasiado o lo lleva descalzo donde debería usar botas de construcción. En fin. Voces y más voces. Y en medio de ese “aullido benefactor”, uno intenta descifrar qué es

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