Loading...

DAME UN AñO DE TU VIDA

María Border  

0


Fragmento

SÍGUENOS EN
Megustaleer

Facebook @Ebooks        

Twitter @megustaleerarg  

Instagram @megustaleerarg  

Penguin Random House

Para Macarena, Rocío, José y Pablo,

mis amores

Creemos que el futuro será la consecuencia de nuestras decisiones, hasta que comprendemos que, en realidad, somos parte de una cadena de causas y efectos que el universo planeó con antelación.

PREFACIO

En el subsuelo de su casona de San Isidro Donato Neri hizo girar la butaca de la sala de cine, encendió el reproductor y tomó asiento. Cuarenta años de sacrificios no fueron suficientes y había llegado la hora de sepultar definitivamente el pasado para lograr la meta. No pretendía conmoverse sino reafirmar su decisión porque el estigma perduraba y el reloj de su paciencia se había detenido.

Se sirvió un trago para despedir al hombre que, nuevamente, había recurrido a él pidiendo ayuda. Se restregó los ojos, irritado porque las responsabilidades otra vez lo obligaban a enlodarse.

Desde la pantalla, la mirada tímida de Delia le recordó el fastidio que le produjo casarse con la mujer que, antes del primer aniversario, dio a luz a Vera cuando él necesitaba un primogénito, un varón, un macho al que educar con la garra con que lo adiestró su padre, el tano Neri.

Descabezó el habano antes de hacerlo rodar sobre sus labios para encenderlo. No se había sentado a revisar el pasado para enternecerse, sino para resaltar los motivos por los que pondría en funcionamiento el plan; pero la mente jugó sus cartas y los recuerdos emergieron trayendo a su primera esposa enfundada en el delicado vestido blanco, con la mirada oculta tras el velo del tocado, insegura, inexperta, temerosa. Dio una calada, saboreó el tabaco y exhaló. Delia, hija única del capo Berardi, no había demostrado la calidad de su sangre napolitana ni siquiera en la cama, pero el dinero aportado por el padre, tras el acuerdo sellado con el matrimonio, fue lo que a Donato le permitió iniciar el camino para sacar al apellido Neri de la clandestinidad, fundando La Pequeña Italia, madre del actual Grupo Neri. Su primera esposa murió debilitada por la depresión, y aumentó su capital y la herencia de Vera. A su frágil hija tuvo que protegerla cuando el destino se encargó de dañarla con insistencia, primero quitándole a la madre y luego…

«¡Basta!», se dijo y cambió la cinta en el reproductor, para avanzar en el tiempo y llegar a Meribeth Cameron, la escocesa pelirroja que demostró ser su hembra y le entregó al ansiado hijo varón, aunque luego, tras el divorcio, se lo llevó a Escocia para educarlo bajo sus costumbres.

Donato dejó el habano sobre el cenicero y bebió el último trago de whisky; un single malt de veinte años de la destilería de los Cameron, especialmente seleccionado para él por su hijo Bhric. Sonrió, sabía que Meribeth no había tenido nada que ver con ese obsequio; esa mujer testaruda preferiría estrellar la botella y la barrica entera antes que enviarle un presente. A ella la quiso con toda la potencia del hombre que, en la treintena, viudo, con una hijita y la carga de una fortuna que debía limpiar se encontraba demasiado sobrepasado y precisaba liberar tensiones. Meribeth había sido la mujer indicada en el momento indicado; aunque luego regresó a sus añoradas Highlands portando el galardón vencedor en la contienda constante que había sido el matrimonio con él.

Miró el reloj de pulsera; su actual esposa, Joana, lo esperaba para cenar y él ya había tomado una decisión. El objetivo que signó su vida y el deber que asumió esa tarde se ligaban. Bufó molesto, se peinó las canas con los dedos y se cubrió con el manto que lo convertía en el frío hombre de negocios a quien la sociedad estigmatizó denominándolo igual que a su difunto padre: Tano Neri.

Cuarenta años de lucha no fueron suficientes y uno de sus tres hijos debería terminar el trabajo para que se cumplieran los objetivos. Descartó a Vera por ser mujer y tan temerosa e indecisa como su madre napolitana; la solución no llegaría de la mano de ella. Tampoco recurriría a su hijo menor, Paulo; aunque la mezcla de su sangre italiana con la parsimoniosa brasileña de Joana podría ser útil, su juventud e inmadurez lo harían flaquear. Paulo continuaba gobernado por la ternura que Joana había derramado en demasía sobre él, y eso le impediría tolerar lo mismo que el tano le habí

Recibe antes que nadie historias como ésta