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DESCONECTADO

Mariano Bondar  

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Fragmento

Al abrir este libro te vas a sentir desconectado. Te voy a llevar a un mundo completamente diferente. Vas a escapar de tu realidad para empezar a ver a través de mi corazón y de mi mente. Quiero que seas testigo de lo que me enseñó el silencio; de un descubrimiento con emociones muy fuertes que la mayoría sentimos en algún momento pero que tratamos de no llevar con nosotros por mucho tiempo. No pretendo ni espero que lo aceptes sin más ni que lo entiendas sin objeciones. Cada renglón está escrito con pasión, pero sin compasión. Me voy a abrir para dejar entrar y salir todo tipo de sensaciones: te invito a que las experimentes y que reflexiones sobre ellas. Y te voy a contar todo como te lo contaría un amigo que te conoce de toda la vida, tengo el presentimiento de que esa es la mejor manera para que esto funcione. Todos necesitamos sentirnos acompañados, saber que al menos una persona trató de ponerle palabras a experiencias tan complejas y difíciles de explicar. Quisiera que dejes de sentirte solo cuando me leas; sin embargo, no busco alimentar idolatrías ni fanatismos. Soy un ser humano: me equivoco, soy maleducado de vez en cuando y por más ordenadas que puedan parecer mis ideas, no la tengo tan clara. No soy perfecto.

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Gran parte de mi vida sentí una apatía muy fuerte. Creí que sería incapaz de volver a conectarme con sentimientos puros y plenos, cayendo así en el odio más oscuro y rencoroso que se puedan imaginar. Y de inmediato sobrevino una tristeza profunda que me llevó a pensar que no podría sacármela de encima nunca más… La melancolía se volvió una fiel compañera y se metió tan adentro, que me hizo cuestionar el propio concepto de la felicidad. La sensibilidad y la empatía parecían haberse perdido en alguna parte del camino, y eso me hizo poner en duda todo el respeto que siempre tuve hacia los demás —y sobre todo hacia mí mismo—. En el transcurso de este proceso empecé a olvidarme de la verdadera gratitud, esa capacidad tan humilde y humana que nos hace ser lo que en verdad somos. Tuve que poner mucho esfuerzo y sacar valor de donde no parecía estar para salir de la situación en la que me encontraba. Me llevó mucho tiempo volver a sentirme fuera del pozo imaginario que mi propia mente había cavado, eso que se había vuelto mi realidad. Me di cuenta, a su vez, que cuando estaba con los demás solo mostraba la mejor versión de mí mismo, al punto que ni yo sabía lo que en verdad estaba escondiendo. Nos llenamos de armaduras y barreras, hasta que ya no sabemos cómo mostrarnos tal como somos. El sufrimiento y el dolor nos vuelven personas inexpresivas. Solo una verdadera pasión puede reactivar nuestro ser. La única manera de extraer de este quilombo algún rastro de belleza o sentido es, en mí más humilde opinión, el camino del arte. No importa qué tan aplicado, talentoso, perfeccionista, sensible o intelectual te creas, solo la luz interna que te guía, que te hace sentir bien al seguirla, es un verdadero encuentro con Dios. No hay nada en el universo tan poderoso como la ley cósmica que rige todas las cosas habidas y por haber: el amor. Aquello que se haga siguiendo y entendiendo la idea fundamental del amor será recordado por los demás. No hablo del deseo, la necesidad o el apego, que son posesivos, sino de ese amor que es espíritu y debe ser libre. De ese amor que tenés que dar en cada instancia de tu vida, que pide ser liberado. “Las almas repudian todo encierro”, dice una canción.

Esta es la historia que te quiero contar. Solo puedo pedirte que seas un testigo silencioso pero reflexivo; que pongas en duda todo aquello que creas saber, pero también todo ...