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DONDE EL VIENTO SE LLEVE LAS PALABRAS

Horacio Convertini  

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Fragmento

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Yo leía en el diario las últimas noticias de la peste. Nada nuevo: África arrasada, un año más de toque de queda, los tropiezos en el plan del Gobierno para extender el uso del lenguaje de señas, algún farsante que juraba estar a un paso de la droga que rescataría a la Humanidad del desastre. Con Marcia a mi lado, la tragedia parecía ajena, como si se produjera en otro mundo o en una película; el amor ejerciendo un efecto de distanciamiento, de burbuja, un antídoto que funcionaba sólo en mí y por ella. La escuché moverse de aquí para allá, presurosa, picoteando con los tacos el piso de madera, yendo del baño a la habitación, del espejo del botiquín al espejo del vestidor. Siempre le pasaba lo mismo: le gustaba remolonear en la cama y después el tiempo no le alcanzaba para nada. Yo no. Yo dormía poco, me levantaba de madrugada y trataba de mitigar la elasticidad de la noche en el

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