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EL ARTE DE EDUCAR

Alejandra Llamas  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Este libro está dirigido al padre, a la madre o a la persona responsable del cuidado y la educación de un ser humano de cero a veintiún años de edad. Es un texto para padres que desean vivir la vida con alegría, humor, entusiasmo y flexibilidad.

Los objetivos principales son crear distinciones para criar a niños sanos; además, coadyuvar al desarrollo de pequeños que se automotiven; que sepan lidiar con cambios y recompensas a largo plazo, pero, sobre todo, que se apoyen en su imaginación y en su creatividad para vivir; niños que escuchen la voz de su corazón.

Lo que no encontrarás en este libro son apoyos de disciplina rígida para educar ni técnicas para lograr altos honores y metas fijas. Tampoco está dirigido a padres que quieran hijos sometidos a la autoridad, para ser sólo receptores de educación sin permitirse cuestionar, ni para seres cuya mayor satisfacción sea la de agradar a otros.

Hablo de padres que deseen hijos destacados en el mundo de hoy, hijos con la posibilidad de encontrar lo que para ellos signifique el éxito. Que puedan inventar sus vidas y sus reglas con base en una estructura de integridad. Sabrán entonces reconocer que la sabiduría interior está en ellos y confiarán en ella para su evolución. Estos son los niños que necesitamos: seguros, sanos, creativos y empáticos con sus necesidades y con las de otros. Éste es el propósito: ser como padres —guías y maestros de nuestros niños—, pero también alumnos de ellos, de ellas, para tener la capacidad de aprender lo que nos vienen a enseñar. Hombro con hombro desarrollaremos una familia lista para contagiar el bienestar a su comunidad.

La relación con los hijos se teje día a día. Ahora bien, existen técnicas, enseñanzas y filosofías que fortalecen el vínculo madre/padre-hijo/hija, las cuales permiten el goce (y no la carga) en la aventura de ser padres.

Es importante entender lo siguiente: un niño, una niña, un o una joven no son personas definidas por una edad; en realidad, son alma, son seres completos, perfectos; sabios que vienen al mundo con el fin de llevar a cabo su llamado, de encontrar su camino (el cual, no tiene que estar relacionado necesariamente con el de sus papás). Lo que quiero decir es: los padres, las madres, somos acompañantes de esa alma; nuestra responsabilidad es conocerla, caminar con ella a lo largo de su vida. Si logramos ver la grandeza de su espíritu, si nos volvemos verdaderos compañeros, alma con alma, daremos el primer gran paso para construir una relación sana con ellos.

Muchos de nosotros tendemos a crear interpretaciones sobre quiénes son nuestros hijos (cuando los vemos les proyectamos todo aquello que creemos de ellos) y nos relacionamos con ellos desde nuestras expectativas, a partir de lo que juzgamos y de lo que ya determinamos; sin embargo, el niño trata de mostrarse tal cual es, desea ser conocido, no definido. Éste es un punto nodal, una distinción significativa en la relación con alguien que está descubriendo y revelando quién es frente a la vida.

Si existen dinámicas que no están funcionando, debemos tomar el rol del adulto y aparecer maduros y responsables frente a esa relación. Esto significa que, si hay una dinámica de gritos, de insultos o de cualquier otro tipo de faltas de respeto, nosotros debemos ser los primeros en dar un paso hacia atrás, y no ser parte de esa situación para lograr romperla. Si en la relación lo que los tiene enganchados es el ego, esto provocará una escala de poder, y así la dinámica no tendrá fin.

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