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EL INQUILINO

Javier Cercas  

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Fragmento

PRÓLOGO

Escribí este libro en el otoño de 1988, cuando acababa de cumplir veintiséis años y llevaba ya uno viviendo en Urbana, Illinois, una pequeña ciudad universitaria norteamericana situada a un par de horas en automóvil de Chicago. Se trata de la misma ciudad donde transcurre la acción de la novela, cuyo protagonista, un profesor de fonología italiano llamado Mario Rota, trabaja en el lugar donde yo trabajaba, el Foreign Languages Building, y vive en el lugar donde yo vivía, un apartamento de una casa con porche y dos plantas, situada en la calle West Oregon, por cuyas grandes ventanas entraba luz a raudales en los días soleados. Sobra añadir que, como todas las novelas que he escrito (o simplemente como toda novela aceptable), ésta es autobiográfica, no porque en ella refiera ningún episodio que de verdad me ocurriera en Urbana, sino porque constituye una reelaboración metafórica y un reflejo bastante fiel de mi experiencia de aquellos años en los Estados Unidos.

Fue una época maravillosa. Había salido de España con mi primer libro bajo el brazo, huyendo de una existencia a salto de mata en Barcelona, atraído por la oferta de un empleo y un sueldo fijos y por el resplandor incombustible de Norteamérica. De hecho, deslumbrado como estaba por determinados escritores norteamericanos, yo creo que aspiraba, más o menos en secreto, a convertirme en un escritor norteamericano, más concretamente en un escritor norteamericano posmoderno; no tardé mucho tiempo, sin embargo, en realizar un descubrimiento sorprendente, al menos sorprendente para mí, y es que yo era español (o esa mezcla de catalán y extremeño que sólo se me ocurre llamar español), con lo que empecé a hacer el tipo de cosas que se supone que hacemos los españoles y que, hasta entonces, yo nunca había hecho: dormir la siesta, comer a las tres de la tarde y hablar a grito pelado. Todo esto no tiene nada de extraño, como sabe cualquiera que haya vivido un tiempo razonable alejado de su país: uno sólo entrevé su lugar en el mundo cuando lo pierde, uno sólo sabe cuál es su casa cuando se marcha de ella, uno sólo empieza a averiguar quién es cuando alcanza a mirarse desde lejos. En cuanto al empleo, consistía en dar clases de español a universitarios del Medio Oeste y en asistir a los cursos del programa de doctorado de literatura española, a cambio de lo cual percibía una remuneración suficiente para sobrevivir, para hacer algún viaje por e

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