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EL PRíNCIPE LESTAT (CRóNICAS VAMPíRICAS 11)

Anne Rice  

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Fragmento

Título original: Prince Lestat

Traducción: Santiago del Rey

1.ª edición: marzo 2015

© Ediciones B, S. A., 2013

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

DL B 4862-2015

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-997-8

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Contenido Dedicatoria Citas La Génesis de la Sangre Jerga de Sangre Primera parte. El vampiro Lestat 1. La voz 2. Benji Mahmoud 3. Fareed y Seth 4. Problemas en la Talamasca y en la gran familia Segunda parte. La autopista abierta a través del Jardín Salvaje 5. La historia de Rose 6. Cyril 7. La historia de Antoine 8. Marius y las flores 9. La historia de Gregory 10. Everard de Landen 11. Gremt Stryker Knollys 12. Lestat. La jungla del Amazonas 13. Marius. Reencuentro en la costa brasileña 14. Rhoshamandes y Benedict 15. Lestat. Nada como el hogar 16. Fareed. Momentos de decisión 17. Gregory. Trinity Gate. ¿Bailamos? 18. Lestat. Sevraine y las cuevas de oro 19. Rhoshamandes. Infame y moonstruoso asesinato Tercera parte. Ragnarök en la capital del mundo 20. Rose. En los rascacielos del centro 21. Rhoshamandes. La estratagema del diablo 22. Gregory. Trinity Gate. Heredarás el viento 23. Lestat. Una multitud de consejeros 24. Lestat. El que corta el nudo 25. Lestat. El jardín del amor 26. Lestat. Rehenes de la fortuna 27. Lestat. Espejito, espejito Cuarta parte. El principado de la Oscuridad 28. Lestat. El discurso del Príncipe 29. Lestat. Pompa y circunstancia 30. Cyril. Un silencio resonante en el mundo entero 31. Rose. El Pueblo de la Luna y las Estrellas 32. Louis. «Su hora llega al fin» Apéndice 1. Personajes en orden cronológico Apéndice 2. Guía informal de las Crónicas Vampíricas

Este libro está dedicado a Stan Rice, Michele Rice, Christopher Rice y a Karen O’Brien y Cynthia Rice Rogers

Victoria Wilson

Lynn Nesbit

Eric Shaw Quinn

Suzanne Marie Scott Quiroz y a People of the Page

y a mis musas Mary Fahl y Jon Bon Jovi

Recostada sobre mi almohada de piedra, he tenido sueños sobre el mundo mortal de ahí arriba. He oído sus voces y sus nuevas músicas como si fueran canciones de cuna escuchadas desde mi tumba. He vislumbrado sus fantásticos descubrimientos, he conocido su valentía en el sanctasanctórum intemporal de mis pensamientos. Y aunque ese mundo me excluye con sus formas deslumbrantes, anhelo la existencia de alguien con la fuerza necesaria para vagar por él intrépidamente, para atravesarlo de parte a parte por la Senda del Diablo.

ALLESANDRA,

que aparecía sin nombre en Lestat el vampiro

Viejas verdades y magias antiguas, revoluciones e inventos, todo conspira para distraernos de la pasión que, de un modo u otro, nos vence a todos.

Y cansados finalmente de esta complejidad, soñamos con aquel tiempo lejano de nuestra existencia, cuando nos sentábamos en el regazo de nuestra madre y cada beso era la consumación perfecta del deseo. ¿Qué podemos hacer sino tender las manos para el abrazo que ahora debe contener el cielo y el infierno: nuestro funesto destino, repetido una y otra vez?

LESTAT,

en Lestat el vampiro

En la carne empieza toda la sabiduría. Cuidado con lo que no tiene carne. Cuidado con los dioses, cuidado con la idea, cuidado con el demonio.

MAHARET A JESSE,

en La reina de los condenados

La Génesis de la Sangre

En el principio existían los espíritus. Eran seres invisibles que solo podían ver u oír los hechiceros y brujas más poderosos. A algunos se los consideraba malvados; a otros se los ensalzaba como a dioses. Eran capaces de hallar objetos perdidos, de espiar al enemigo e incluso, a veces, de modificar el clima.

Dos grandes hechiceras, las hermanas gemelas Mekare y Maharet, vivían en un precioso valle, junto al monte Carmelo, en comunidad con los espíritus. Uno de esos espíritus, el grande y poderoso Amel, era capaz con sus malas artes de extraer sangre de los seres humanos. En pequeñas cantidades, la sangre formaba parte del misterio alquímico del espíritu, aunque nadie sabía de qué modo exactamente. Amel amaba a la bruja Mekare y siempre estaba ansioso por servirla. Ella lo veía como ninguna hechicera lo había visto; por eso la amaba.

Un día llegaron tropas enemigas: soldados de la poderosa reina Akasha de Egipto. La Reina deseaba apresar a las hechiceras; quería sus conocimientos, sus secretos.

La perversa soberana destruyó el valle y las aldeas de Mekare y Maharet, y se las llevó por la fuerza a su reino.

Amel, el furioso espíritu familiar de la bruja Mekare, buscó el modo de castigar a la Reina.

Cuando Akasha agonizaba, apuñalada repetidas veces por unos conspiradores de su propia corte, el espíritu Amel entró en ella, fundiéndose con su cuerpo y su sangre, y confiriéndole una nueva y terrorífica vitalidad.

Esta fusión provocó el nacimiento de un nuevo ser en el mundo: el vampiro, el bebedor de sangre.

De la sangre de esta gran reina vampiro, Akasha, nacieron a lo largo de los milenios los demás vampiros de todo el mundo. Se procreaban mediante el intercambio de sangre.

Para castigar a las gemelas, que se oponían a ella y a su nuevo poder, Akasha cegó a Maharet y le cortó la lengua a Mekare. Antes de que ambas fueran ejecutadas, sin embargo, el mayordomo de la Reina, Jayman, que acababa de ser convertido también en bebedor de sangre, les transmitió a las hermanas la poderosa Sangre.

Jayman y las gemelas encabezaron una rebelión contra Aka­sha, pero no lograron acabar con el culto de los dioses bebedores de sangre que ella había creado. Al final, las gemelas fueron capturadas y separadas, y abandonadas en el mar: Maharet en el mar Rojo y Mekare en el gran océano del oeste.

Maharet llegó a costas conocidas y consiguió rehacerse. Pero el rastro de Mekare, llevada a través del océano a unas tierras aún por descubrir y nombrar, desapareció de la historia.

Esto sucedió hace seis mil años.

La gran reina Akasha y su esposo, el rey Enkil, enmudecieron tras dos mil años y fueron conservados como estatuas en un santuario por ancianos y sacerdotes que creían que Akasha contenía el Germen Sagrado, y que, si era destruida, todos los bebedores de sangre del mundo perecerían con ella.

Al llegar la Era Común, la historia de la Génesis de la Sangre quedó completamente olvidada. Solo unos pocos viejos inmortales la transmitían, aunque ni siquiera ellos mismos la creían realmente mientras la contaban. Sin embargo, los dioses de sangre, los vampiros entregados a la antigua religión, todavía reinaban en santuarios dispersos por todo el mundo.

Apresados en árboles huecos o celdas de ladrillo, esos dioses de sangre aguardaban sedientos a que llegaran las fiestas sagradas en las que recibían ofrendas: malhechores a los que juzgar y condenar, y con los que darse un festín.

En los albores de la Era Común, un anciano, un guardián de los Padres Divinos, abandonó a Akasha y Enkil en el desierto para que el sol los destruyera. En todos los rincones el mundo, muchos jóvenes bebedores de sangre perecieron abrasados en sus ataúdes y sus santuarios mientras el sol del desierto arreciaba sobre la Madre y el Padre Divinos. Pero la Madre y el Padre mismos eran demasiado fuertes para perecer. Y muchos de los vampiros más ancianos sobrevivieron también, aunque con graves quemaduras y terribles dolores.

Un bebedor de sangre reciente y sabio erudito romano llamado Marius viajó a Egipto para encontrar al Rey y la Reina y ponerlos a buen recaudo, con el fin de que no volviera a producirse en el mundo de los no-muertos un holocausto que causara tales estragos. Y a partir de entonces, Marius convirtió esta misión en su sagrada responsabilidad. La leyenda de Marius y de Los Que Deben Ser Guardados se prolongó durante casi dos milenios.

En 1985, la historia de la Génesis de la Sangre llegó al conocimiento de los no-muertos del mundo entero. La Reina vivía, ella contenía el Germen Sagrado, decía entre otras cosas que había un libro escrito por el vampiro Lestat, quien explicó también la historia con sus canciones y vídeos musicales, y en el escenario donde actuó como cantante de rock, clamando para que el mundo supiera la verdad y destruyera a los de su estirpe.

La voz de Lestat despertó a la Reina de un silencio de miles de años. La Madre Divina se alzó con un sueño: ella dominaría el mundo de los seres humanos mediante crueles matanzas y se convertiría para ellos en la Reina del Cielo.

Pero las ancianas gemelas se apresuraron a intervenir para detener a Akasha. También ellas habían oído las canciones de Lestat. Maharet le pidió a la Reina que pusiera fin a su supersticiosa tiranía de sangre. Y la desaparecida Mekare, alzándose de la tierra tras un número incalculable de eones, decapitó a la gran Reina, devoró su cerebro e incorporó dentro de sí el Germen Sagrado. De este modo, Mekare, bajo la protección de su hermana, se convirtió en la nueva Reina de los Condenados.

Lestat escribió una vez más la historia. Él había sido testigo. Había presenciado la transmisión de poder con sus propios ojos y ofreció su testimonio a todo el mundo. Los mortales no hicieron caso de sus «fantasías»; los no-muertos, en cambio, quedaron consternados ante su relato.

Y así, la historia de los orígenes y de las antiguas batallas, de los poderes y las debilidades de los vampiros, de las guerras para hacerse con el control de la Sangre Oscura, se volvió del dominio público entre la estirpe de los no-muertos de todo el mundo. Pasó a manos de los viejos vampiros que habían permanecido en coma durante siglos en cuevas o sepulcros; de los jóvenes iniciados de forma ilegítima en junglas, ciénagas o suburbios, y que jamás habían soñado con tener tales antecedentes. Pasó a manos de los sabios y herméticos supervivientes que habían vivido recluidos a lo largo de eras enteras.

Gracias a aquel legado, todos los bebedores de sangre del mundo supieron que compartían un vínculo, un pasado común, unas raíces idénticas.

Esta es la historia de cómo ese conocimiento transformó para siempre la tribu de los vampiros y cambió su destino.

Jerga de Sangre

Cuando Lestat el vampiro escribió sus libros, empleó una serie de términos que había aprendido de los vampiros que había conocido a lo largo su vida. Y los vampiros que completaron la obra de Lestat poniendo por escrito sus memorias y experiencias añadieron otros términos de su propia cosecha: algunos, mucho más antiguos que los que Lestat había revelado.

He aquí una lista de esos términos, que ahora son de uso corriente entre todos los no-muertos de todo el mundo.

La Sangre. Cuando la palabra aparece en mayúsculas se refiere a la sangre vampírica, transmitida del maestro al neófito en el curso de un intercambio profundo y con frecuencia peligroso. «En la Sangre» significa que uno es un vampiro. Lestat el vampiro llevaba más de doscientos años «en la Sangre» cuando escribió sus libros. El gran vampiro Marius lleva en la Sangre más de dos mil años. Etcétera.

Bebedor de sangre. El término más antiguo para designar a un vampiro. Era el que utilizaba Akasha, aunque ella más tarde intentó reemplazarlo por el término «dios de sangre» para los que seguían su camino espiritual y su religión.

Esposa o esposo de Sangre. La pareja de un vampiro.

Hijos de los Milenios. Término para los inmortales que han vivido más de mil años y, más propiamente, para aquellos que han sobrevivido durante más de dos mil.

Hijos de la Noche. Término común para todos los vampiros, para todos aquellos que son de la Sangre.

Hijos de Satán. Término que designa a los vampiros de la antigüedad y de períodos posteriores que creían que eran literalmente hijos del Diablo y que, alimentándose de sangre humana, servían a Dios sirviendo a Satán. Llevaban una vida de penitencia y puritanismo. Se negaban a sí mismos todos los placeres, salvo beber sangre y celebrar algunos sabat (grandes reuniones) en los que bailaban; vivían bajo tierra, con frecuencia en lúgubres catacumbas y sótanos mugrientos. Desde el siglo XVIII nadie ha tenido noticias de los Hijos de Satán, y lo más probable es que la secta haya desaparecido.

La asamblea de los Eruditos. Un término moderno muy corriente entre los no-muertos para referirse a los vampiros cuyas historias aparecen en las Crónicas Vampíricas: en especial, a Louis, Lestat, Pandora, Marius y Armand.

El Don Oscuro. Término para designar el poder vampírico. Cuando un maestro le otorga la Sangre a un neófito, lo que le está otorgando es el Don Oscuro.

El Truco Oscuro. Se refiere al acto de crear un nuevo vampiro. Sacarle sangre al neófito y reemplazarla con la propia Sangre cargada de poder, es llevar a cabo el Truco Oscuro.

La Senda del Diablo. Término medieval de los vampiros para referirse al camino que toma cada uno de ellos en este mundo. Un término muy popular entre los Hijos de Satán, que consideraban que servían a Dios sirviendo al Diablo. Recorrer la Senda del Diablo era vivir la propia vida como inmortal.

La Primera Generación. Son los vampiros descendientes de Jayman que se rebelaron contra la reina Akasha.

Sangre de la Reina. Son los vampiros creados por la reina Akasha para que siguieran su camino en la Sangre y combatieran a los rebeldes de la Primera Generación.

El Germe

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