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EL TESTIMONIO DE YARFOZ

Rafael Sánchez Ferlosio  

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Fragmento

Índice

Nota de los editores

El testimonio de Yarfoz

Nota del editor

Introducción

I. Mi pueblo los Grágidos

II. Tenía Nébride treinta y siete años

III. La carta decía así

IV. ¡Cuántas veces he vuelto a leer

V. Era una gran extensión de tierra

VI. Cuarenta y dos días tardamos

VII. Dormíamos muchas noches

VIII. Este fue el modo, pues, en que entré

IX. Acudió Arriasco a Ordimbrod

X. Habíamos remontado caño por caño

XI. Dormíamos, pues, como he dicho

XII. La orilla del Dul opuesta al almarjal

XIII. Cuando, por fin, a la siguiente noche

XIV. Ya su abuelo Arriasco solía amonestarle

XV. Con aquella visita

XVI. «¡Oh, Nébride! —dijo Acranio—

XVII. La enorme impresión que el discurso

XVIII. Al día siguiente supimos de la muerte

XIX. Nébride había dejado de mirar

XX. Hay que decir primero por qué

XXI. Subimos, pues, por Yirigred

XXII. Algún tiempo después me llegaron noticias

XXIII. Cuando, una semana después, bajé

XXIV. Entramos, pues, entre los Iscobascos

XXV. Los Iscobascos sabían muy bien

XXVI. «Mi huésped —decía el rey—

XXVII. En cuanto a su relación

XXVIII. Con el rey de los Iscobascos

XXIX. Del llamado «Camino de los Iscobascos»

XXX. Más de cuatro horas

XXXI. «Así es —dijo Nébride

XXXII. Al tomar, pues, la calzada

XXXIII. Al día siguiente nos dispusimos

XXXIV. Noté que Vandren me tiraba

XXXV. Mientras seguíamos nuestro camino

XXXVI. Era Irra tan gran hablador

XXXVII. Mientras Escermes hablaba

XXXVIII. Con todo, la larga y laboriosa exposición

XXXIX. Pero, a despecho de aquellas

XL. Varios años atrás, creo que a finales

XLI. Entretanto, oímos fuera

XLII. Sí que había vuelto

XLIII. Nunca había sido tan grande

XLIV. El día anterior, cuando se despedían

XLV. Sorfos permaneció todavía

XLVI. Fue Tagrana el que puso

XLVII. La muerte de Obnelobio

XLVIII. Al día siguiente volvieron

XLIX. Tagrana, Sorfos y los cinco oficiales

L. Ya he dicho cómo la gran falla

LI. Y era Tetrecia, justamente, la ciudad

LII. Al fin llegó el oficial comisionado

LIII. Apareció, todo cubierto de polvo

LIV. El grado de sorpresa que las cosas

A modo de epílogo. La confianza en la palabra

Notas

Biografía

Créditos

«Rafael Sánchez Ferlosio, hijo de padre español y madre italiana, nació el 4 de diciembre de 1927 en la ciudad de Roma. A la edad de catorce años, en el texto de literatura española de Guillermo Díaz-Plaja y en la frase en la que el autor, retratando al infante don Juan Manuel, decía literalmente "tenía el rostro, no roto y recosido por encuentros de lanza, sino pálido y demacrado por el estudio" conoció cuál era su ideal de vida. No obstante, ha sido siempre demasiado perezoso para llegar a empalidecer y demacrarse en medida condigna a la de su ideal emulatorio, y su máximo título académico es el de bachiller. Habiéndolo emprendido todo por su sola afición, libre interés o propia y espontánea curiosidad, no se tiene a sí mismo por profesional de nada.

Narrador y ensayista, Rafael Sánchez Ferlosio pasa también por ser uno

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