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EN COREA DEL NORTE

Florencia Grieco  

5


Fragmento

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Penguin Random House

A Alejandro

«La vida ordinaria siempre prosigue;

Recibe antes que nadie historias como ésta

esto ha salvado la cordura de muchos,

cuando más peligraba.»

Graham Greene,

El americano impasible

Introducción

El descubrimiento de Corea del Norte empezó para mí en 2008. Yo trabajaba en la sección internacional de un diario de existencia fugaz, Crítica de la Argentina, y en aquel tiempo Corea del Norte era miembro del elenco estable, junto con Irán e Irak, del «eje del mal» que George W. Bush había trazado seis años antes. No eran los únicos países que tenían, o decían tener, armas nucleares, una reivindicación que le costó el puesto y la vida a Saddam Hussein, pero sí los únicos que amenazaban con usarlas. Formaban una pandilla indeseable, sin duda, pero ese trío tan mentado no era el único que acaparaba mi fervor editorial. Había otro eje, acaso más extraño, formado por los líderes que entonces se esmeraban en desempeñar el papel de villano perfecto: Vladimir Putin y sus aspiraciones totalitarias a reconstruir la Madre Rusia, Silvio Berlusconi con sus maniobras para hacer de Italia un emporio familiar, y Kim Jong Il, heredero en funciones de la última dinastía comunista.

Autoritarios, corruptos y personalistas, los tres calificaban para déspotas, pero únicamente Kim contaba con un atributo adicional que superaba las peores ...