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ES TU MUNDO

Chelsea Clinton  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Qué es lo primero que recuerdas haber leído? La primera cosa que yo recuerdo haber leído por mi cuenta es el periódico local, uno de aquellos ejemplares de hace años que manchaban las manos de tinta. Seguramente, fue Corduroy o una historia de Jorge el Curioso lo primero que leí en mi vida, a mis padres en voz alta, pero lo que en mi cabeza marca la línea entre leer y no leer son los periódicos que me tenían absorta mientras desayunaba mis cereales. Probablemente, esto es así porque los periódicos eran lo que me permitía participar en las conversaciones de mis padres sobre lo que sucedía en nuestro pueblo, Little Rock (Arkansas), y en el mundo en general. Esas conversaciones tenían lugar en la mesa cada noche durante la cena y, especialmente, durante la comida de los domingos, después de misa. También cuando me llevaban al colegio, mientras volvíamos a casa tras mi clase de ballet, antes de las reuniones de las Guías Scouts y tras los partidos de sóftbol. En resumen, estábamos charlando continuamente.

Saber lo que contaba el periódico significaba que no tenía que esperar a que mis padres me lo explicaran todo, sino que podía hacer preguntas y comenzar conversaciones sobre lo que pasaba en el mundo. Pero lo mejor de todo era que el periódico me permitía ocultar toda la miel que les echaba a los cereales. De niña, mi madre no me dejaba tomar cereales azucarados (luego diré más al respecto), así que yo improvisaba, y les ponía mucha más miel de la que llevarían normalmente unos cereales azucarados. Por suerte, mi madre nunca se enteró.

Tuve una infancia muy afortunada. Mis mayores preocupaciones eran cosas como intentar que mi madre levantara su prohibición sobre los cereales azucarados, encontrar la manera de pegar en una cartulina un panal de arcilla, un Júpiter de papel maché o un arrecife de coral hecho con arcilla y palos de piruleta para distintos proyectos de ciencias, cómo vender más galletas de las Guías Scouts que el año anterior, o si mi mejor amiga, Elizabeth, y yo dormiríamos en su casa o en la mía la noche del sábado.

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