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FESTIVAL MATEMáTICO

Adrián Paenza

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Fragmento

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A mis padres, Fruma y Ernesto.

A mi hermana Laura, a mi cuñado Daniel y al resto de mi familia por el soporte afectivo incondicional.

A todos mis sobrinos: Lorena, Alejandro, Máximo, Andrea, Ignacio, Paula, Santiago, Lucio, Matías, Lucas, Amanda, Anderson, Brenda, Dante, Diego, Ellie, Gabriel, Griffin, Jason, Landon, Luca, Luz, María, María José, Mario, Marius, Max, Mía, Miguelito, Natalie, Nicola, Riley, Sabina, Sebastián, Ulises, Valentín, Valentina, Viviana, Whitney y Mila.

Mi gratitud para Glenda Vieites, Érica Marino, Violeta Noetinger y Mariana Vera.

También para Laura Spivak, Pablo Kaczor, Daniela Rodríguez Brot, Máximo Paenza, Ezequiel Cafaro y Stella Maris Gesteiro.

Y le agradezco a la vida que me haya dado la oportunidad de encontrarme hace más de 20 años con Claudio Martínez. No tengo ningún proyecto profesional en el que él no esté incluido.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Y para las cuatro personas que son mis guías éticos: Marcelo Bielsa, Alberto Kornblihtt, Víctor Hugo Morales y Horacio Verbitsky.

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Cuadraditos chocolatados

Máximo cumplió años la semana pasada y dos amigos suyos le regalaron una caja de cuadraditos de chocolate cada uno. Las dos cajas son iguales y los cuadraditos también, pero están rellenos con distintos tipos de crema; unos, rellenos de crema de ananá, y los otros, de crema de coco.

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Máximo estaba muy contento, pero su mamá le dijo que solamente podía comer un cuadradito de chocolate de cada uno de los sabores por día hasta que se terminen, para evitar que le hicieran mal a la panza.

Él pensaba cumplir con la indicación de su mamá, no quería terminar con dolor de estómago. Pero durante el fin de semana se distrajo jugando en la compu y en lugar de dos, sacó tres chocolates. Como eran todos iguales, no sabía a qué sabor correspondía cada uno, pero sí se dio cuenta de que había sacado dos cuadraditos de la caja de coco.

Si fueras amiga o amigo de Máximo, ¿se te ocurre alguna forma de ayudarlo para que pueda seguir cumpliendo las reglas que acordó con su mamá?

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Ideas para pensar

Hay tres cuadraditos, dos rellenos con crema de coco y uno con crema de ananá.

Los tres son exactamente iguales.

Máximo solo puede comer dos cua­dra­di­tos por día, uno de cada sabor. Pero no sabe cuál de los tres tendría que volver a guardar para seguir con la indicación de su mamá.

Por supuesto, no quiere tirar ningún bombón.

Tampoco puede comer primero uno y des­pués otro, porque podría suceder que e­li­gie­ra los dos rellenos de crema de coco y en­ton­ces ya no tendría forma de volver atrás.

Por la forma que tiene cada chocolate, puede cortarlos por la mitad.

Puede volver a sacar más chocolates de cualquiera de las dos cajas.

Si partiera los tres chocolates por la mi­tad, ¿podría hacer alguna combinación de esos trocitos para terminar comiendo uno de cada sabor? ¿O necesitaría más mitades?

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Y para terminar…

Imaginate que Máximo cortara los tres chocolates por la mitad. ¿Qué es lo que le quedaría arriba de la mesa? Se va a encontrar con seis mitades: dos de crema de ananá y cuatro de crema de coco.

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Si elige una mitad de cada uno, entonces tiene una mitad rellena de crema de ananá y dos mitades rellenas de crema de coco. El problema es que no sabe cuál es el que tiene la crema de ananá. Sabe que está entre las tres mitades, pero no en cuál de las tres.

Aquí fue donde pensé: ¿qué haría falta para tener un cuadradito completo de cada uno de los sabores?  ¿Querés pensarlo por tu cuenta antes de seguir leyendo?

Mientras tanto, yo sigo.

Me di cuenta de que me faltaría una mitad más de crema de ananá. ¿Cómo podría conseguirla y estar seguro de que era la correcta?

Yo sé que entre las tres mitades que no elegí, tiene que haber una como la que quiero, pero ¿cómo la encuentro? ¿Cómo hago para detectarla?

Y ahí se me ocurrió una idea. Está claro que no hay forma de que pueda determinar cuál de las que tengo delante de mí es de ananá. Pero, ¿y si busco por otro lado? Además de las mitades que tengo en la mesa, me quedan todos los chocolates que quedaron adentro de las cajas. ¿Qué pasa si busco allí?

Podría agarrar otro chocolate de la caja de ananá, cortarlo por la mitad y agregar una de las dos mitades a los tres trocitos que yo había separado. ¿Me seguís? ¡Listo! Con esta idea logré resolver el problema de este día.

¿Y después? ¿Cómo hago al día siguiente?

Tengo que buscar ahora alguna manera de ampliar la estrategia para los próximos días. Ah... pero... ¡ya sé lo que tengo que hacer! (¿Querés pensar vos por tu lado también?).

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¡Tengo que tomar el trocito relleno de crema de ananá que no usé recién y agregarlo a los tres que me habían quedado sin usar de antes! Creo que resolví todo. ¿Por qué? Porque si junto esas cuatro mitades, seguro que tiene que haber dos que están rellenas de ananá y otras dos que están rellenas de crema de coco. ¡Se terminó el problema!

Eso sí: ahora que el problema está resuelto, te digo que me dieron unas ganas de comer chocolate que no te puedo contar. A vos, ¿cuáles son los que más te gustan? A mí, el coco no me gusta mucho, pero el ananá... Mmm… Me encanta.

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Confusión

Como estaba llegando el invierno, Camila decidió comprarse algo de ropa. Mientras recorría las vidrieras vio un suéter muy lindo y entró a comprarlo. Al momento de pagar, la cajera le dio acciden­talmente $100 de más. Camila
estaba distraída, se guardó el vuelto en su
billetera sin mirarlo y se fue.

Al día siguiente, volvió al local para
comprar una camisa, que también le
había gustado, cuyo valor era de $70.
Graciosamente, cuando pagó la camisa,
lo hizo con los $100 de más que se se
había llevado por error el día anterior.
Como era esperable, al recibir los $ ...