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FINALE

Becca Fitzpatrick  

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Fragmento

Título original: Finale

Traducción: Mireia Rué

1.ª edición: junio, 2013

© 2012 by Becca Ajoy Fitzpatrick

© Ediciones B, S. A., 2013

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal: B. 21.252-2013

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-535-2

Maquetación ebook: Caurina.com

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

 

 

 

 

 

Para mi madre, que siempre me ha animado desde las gradas

(¡corre, cariño, corre!)

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

 

Preludio

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 8

CAPÍTULO 9

CAPÍTULO 10

CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 12

CAPÍTULO 13

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 15

CAPÍTULO 16

CAPÍTULO 17

CAPÍTULO 18

CAPÍTULO 19

CAPÍTULO 20

CAPÍTULO 21

CAPÍTULO 22

CAPÍTULO 23

CAPÍTULO 24

CAPÍTULO 25

CAPÍTULO 26

CAPÍTULO 27

CAPÍTULO 28

CAPÍTULO 29

CAPÍTULO 30

CAPÍTULO 31

CAPÍTULO 32

CAPÍTULO 33

CAPÍTULO 34

CAPÍTULO 35

CAPÍTULO 36

CAPÍTULO 37

CAPÍTULO 38

CAPÍTULO 39

CAPÍTULO 40

CAPÍTULO 41

EPÍLOGO

AGRADECIMIENTOS

Preludio

En la actualidad

Scott no creía en fantasmas. Los muertos se quedaban en la tumba y punto. Pero el entramado de túneles que se extendía bajo el parque de atracciones Delphic, arrullado por susurros y murmullos siseantes, le hizo reconsiderar su opinión. No le gustaba que sus pensamientos viajaran hasta Harrison Grey. No quería que se lo recordara por su implicación en el asesinato de un hombre. Gotas de humedad se desprendían del techo. Scott pensó en la sangre. El fuego de su antorcha proyectaba sombras en los muros, que olían a tierra fría y mojada. Pensó en las tumbas.

Una corriente helada le erizó los pelos de la nuca. Se volvió al instante y escrutó la oscuridad con desconfianza.

Nadie sabía que le había hecho a Harrison Grey el juramento de proteger a Nora. Como ya no podía decirle: «Eh, perdón por haberte causado la muerte», había decidido comprometerse a proteger a su hija. Lo cierto era que no se le daba bien eso de disculparse, pero era lo mejor que se le había ocurrido. Ni siquiera estaba seguro de que hacerle un juramento a un difunto comprometiera a nada.

Sin embargo, los sonidos huecos que resonaban a sus espaldas le hacían pensar lo contrario.

—¿Vienes?

Scott adivinó el perfil oscuro de los hombros de Dante unos pasos por delante de él.

—¿Falta mucho?

—Unos cinco minutos. —Dante rio entre dientes—. ¿Nervioso?

—Muerto de miedo. —Scott aceleró el paso para alcanzar a Dante y, con la esperanza de no parecer tan estúpido como se sentía, añadió—: ¿Qué pasa en esas reuniones? Es la primera vez que voy.

—Los altos cargos quieren conocer a Nora. Ahora es su líder.

—¿Significa eso que los Nefilim han aceptado que la Mano Negra ha muerto?

Scott no acababa de creérselo. Se suponía que la Mano Negra era inmortal. Todos los Nefilim lo eran. Entonces, ¿quién había encontrado el modo de acabar con él?

A Scott no le gustaba nada la respuesta que le venía a la cabeza cada vez que se lo preguntaba. Si Nora había sido la responsable... Si Patch la había ayudado...

Po

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