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FUERON POR TODO

Nicolás Wiñazki  

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Fragmento

Son las personalidades, y no los principios,

los que mueven una época.

OSCAR WILDE, Conversaciones

Y debía ser un poeta el que lo dijera,

Francisco de Quevedo:

donde no hay justicia es peligroso tener razón.

SUSANA VIAU, Clarín, 16 de febrero de 2013

La idea de una discusión es errónea.

Los chinos dicen que no hay que discutir

para ganar, sino para dar con la verdad.

La idea de ganar es horrible.

JORGE LUIS BORGES,

en una charla sobre pecados capitales con

el poeta y periodista Esteban Peicovich,

21 de abril de 1980

En algún lugar de las galias, todo parece apacible

Pero en realidad, pasan allí cosas bastante particulares.

En efecto, una amplia zanja lo separa en dos mitades, haciendo cada mitad inaccesible a la otra.

Tocadix: —Pese a la opinión de los enfrente, ¡soy el jefe indiscutido del pueblo!

Segregacionix: —¡El pueblo soy yo!

ROBERTO GOSCINNY y ALBERT UDERZO,

Ásterix el Galo, La gran zanja

HA SIDO EL MEJOR GOBIERNO DE LA HISTORIA ARGENTINA, continuador de una revolución de redistribución de la riqueza que había iniciado Juan Perón, y que fue interrumpida por dictadores asesinos y gobiernos liberales. Hemos asistido a un salto providencial en el tiempo impulsado por el pueblo. Los Kirchner resistieron, en promedio, dos intentos de golpe de Estado por cada uno de los más de doce años en el poder. Él había sacado en las elecciones de 2003 menor porcentaje de votos que el porcentaje de desocupados que había en aquella Nación de la ruina. Asumió la Presidencia el 25 de mayo de ese año, sin dejar en la puerta de la Casa Rosada ninguna de sus convicciones.

En su primer discurso, Néstor había prometido ante el Congreso: “Traje a rayas para los evasores”.

Se inició una nueva era incomparable a otras también democráticas.

Los Kirchner se hicieron cargo de varias deudas que el país mantenía con la ciudadanía.

Pidieron perdón desde el Estado por la última dictadura cívico-militar. Nadie había peleado en democracia, antes, contra los militares genocidas.

Los Kirchner impulsaron, respetando siempre la autonomía del Poder Judicial respecto al Ejecutivo, los juicios contra represores del Proceso.

En otra iniciativa epocal, veintiocho años después de que las Fuerzas Armadas interrumpieran el transcurrir popular y pacífico de la gestión de Isabel Perón que había tenido de ministro a José López Rega, un presidente de la República se animó a concurrir en persona al Colegio Militar para ordenar que descuelguen un retrato de Jorge Rafael Videla. Ninguno de sus antecesores había quitado la imagen del genocida de esa escuela en la que ya se educaban militares en democracia.

Las organizaciones de derechos humanos fueron recibidas en la Casa Rosada. Se les devolvió parte de la deuda que el gobierno, y la sociedad, tenían con ellas. Habían luchado en soledad contra el cercenamiento de las libertades básicas entre 1976 y 1983. Buscaron como pudieron a sus hijos y nietos desaparecidos. Habían sido capturados de modo ilegal por los militares golpistas. Centenares ellos permanecen aún desaparecidos. La energía del Proyecto se pondría, también, en recuperar a esos chicos criados por apropiadores que debían ser juzgados por ese delito.

“Somos los hijos de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo”, dijo Néstor en su primer discurso ante la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Fue él, también, el primero en exigir a Irán que deje investigar a la Justicia a los acusados en el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en lo que fue el ataque terrorista más terrible sufrido por la Argentina.

El país empezó a crecer a tasas chinas. La economía fue imparable desde que se recuperó la soberanía nacional dejando de lado las recetas neoliberales del Fondo Monetario Internacional (FMI), que a partir de un gesto único de la Casa Rosada ya no tuvo más injerencia en el modelo político-económico. Néstor canceló en efectivo la deuda de 9.181 millones de dólares que el país mantenía con ese organismo, que con sus programas noventistas había generado pobreza, indigencia y hambruna desde su sede central en Washington.

El eje de las relaciones internacionales se modificó.

Durante la IV Cumbre de las Américas, en noviembre los líderes de la región se alinearon en Mar del Plata detrás de la idea de Kirchner de imponer la no adhesión al Acuerdo de Libre Comercio con las Américas (ALCA). Estaba allí el presidente norteamericano George W. Bush, quien regresó derrotado a la Casa Blanca tras partir en su avión presidencial, el Air Force One. Los nuevos aliados internacionales de la Argentina pasaron a ser Venezuela, China, Ecuador, Rusia, Angola…

Las fuerzas mafiosas enquistadas en las policías, que se resistían a la transparencia del recambio democrático, favorecieron una ola de delitos comunes y complejos, secuestros. Entre los otros crímenes aún irresueltos por el accionar de las mafias del pasado en el interior de instituciones reformadas por los Kirchner, como la Justicia o la Inteligencia del Estado, quedaron la desaparición de un testigo de un juicio de lesa humanidad, Jorge Julio López, en la presidencia de Néstor, y al final del segundo período de su heredera, la participación en los hechos y la obstrucción de justicia en la investigación de Alberto Nisman, fiscal de la causa AMIA.

Kirchner retomó la agenda gubernamental en favor de los empleados y los sindicatos. La CGT volvía a tener un líder que defendía sus intereses.

La economía se reactivó y el país fue una fiesta de consumo. Se impulsaron créditos hipotecarios para la clase media. Renació la producción nacional. Y los hombres que vivían del campo aumentaron su patrimonio y cada vez más familias trabajaron en esa actividad que generaba más trabajo y nuevos emprendimientos en los pueblos y las ciudades de las provincias. Crecieron las exportaciones de materias primas. Y de otros productos, también.

Kirchner marcó límites a la antigua oligarquía. Sus alianzas serían con los movimientos sociales que el poder antes desoía. Los piqueteros mejor conocidos antes cortaban rutas; con el Proyecto, pasaron a ejercer funciones públicas para resolver las problemáticas que más conocían. Las reservas del Banco Central pasaron de los 14 mil a los 50 mil millones de dólares. Se equilibró con superávit el balance comercial.

La desocupación bajó a un dígito porcentual. Las inversiones internacionales acompañaron el crecimiento general de la Argentina que en 2003 venía de lo que parecía ser un pozo insondable y sin salida.

El santracruceño recuperó la autoridad del presidente, frágil, endeble y desprestigiada tras la sucesión fallida de sus más próximos antecesores en el cargo. El hombre casi desconocido para las mayorías capitalinas, aquel que vino del sur del mundo y vestía mocasines con trajes cruzados, les demostró a esas mayorías que podía gobernar para ellos.

El país salió del default. Se reestructuró la deuda soberana logrando una aceptación voluntaria de los tenedores de bonos por 67 mil millones de dólares, una operación macroeconómica récord. Años después, los llamados “fondos buitre” —que no habían aceptado ese trato como el 92,4 por ciento de los otros bonistas— buscaron boicotear al país en diversos frentes externos.

Se abrieron nuevas industrias.

En palabras presidenciales, la construcción fue el “sector más dinámico” del “modelo”. Se trataba de una estrategia: el gobierno apostó a un reparto de la obra pública nacional en distritos específicos de la República, que recibieron miles de millones de pesos para mejorar la vida de sus pobladores en los servicios relacionados con la pavimentación. Muchas provincias se beneficiaron con nueva infraestructura. Eran distritos antes relegados en los presupuestos públicos de los gobiernos nacionales.

Néstor Carlos Kirchner tuvo la oportunidad de postular para las elecciones presidenciales de 2007 a uno de los mejores cuadros que existían en el Partido Justicialista (PJ). Su esposa, Cristina Fernández.

Fue la primera mujer en ser elegida presidenta. Y Cristina también ganó la reelección en 2011.

Los Kirchner estatizaron Aerolíneas Argentinas. El país volvió a tener conectividad aérea en todo el territorio. Recuperaron la soberanía de los cielos.

Rescataron el dinero de los jubilados que controlaban las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP).

Con la creación de la Asignación Universal por Hijo (AUH), beneficiaron a los trabajadores y excluidos: el Estado pagaba mensualmente un monto fijo a cada una de las familias por cada uno de sus hijos. Esos pagos se reactualizaron.

El “boom del consumo” se impuso sobre la “variación de los precios”.

Los Kirchner desafiaron a los viejos y nuevos dueños de la tierra llevando al Parlamento la discusión de una ley que redistribuía las ganancias generadas por la exportación de la producción agropecuaria para que el Estado pueda terminar de resolver las “asignaturas pendientes”.

Esa innovación móvil en el esquema económico tradicional solo pudo ser frenada por un voto en el Senado. El del propio vicepresidente de la Nación, y presidente de la Cámara Alta, el radical Julio Cleto Cobos, que desempató la votación final de la ley por la negativa.

Un proyecto de la Presidenta reemplazó con una Ley de la Democracia una antigua norma de la dictadura que los gobiernos anteriores habían dejado intacta. Fue la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Con esta legislación, los medios pluralizaron la palabra, democratizaron las voces, les dieron espacio de expresión a las minorías excluidas y al periodismo crítico. Ya la creación de Fútbol para Todos había democratizado el acceso gratuito, universal y de calidad a los partidos del torneo nacional, emitidos por la Televisión Pública en tiempo real y con locución profesionalizada.

En julio de 2010, la Argentina se puso a la vanguardia mundial en cuanto al reconocimiento igualitario de los derechos humanos. Por iniciativa del Poder Ejecutivo, el Congreso sancionó la reforma del Código Civil que abrió la institución matrimonial para todos los ciudadanos, sin importar su sexo.

El mismo año, la ciudadanía demostró su apoyo masivo al “modelo” llenando las calles durante los cuatro días de los Festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810.

La calle fue alegría. Y pueblo. Masa, historia, felicidad. Los barrios se transfiguraron en arrabales, la felicidad fue colectiva. Esas cuatro noches culminaron con fuegos artificiales iluminando el cielo estrellado.

Viuda desde octubre de 2010, Cristina profundizó el “modelo de matriz diversificada con inclusión social”, haciendo f

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