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HERMANO

Santiago O'Donnell  

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Fragmento

LÍNEA DE TIEMPO

1959: Nace Mauricio

1959: Franco construye el puerto de Mar del Plata con Demaco

1966: Nace Mariano

1979-1995: Manliba maneja la recolección de basura de la Ciudad de Buenos Aires

1979-1985: Desarrollo inmobiliario Lincoln West en Nueva York

1982: Estatización de la deuda de Socma y Sevel

1983: Mauricio funda Mirgor con Caputo

1985: Infarto de Franco

1991: Secuestro de Mauricio

1992-1993: Mauricio vicepresidente de Sevel Argentina

1992: Sevel sale a bolsa y vende acciones a precios inflados

1993 (fines)-1995: Mauricio presidente de Sevel

1994: Inversión en el Banco Extrader

1995-2007: Mauricio presidente de Boca Juniors

1997-2003: Concesión del Correo Argentino

2001: Franco y Mauricio procesados por contrabando (sobre hechos ocurridos en 1994)

2001: Mariano se instala en Brasil para dirigir la expansión del grupo en ese país

2002: Pesificación asimétrica de la deuda de Socma y Sideco

2003: Mauricio pierde la elección a jefe de gobierno

2005-2007: Mauricio diputado

2006: Concesión del Belgrano Cargas

2007-2011: Mauricio jefe de gobierno

2007: Franco vende Iecsa a Calcaterra

2010: Franco cede Socma a sus hijos

2011-2015: Mauricio reelecto jefe de gobierno

2013: Mariano impugna la venta de Socma

2015-2019: Mauricio presidente de la nación

2019: Muere Franco Macri

2019: Mariano denuncia el vaciamiento de Socma

2020: Mauricio presidente de la Fundación FIFA

“HERMANO”

Prólogo

Domingo de marzo soleado y fresco en el coqueto barrio de La Horqueta, en la unión entre los dos ramales de la Panamericana, a la altura de Beccar y San Isidro. La cita es en el Seven Eleven, un discreto bar-restorán con fachada de ladrillo y galería con mesitas a un costado, detrás de un gran kiosco de revistas, en un centro comercial abierto y arbolado sobre la avenida Blanco Encalada. A la hora convenida, él ya me está esperando. Me llama con el brazo desde una mesa al aire libre, la más alejada de la vereda. Recuerdo el silencio. Faltan siete horas para que Alberto Fernández anuncie la esperada cuarentena, que entrará en vigor al día siguiente. La Horqueta parece un pueblo fantasma, pero el Seven Eleven de Beccar, milagrosamente, sigue abierto.

Adentro no hay clientes. Afuera, el único es Mariano Macri. Camisa celeste, pantalón kaki, ojos verdes, nariz importante, barba, sienes templadas, boca de jóker: la viva imagen de su papá. Erguido en la silla, hombros abiertos, espalda derecha, saluda afectuoso: “¿Cómo va, querido?”, con su voz grave y nasal. Me recibe con el codo, sin beso en la mejilla. “Se está cuidando. Tiene tres chicos jóvenes”, pienso. Una hora antes me había llamado desde su casa en un country de Pacheco y me dijo que teníamos que hablar. Nos encontramos a mitad de camino.

Desde la última vez que nos vimos hace dos semanas, el mundo se dio vuelta por culpa de la pandemia. La recomendación es no salir de nuestras casas. “Ayer estuve con Mauricio”, me dice, y entiendo. Hace dos meses que nos venimos reuniendo una o dos veces por semana para completar una larga entrevista que daría forma a este libro testimonial sobre su pelea con el expresidente. Y justo dos días antes de la cuarentena, por iniciativa de Mauricio, se reunieron.

Se acerca una moza y le pido un tostado y un café con leche. Él dice: “Ya estoy bien”, le sonríe atento y no pide nada. Parece contento de verme. Prendo el grabador del celular, lo dejo sobre la mesa vacía y le apunto con el micrófono. Él lo endereza apenas y se lo acerca un poco más, como si quisiera asegurarse de que una ráfaga de viento no se lleve lo

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