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HISTORIAS ENCADENADAS DE BUENOS AIRES

Diego M. Zigiotto  

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Fragmento

La primera historia no hace referencia a algún personaje histórico ni a algún escritor, político, artista o figura pública de nuestra ciudad, sino a mi propia abuela.

Mi abuela materna, Esther, falleció en 2010, cuando yo pergeñaba la idea de este libro. Sus últimos años los pasó internada en un hogar para ancianos, sumida en esa maldita enfermedad mental a la que algunos llaman irónicamente “el mal del Alemán”. Antes de ese trago más que amargo en la historia de ella y en la de toda la familia, mi abuela estuvo siempre presente en mi vida. Recuerdo cuando volvía del jardín de infantes de su mano y nos deteníamos a comprar galletitas, “las de los animalitos”, esos que, mezclados con durísimos confites de colores, también llevaba al zoológico cuando era chico.

Las meriendas se sofisticaron. Un día descubrí un detalle que para mi edad era algo mágico: cómo la manteca se derretía en la superficie de las tostadas calientes. Después, supe cómo se hacía la masa para los panqueques y a

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