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JUAN MANUEL DE ROSAS

Pacho O'Donnell  

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Fragmento

Índice

Portada

Dedicatoria

Epígrafe

Nota preliminar

Introducción

1. Católico y militar

2. Ni el apellido

3. Los heroicos Migueletes

4. El patrón de estancia

5. Las provincias invaden Buenos Aires

6. Un papel importante en el futuro

7. Dos caudillos populares

8. El cuatrero redimido

9. La tragedia de Navarro

10. El terror unitario

11. El pasajero del Countess of Chichester

12. El Puente de Márquez

13. Chusma y hordas salvajes

14. Yo no soy federal

15. La víctima ilustre

16. La medida más filantrópica

17. El “Carancho del monte”

18. Me dices que eres virtuoso

19. Los estancieros y el poder

20. El libre comercio

21. La gran seca

22. No a la Constitución

23. Una equivocación decisiva

24. Maquiavelo con traje de estanciero

25. La Campaña del Desierto

26. Los apostólicos no descansan

27. Los intelectuales y el héroe romántico

28. De rubia chala vestida

29. Las yermas y vastas pampas

30. El verdadero estado de la tierra

31. La suma del poder público

32. El mejor remedio

33. El noble título de su libertador

34. Las circunstancias extraordinarias

35. Los primos ingratos

36. La clase de muertos

37. Los esclavos del Restaurador

38. El líder necesario

39. La enajenación territorial

40. Los pueblos hidrópicos de cólera

41. El bautismo de Argentina

42. La entrega unitaria

43. El autócrata paternal

44. Guerra contra Bolivia y Perú

45. El bloqueo francés (o una lección saludable)

46. La máquina infernal

47. No somos hijos de la tierra

48. Los ejércitos auxiliares

49. Sombras de Heredia y Dorrego

50. Un profundo pesador

51. Si usted me cree de alguna utilidad

52. Muy dichosos nos reputaríamos

53. El cáncer de nuestros ejércitos

54. Enemigos de Dios y de los hombres

55. La honestidad del dictador

56. Objeto de mi veneración particular

57. Signo de imbecilidad moral

58. Quedó todo sosegado

59. La novela negra

60. La muerte de Encarnación

61. Se engañarían los bárbaros

62. El celador de calzones celestes

63. La Comisión Argentina y los auxiliares

64. Muchas lágrimas en casa

65. Nuestros puñales están listos

66. Lo que no se ve

67. A cubierto de la adversidad

68. La sinceridad imperial

69. Un gobierno que resiste el bloqueo

70. La hora de la venganza

71. La destitución del santo

72. La reparación de los quebrantos

73. El precursor de las derrotas

74. La política de ganar aliados

75. Un Monumento de Gloria

76. La entrega de la Patagonia

77. El “Manco” no cumple con su palabra

78. Arroyo Grande

79. La defensa de la soberanía

80. El empréstito imperial

81. Aturde, humilla e indigna

82. Los avatares del destino

83. La irresistible mirada

84. El ultimátum anglo-francés

85. Era una delicia

86. Daremos a la América el ejemplo

87. Por el bien parecer

88. Los “bonoleros”

89. Cuantos auxilios estén en su poder

90. Tablas de sangre

91. El chacal mercenario

92. Las tres cadenas

93. Sabemos rehacer la historia

94. La Argentina no es China

95. Tremola en el Paraná

96. Honestidad, patriotismo, dignidad

97. La capitulación de las potencias

98. La opinión socialista

99. La insolencia inaudita

100. Las aberrantes costumbres

101. Reconstruir el virreinato

102. El milagro de la casa de Brandemburgo

103. Que ahorquen al loco

104. La traición de Urquiza

105. La lealtad a toda prueba

106. El capítulo final

107. Los siete platos de arroz con leche

108. Más animal que intelectual

109. Nunca hubo hombre tan traicionado

110. Nación, territorio, estancia, pueblo

111. Una revolución que no les pertenece

112. Un refugiado distinguido

113. La purga histórica

114. Generosamente, de preferencia

115. Palermo según Sarmiento

116. Tu maldita ingratitud

117. La fiera que más daños ha hecho

118. Muy verdaderamente pobre

119. ¿Está usted tomando partido?

120. Rosas y el asesinato de Urquiza

121. Me ha dado un pesar

122. Esta clase de distracciones

123. Callar es dar la razón

124. El misterio de don Juan Manuel

Bibliografía

Biografía

Otros títulos del autor

Créditos

Grupo Santillana

A José María Rosa, maestro.

“El que busca la verdad escucha mi voz”,

respondió Jesús. Pilatos entonces dijo:

“¿Qué es la verdad?”.

SAN JUAN 18:38

Todas las verdades que se callan

se hacen venenosas.

NIETZSCHE

La Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, en 1857, varios años después de Caseros, declara “traidor a la Patria” a don Juan Manuel de Rosas. El Diario de Sesiones registra los argumentos del diputado Nicolás Albarellos:

“No puede librarse a la Historia el fallo del tirano Rosas. ¿Qué dirá la Historia cuando se vea que la Inglaterra ha devuelto a ese tirano los cañones tomados en acción de guerra y saludado su pabellón sangriento y manchado con una salva de 21 cañonazos? La Francia que hizo causa común con los enemigos de Rosas, que inició la cruzada en la que figura el General Lavalle, a su tiempo le abandonó y trató con Rosas, y también debió saludar su pabellón con 21 cañonazos. Yo pregunto, Señor, si estos hechos no borrarán en la Historia todo cuanto podemos decir los enemigos de Rosas, si no lo sancionamos con un acto legislativo como esta ley (...). ¿Qué se dirá en la Historia, y esto es triste decirlo, cuando se sepa que el valiente Almirante Brown, el héroe de la marina de guerra de la Independencia, fue el Almirante que defendió la tiranía de Rosas? ¿Que el general San Martín, el vencedor de los Andes, el padre de las glorias argentinas, le hizo el homenaje más grandioso que puede hacerse a un militar entregándole su espada? ¿Se verá a este hombre, Rosas, dentro de 20 o 50 años, tal como lo vemos nosotros a 5 años de su caída, si no nos adelantamos a votar una ley que lo castigue definitivamente con el dicterio de traidor? No señor, no podemos dejar el juicio de Rosas a la Historia, porque si no decimos desde ahora que era un traidor, y enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado por la Historia como un tirano, quizá lo sería como el más grande y glorioso de los argentinos”.

Introducción

Los historiadores liberales, que representan a los vencedores de Caseros, repudiaron a Rosas, quien planteó un proyecto de país distinto y, podría decirse, antagónico. Fue condenado al infierno de su versión de nuestra Historia, que es la oficial.

A pesar de que la esencia de la doctrina liberal es la sociedad entendida como un mercado regido por la libre interacción de sus fuerzas económicas, se le niega al Restaurador el haber incorporado a la Argentina al protocapitalismo al jerarquizar la unidad productiva que mayores ventajas comparativas ofrecía en relación con otras naciones: la estancia.

También el socialismo ha condenado a don Juan Manuel. Al igual que el liberalismo, es una concepción internacionalista de supuesta aplicación planetaria y siempre demostró rechazo hacia los movimientos de raíz y convocatoria popular (a los que denomina peyorativamente “populismos”) que se desarrollan por fuera de su control y de sus parámetros.

Ante tanta “orfandad” fue el conservadorismo reaccionario, ultracatólico, el que se impuso la reivindicación de la vida y obra de Rosas, proyectando en él su propio espíritu totalitario, funcional para la conservación de sus intereses antipopulares. Invirtiendo la realidad histórica de haberse enfrentado el Restaurador, con el apoyo de la chusma (gauchos, indios, mulatos, orilleros, etc.), a la oligarquía masónica y extranjerizante de su época.

No hay duda de que puede reprochársele a Rosas su tendencia al autoritarismo. Nada justifica persecuciones, degüellos o fusilamientos. Pero tienen razón sus

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