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JULIO CéSAR CHáVEZ: LA VERDADERA HISTORIA

Julio César Chávez  

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Fragmento

Julio César Chávez González: una vida excéntrica, llena de misterios, rodeada de grandes figuras que marcaron época.

Mientras México pasaba por momentos difíciles, “el sensacional y gran campeón mexicano” se convertía en una especie de héroe, en el que todos nuestros arquetipos se veían reflejados en sus triunfos consecutivos. Todos festejábamos sus inolvidables momentos de gloria.

Rodolfo Chávez González, el hermano mayor de Julio César, fue el que dio inicio a la aventura boxística de la familia y fue quien siempre lo acompañó en todo momento de su envidiable carrera.

Aquí la verdad de los mitos sobre la vida pública y privada de Julio César es revelada; en estas páginas se desnuda el alma del ídolo mexicano. Escrita de manera cruda y sin censura, esta biografía está realizada con el fin de que las próximas generaciones sean conocedoras de la verdad del boxeador más grande que dio México para el mundo.

Conozco a Rodolfo, buen amigo y quien me confió esta historia que ahora presentamos, hecha con su testimonio, con sus recuerdos y con muchas revelaciones que le hizo el gran campeón mexicano, Julio César Chávez, anécdotas y precisiones para este libro.

Por mi parte, me siento afortunado por haber convivido de cerca con el ángel que envuelve al carismático personaje. Un líder que cautivó a toda una nación. Rompiendo fronteras y paradigmas mientras su extraordinaria historia sigue dando de qué hablar.

JAVIER CUBEDO GONZÁLEZ

Cuando yo era sparring de Julio, cuando los dos practicábamos, aunque él tenía más de treinta peleas profesionales, sentía que lo dominaba, ya que lo consentía de cierta manera, no lo veía como un fuera de serie. Para mí sólo era el Cacho (así le decíamos en casa). Yo, con casi cien peleas profesionales venía de una derrota con un peleador muy duro: Ramón Avitia. Dos años más tarde se presentó la oportunidad de que Julio vengara mi derrota…

Zurdo Félix, primer entrenador de Julio César Chávez, nos dijo:

—Julio, salió un tiro para que te saques la espina y vengues a tu hermano.

—No —, le dije. Como hermano mayor de Julio César, creí que debía advertirle—. Está muy duro ese chavalo, no hay que agarrar esa pelea.

Pero Julio César dijo de inmediato:

—No, no, no, échamelo Zurdo, le voy a dar en su madre a ese cabrón.

Así era Julio mi hermano, un joven de mucho carácter que no le tenía miedo a nada ni a nadie… hasta ese momento. Aunque yo no estaba convencido de esa pelea, la tomamos y estuve en su esquina, muy nervioso por obvias razones.

Semanas más tarde, nos encontrábamos en el estadio Ángel Flores, empezando el primer round de la pelea; atacando con coraje desde un principio, como un perro rabioso al que le quitan la cadena para empezar a morder. Fue una pelea muy dura para los dos, de toma y daca. La afición de Culiacán que se daba cita en el recinto, estaba más que satisfecha por el espectáculo que estaban presenciando, ninguno de los dos peleadores retrocedían, por el contrario; para Julio no era una pelea más, quería vengarse por la derrota que su rival le había proporcionado a su hermano y demostrarme a mí y a él que era mejor. Así transcurrieron los rounds entre gritos de la afición y ese sonido que se produce entre boxeadores; como si golpearas una res con un bate de beisbol, acompañado de gemidos producidos por el esfuerzo de gladiadores. Así pasaron los rounds, hasta el sexto asalto, cuando Julio hizo desvanecer a su contrincante, dejándolo así, por más de un minuto tendido en la lona, mientras toda la afición lo felicitaba entre abrazos, palmadas y la algarabía que se produce en esos eventos. La verdad nunca esperé que ganara tan contundente; fue cuando pensé: “Algo trae este bato”, y desde ese momento dejó de ser un peleador común para mí.

Fue el carácter de mi hermano el que siempre lo sacó adelante. Quizás por la vida que nos tocó llevar desde niños. Por ello, antes de continuar con lo que yo le quiero llamar el despertar de El César, quiero dejar claro lo siguiente: este libro es resultado de toda una vida al lado de Julio César, está hecho con mis recuerdos en su mayoría y con cosas que él me confió, me platicó durante todos estos años. No le doy más vueltas, para empezar quiero remontarme a mi infancia para que entiendan mejor a la leyenda del boxeo.

RODOLFO CHÁVEZ

La infancia de
Julio César Chávez

Nuestra niñez se desarrolló en el entorno de un vagón de ferrocarril con mis padres y once hermanos: de mayor a menor, Rodolfo (yo), Rafael (Borrego), Lilian Guadalupe (Perla), Julio César, Cristina, Ariel, Sergio (Cherrys), María Isabel (Mary), Roberto, Cristian (Polito) y Omar.

Yo nací en Culiacán, Sinaloa y vivía en una casita muy humilde, con calles sin pavimentar, en La redonda, como le decían, frente al Palacio de Gobierno. A mi querido Culiacán no se le veía desarrollo alguno según me contaba mi papá que trabajaba como maquinista del ferrocarril del pacífico. Cuando cumplí ocho meses, le dieron la noticia a mi papá de que lo ocupaban en Obregón, Sonora, así que sin pensarlo nos fuimos a vivir allá los siguientes catorce años.

En Obregón vivíamos en una casita de dos cuartos y un baño, se encontraba situada por la calle Guerrero. Al cabo de ocho años ya éramos tres hermanos, hasta que un día, cuando se encontraba en nuestra humilde casa mi tío Ernesto y platicaba con mi mamá, que ya se encontraba embarazada de mi cuarto hermano, de manera inesperada se le reventó la fuente. Inmediatamente mi tío, quien siempre nos ayudó mucho de manera incondicional, llevó a mi mamá a su casa y llamó a un ginecólogo, qui

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