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LA BANDA DEL CIEMPIéS

Mario Levrero  

0


Fragmento

Levrero, Mario

La Banda del Ciempiés. - 1a ed. - Buenos Aires :

Mondadori, 2011.

EBook. (Literatura Mondadori)

ISBN 978-987-658-071-7

1. Narrativa Uruguaya. I. Título

CDD U863

Edición en formato digital: abril de 2011

© 2011, Editorial Sudamericana S.A.®

Humberto I 555, Buenos Aires.

Diseño de cubierta: Random House Mondadori, S.A.

Todos los derechos reservados.

Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin permiso previo por escrito de la editorial.

ISBN 978-987-658-071-7

www.megustaleer.com.ar

Conversión a formato digital: eBook Factory

http://www.ebookfactory.org

Para Alicia.

Con mi agradecimiento a Walter Güinle.

M. L.

PRIMERA PARTE

1

Smithe Andrews, jefe de policía de la ciudad, acababa de dormirse en su apartamento del piso 19 de la calle Central, cuando se sintió aferrado por una serie de manos brutales: sin tiempo de darse verdadera cuenta de lo que estaba sucediendo, fue arrancado de la cama, sacudido violentamente en distintas direcciones, entre confusos sonidos de voces que no gritaban pero sí se transmitían órdenes entre ellas, mezclando también algunos términos incomprensibles dirigidos a él, y finalmente elevado una y otra vez hacia el techo mediante su propia sábana, que los desconocidos agitaban enérgicamente con ese fin. Su cuerpo giraba en el aire y se contorsionaba; en algún momento la cabeza llegó a chocar levemente contra el cielorraso, aunque sin producirle dolor. Por último, las múltiples manos que aferraban la sábana dieron a ésta una torsión especial, y Smithe Andrews atravesó el grueso vidrio de la ventana del dormitorio y cayó hacia la calle. Una cabeza se asomó por el hueco del vidrio roto y por un instante lo miró caer. Luego asomó un brazo que se agitó saludándolo.

No lejos de allí se había formado una multitud integrada por algunos cientos de personas que salían de la última función de una importante sala cinematográfica. De pronto, pudo observarse que la multitud quedaba paralizada unos segundos, luego era recorrida por un curioso movimiento ondulante, con algo de eléctrico, y más tarde intentaba dispersarse hacia todas las direcciones, presa del pánico. El origen de todo esto había sido una voz de mujer que gritó apenas dos palabras: “¡El Ciempiés!”.

En efecto: a pocos met

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