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LA CANCIóN DE MBAMA

Javier Reverte  

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Fragmento

I

Cogo es una pequeña ciudad del sur de Guinea Ecuatorial, habitada por un millar de almas. Se sitúa en el lugar en donde confluyen los ríos Utamboni, Mveñ, Miltong y Congué para formar un gran estuario. A la región se la nomina como Río Muni, cuando en realidad no hay tal río, sino un anchuroso delta que se abre brioso sobre el Atlántico.

La calle principal de la población corre a la orilla del agua, que en función de las corrientes y las mareas es a ciertas horas salada y, en otras, dulce. Allí se encuentran los humildes colmados, el escuálido embarcadero de cayucos, los ruidosos bares, un par de hostales de suelo de tierra alisada, algunos comedores, en donde a menudo no tienen nada que ofrecer, una iglesia católica de empinadas escalinatas que recuerda al palacio del Conde Drácula, un colegio de monjas españolas, el puesto de policía, las ruinas del viejo aserradero de una empresa vasca y, en el extremo oriental, el barrio popular de Cogo Chico. La fuerza militar tiene su cuartel en el lado sur, en las afueras de la ciudad.

Hacia el interior, entre las arboledas de mangos, naranjos y bananos, se agrupan, encogidos y temerosos, algunos barrios de viviendas miserables. En una elevada colina que mira hacia occidente y que domina la calle principal de la ciudad y el estuario, se alza un decrépito hospital construido en la época de la colonia española y una sólida casa de dos plantas desde donde se contemplan espléndidos atardeceres, en los días claros, y un cortinón grisáceo y metálico cuando se desatan las enfurecidas lluvias del trópico. También se distinguen desde allí, al sur, los edificios de Cocobeach, la primera ciudad gabonesa, y a su derecha, el perfil achaparrado de las dos islas Elobey, que desde la distancia parecen una sola. El nombre es masculino, de modo que a una de ellas se la denomina Elobey Grande y, a la otra, Elobey Chico. La primera alberga a una treintena de pobladores y la segunda permanece deshabitada desde principios del pasado siglo.

El delta del Muni marca la frontera de Guinea Ecuatorial con Gabón y está rodeado en ambas riberas por una densa selva tropical que habitan boas huidizas y monos gritadores. El clima es muy caluroso durante todo el año y, en la época húmeda, llueve copiosamente todas las tardes. Toscos cayucos de madera, a menudo impulsados por remos o por velas fabricadas con bolsas de basura de plástico negro, surcan durante el día las aguas del estuario. Y algunos de ellos, los gobernados por pilotos más bravos, resisten las tardes de violenta lluvia y retan el malhumor del cielo y del mar, balanceándose como espectros oscuros sobre la tenebrosa superficie del Muni.

En el estuario se mezclan las aguas saladas del mar con las dulces de los ríos, de modo que las especies marinas y fluviales conviven en sus profundidades. Hasta los muelles de Cogo llegan a veces temibles tiburones blancos y, en ocasiones, en las pequeñas playas más alejadas del océano, se han capturado grandes y feroces cocodrilos.

Las únicas vías de comunicación de Cogo son la carretera que lleva a Bata, situada a ciento cincuenta kilómetros al norte, y la pista que conduce a Mbini, emplazada a unos ochenta, también en dirección norte. La carretera de Bata comenz

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