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LA COLMENA (EDICIóN CONMEMORATIVA DE LA RAE Y LA ASALE)

Camilo José Cela  

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Fragmento

 

LIMPIA, FIXA, Y DA ESPLENDOR.

 

 

El año del centenario luctuoso de Rubén Darío ha coincidido con el del natalicio del escritor español Camilo José Cela y con el VII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) organizado por Puerto Rico en la ciudad de San Juan a partir del 15 de marzo de 2016. Con anterioridad, la reunión plenaria de directores y presidentes de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) que tuvo lugar en Guadalajara de México el 1 de diciembre de 2014 aprobó el proyecto de una edición conmemorativa de ambos autores, y en una nueva asamblea de la misma índole, en Santiago de Chile el 15 de octubre de 2015, ASALE aprobó los proyectos finalmente desarrollados por Nicaragua y por España, respectivamente, de una obra selecta de Rubén y La colmena de Cela, conforme a las pautas de la colección de ediciones conmemorativas iniciada en 2004 con el Quijote, y luego continuada con títulos señeros como Cien años de soledad, La región más transparente, En verso y prosa. Antología de Gabriela Mistral, Antología general de Pablo Neruda y La ciudad y los perros.

En este caso, bajo la coordinación general del presidente de ASALE, y la supervisión textual y la elaboración del glosario por parte del encargado de publicaciones de la Academia Española, Carlos Domínguez Cintas, se han reunido cinco estudios preliminares, debidos al propio Darío Villanueva, al académico correspondiente de la Academia chilena Eduardo Godoy Gallardo, al académico español don Pedro Álvarez de Miranda que estudia la importante contribución de Cela al léxico de nuestra lengua, al catedrático Jorge Urrutia y al hijo del escritor, Camilo José Cela Conde, con su visión personal del Madrid de La colmena.

En cuanto al texto propiamente dicho de la novela, se han tenido muy en cuenta, como no podría ser de otro modo, las indicaciones expuestas por el autor en el prólogo general a sus Obra completa, que data de 1962, titulado «Cauteloso tiento por lo que pudiera tronar», donde se dan como «definitivas las versiones que hoy ofrezco y ruego a mis editores y traductores que en lo sucesivo, a ellas se remitan».

Finalmente, el volumen se completa, amén del glosario y el «censo de personajes», con el apartado encabezado por el rubro «Texto y discursos de La colmena», con sendas aportaciones del profesor Dru Dougherty y de la doctora Amalia Barboza, de la Universidad de Saarlandes (Alemania). Mención aparte merece el trabajo de transcripción e interpretación de los nuevos testimonios de la génesis textual de La colmena aparecidos en el legado del hispanista Noël Salomon depositado en la Biblioteca Nacional de España, minuciosa tarea que ha correspondido al catedrático de la Universidad de Barcelona don Ignacio Sotelo.

Además de a todos los colaboradores mencionados, ASALE desea expresar en este punto su más rendido agradecimiento a la Biblioteca Nacional de España y a su directora, doña Ana Santos, por todas las facilidades que nos han dado para enriquecer esta edición conmemorativa de La colmena con materiales textuales inéditos que marcan un hito en la transmisión de una de las más importantes novelas de la literatura en español del siglo XX.

Camilo José Cela, nacido en Iria Flavia (Padrón, A Coruña), el 11 de mayo de 1916, es el primer novelista español que consigue, en 1989, el Premio Nobel de Literatura, luego de que, por sus indiscutibles méritos en el mismo género literario, lo hubiesen obtenido el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1967) y el colombiano Gabriel García Márquez (1982), y posteriormente el peruano Mario Vargas Llosa (2010).

Fueron decisivos para su formación como escritor sus experiencias y contactos en el Madrid de la época inmediatamente anterior a la Guerra Civil. En la Facultad de Filosofía y Letras se hace amigo del poeta chileno Luis Enrique Délano, secretario del consulado de su país, a través del cual conoce a Pablo Neruda y Gabriela Mistral. El autodidactismo nutre, sin embargo, su incipiente inquietud literaria, que se manifiesta por vez primera con la publicación de varios poemas suyos en periódicos y revistas de La Plata, en la República Argentina, entre 1935 y 1938.

Terminada la Guerra Civil, en la que Camilo José Cela forma en el ejército franquista, es cuando se consolida su vocación, desarrollada mediante colaboraciones ocasionales en libros y revistas entre 1940 y 1942.

Su primera novela, La familia de Pascual Duarte, fue escrita entre 1940 y enero de 1942. Editada en los últimos días de diciembre de este mismo año, el éxito es inmediato y rotundo. Y se mantiene invariable, como para hacer de ella, hasta el presente, una de las obras más traducidas del español a las diversas lenguas después del Quijote.

Los veranos de 1947 a 1950 los pasa Cela en el pueblo abulense de Cebreros. Allí remata la primera versión de La colmena, la novela que ahora edita ASALE. Cinco años más tarde, en 1951 la publicación de la obra en Buenos Aires, tras un infructuoso forcejeo con la censura española, tuvo amplio eco a ambos lados del Atlántico, a pesar de su prohibición en España.

En 1952, Cela viaja a Chile y Argentina, adonde pensó incluso trasladarse, y en 1954 de nuevo visita varios países hispanoamericanos. En Caracas es declarado huésped de honor de la República y recibe el encargo de escribir una novela de ambientación venezolana, que aparece en 1955 con el título de La catira y obtiene el Premio de la Crítica en España. Desde ese año de 1954 Camilo José Cela fija su residencia en Palma de Mallorca. Allí comienza a publicar, en 1956, la revista mensual Papeles de Son Armadans, que desaparecerá, por dificultades económicas, en 1979. Se trata de una de las publicaciones más determinantes de la vida cultural española durante el franquismo, y en ella Cela abre sus páginas a los escritores españoles en el exilio, preferentemente en Latinoamérica, así como a autores procedentes de aquellas latitudes. Y el 26 de mayo de 1957 se produce el ingreso de Cela en la Real Academia Española para ocupar el sillón Q.

A principios de 1965, forma parte en La Habana del jurado del Premio Casa de las Américas. Y funda la editorial Alfaguara, en la que aparecerá, en 1966, ilustrada por Eduardo Vicente, la octava edición de La colmena, primera con el texto completo, sin las supresiones impuestas en su día por la censura argentina. Con motivo de un nuevo viaje a Hispanoamérica, Cela visita a su viejo amigo Pablo Neruda en su casa de la Isla Negra. Años más tarde, a raíz de la muerte del poeta y los dramáticos sucesos de Chile, Cela renuncia al doctorado que le había otorgado la Universidad de Santiago.

En febrero de 1985 Cela es elegido en París presidente de la Asociación Cultura Latina, puesto en el que sucede a Julio Cortázar. Y en 1986 constituye en su aldea natal la fundación que lleva su nombre, cuyo objetivo es, según reza el primer artículo de sus estatutos, «promover el estudio de la obra de Camilo José Cela y conservar su patrimonio cultural, humano y aun anecdótico».

En 1987, el escritor obtiene el Premio Príncipe de Asturias y viaja a Estados Unidos, pues está escribiendo su novela Cristo versus Arizona que se publicará al año siguiente. Y el jueves 19 de octubre de 1989, Camilo José Cela se convierte en el quinto Nobel de Literatura español, tras Echegaray, Benavente, Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre, premio que recibe de manos del rey de Suecia en Estocolmo el 10 de diciembre.

En diciembre de 1995, Cela inscribe, asimismo, su nombre en la lista de los galardonados con el Premio Miguel de Cervantes, el más importante de los concedidos a escritores hispanos. La muerte le sobreviene, finalmente, el 17 de enero de 2002 en Madrid, en donde había fijado su residencia poco antes.

La nueva aportación ya mencionada con la que contamos —el legado de Noël Salomon— enriquece la presente edición de La colmena y, como hemos apuntado, es objeto de un estudio particular por parte de Adolfo Sotelo.

Todo parece indicar que se trata de borradores complementarios a las distintas versiones de La colmena existentes en la Fundación Camilo José Cela, así como de otras páginas totalmente desconocidas hasta ahora que, probablemente por su intenso contenido sexual, el propio Cela descartó como parte del primer original que sometió infructuosamente a la censura en el año 1946.

La colmena, obra que estaba en el telar de Camilo José Cela desde fecha tan temprana como 1945, es arquetipo de una novela sin héroe, de protagonista colectivo o «novela de ciudad»; con un tiempo reducido de la historia narrada, no más de tres días; texto concebido como una red de microtextos, a modo de una novela «estructural» en la que cada elemento condiciona a y depende de todos los demás; y una novela conductista o «behaviorista», todo ello conforme a un modelo que desde Berlín Alexanderplatz de Döblin o el Ulises de Joyce nos lleva hasta Manhattan Transfer de John Don Passos o Mrs. Dalloway de Virginia Woolf.

 

Colofón

Camilo José Cela

 

Camilo José Cela.

Cenefa

 

 

DARÍO VILLANUEVA

 

LA COLMENA: PRINCIPIOS Y FINAL

 

 

Cuando, fallecido ya su autor, se han cumplido los sesenta y cinco años de La colmena en su primera andadura, la personalidad literaria de Camilo José Cela se nos muestra con nitidez como la de un escritor de casta, un poeta que ha mantenido unas peculiares y fructíferas relaciones con el género novelístico.

Cela no dejó nunca de afirmar una y otra vez lo que defendía Pío Baroja, uno de sus maestros indiscutibles, al que el escritor de Iria Flavia debe también la articulación marcadamente episódica y fragmentaria de sus discursos narrativos, la proliferación de personajes en ellos y el tratamiento de los mismos con la «técnica del improperio» de que hablaba Ortega y Gasset a propósito de Baroja, rasgos todos bien presentes en La colmena. Pero me interesa destacar especialmente ahora la tesis barojiana de que la novela es un «oficio sin metro», el reino literario de la libertad absoluta en la forma y en el contenido. Las declaraciones de Camilo José Cela en idéntico sentido se repiten a lo largo de su amplio recorrido artístico, pero acaso el texto que mejor refleje su pensamiento al respecto sea el titulado «Algunas palabras al que leyere», que precedió en 1953 a la primera edición de Mrs. Caldwell habla con su hijo:

 

He coleccionado definiciones de novela, he leído todo lo que sobre esta cuestión ha caído en mis manos, he escrito algunos artículos, he pronunciado varias conferencias y he pensado constantemente y con todo el rigor de que pueda ser capaz sobre el tema y, al final, me encuentro con que no sé, ni creo que sepa nadie, lo que, de verdad, es la novela. Es posible que la única definición sensata que sobre este género pudiera darse, fuera de decir que «novela es todo aquello que, editado en forma de libro, admite debajo del título, y entre paréntesis, la palabra novela» [Cela, 1953: 9].

 

 

EL ESCRITOR HACIA LA COLMENA

 

Por eso Cela, en los párrafos siguientes de dicho prólogo, puede jactarse de haber ensayado hasta 1953 cinco variedades distintas y haber utilizado cinco técnicas diferentes de novela, y en la misma convicción escribirá en 1955 La catira según las pautas tradicionales y ortodoxas de la narración con argumento, propondrá en 1962 que Tobogán de hambrientos es, mejor que una sarta de cuentos, una «novela inusual», y romperá de nuevo los moldes gastados de su obrador en Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid, publicada en 1969.

En 1973, en el acto de presentación de su desconcertante novela poética, que alcanza las últimas fronteras de la experimentación formal, Oficio de tinieblas 5, Camilo José Cela afirmaba:

 

Les ofrezco a ustedes el acta de defunción de mi maestría, de la que abdico. Me niego a convertirme en mi propia caricatura y también en mi propia mascarilla mortuoria. Tuve todo y renuncio a todo; quiero seguir creciendo y, para ello, me niego a construir.

 

Todas estas declaraciones del escritor, y tantas más que podríamos aducir, definen con justeza uno de los rasgos determinantes de su personalidad: su carácter de novelista experimental y en constante renovación que le reconocen los especialistas más acreditados, desde Gonzalo Sobejano hasta Ignacio Soldevila.

El abandono por parte de Cela de cualquier a priori en la elaboración de sus novelas, en un constante afán de investigación de nuevas fórmulas, le granjeó, sin embargo, entre algunos críticos menos perspicaces (y escritores como Francisco Umbral) la injusta fama de que era un excelente artífice de la prosa, pero un mediocre novelista, ya que casi todas sus obras sacrificaban ante el humorismo «tremendista», los tipos y los primores del estilo elementos fundamentales de la narrativa como la estructura, la acción o el desarrollo de los caracteres.

Si efectivamente admitiésemos que Cela no es un novelista, debería sin embargo causarnos no poca desazón el hecho evidente de que haya estado en la brecha en los cuatro momentos decisivos de nuestra novelística de la posguerra, rompiendo con lo estereotipado y abriendo caminos que otros seguirían después, pero también que haya sido él quien mejor supo conectar con la tradición narrativa precedente —siempre discontinua, y gravemente perjudicada por la escisión resultante de la Guerra Civil y el exilio—, actualizándola a la luz de los intentos renovadores del género producidos en Europa y América desde principios del siglo XX.

Esos cuatro momentos a los que nos referíamos fueron la reanudación del tracto de nuestra novelística después de la Guerra Civil, función que cumple en 1942 La familia de Pascual Duarte; la incursión en un realismo de denuncia social, para lo que sirvió de acicate y modelo La colmena en 1951; la superación de los excesos más indeseables de esta tendencia, sobre todo la ramplonería de sus presupuestos y la pobreza estilística y formal, que Cela suscribe en 1969 con Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid; y, finalmente, la oleada de la posmodernidad que en él se encarnó no solo en su última novela, Madera de boj, sino también en Cristo versus Arizona.

En el verano de 2005, la revista literaria Leer publicó, con motivo de su vigésimo aniversario, una encuesta de SigmaDos realizada con el objeto de identificar, en relación a varios criterios, las novelas españolas más destacadas del siglo XX. La muestra comprendía 201 entrevistas telefónicas o personales con profesores de literatura, críticos, escritores e intelectuales, y sus resultados son muy significativos para acreditar el lugar de Camilo José Cela en la narrativa contemporánea.

A la pregunta primera y fundamental, referida a las tres mejores novela

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