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LA DIETA DE FUEGO

Suhas G. Kshirsagar  

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Fragmento

PRÓLOGO

Deepak Chopra

En retrospectiva, me parece impresionante darme cuenta de que casi todo lo que no se dijo en las clases, en la escuela de medicina cuando yo estudiaba, ahora ocupa el escenario central. A mí nada se me enseñó sobre la conexión cuerpo-mente, de la cual la mayoría de mis profesores se habría reído. Los pensamientos y los sentimientos eran como fantasmas en la maquinaria, desconectados del cuerpo. La prevención se consideraba indigna de nuestro tiempo; se podía confiar a los higienistas y a las autoridades de salud pública. La nutrición estaba todavía más abajo en el rango de importancia y podía dejarse para los maestros de economía del hogar en la preparatoria.

En lo que respecta a los sistemas médicos orientales, existían en algún lugar del horizonte, tan lejos que nada se sabía sobre ellos antes de rechazarlos. Ahora la situación ha cambiado, y cuando doy la bienvenida a La dieta de fuego como una de las formas más prácticas y útiles de mejorar tu vida a través del ayurveda, muchos lectores sabrán a qué me refiero. Gracias a la popularidad de la medicina integral, el sistema tradicional de la India, ayurveda —término que literalmente se traduce como “ciencia de la vida”—, se ha convertido en otra modalidad de salud digna de respeto y estudio. Incluso ha hecho contribuciones invaluables al cuidado personal.

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El cuidado personal se ha convertido en el enfoque predominante de la prevención durante las últimas décadas. En la escuela de medicina me enseñaron que la salud es la ausencia de enfermedad, una definición por completo inadecuada. La salud es un estado positivo cuyos elementos —equilibrio, energía, un sentido de bienestar, la resistencia a la enfermedad y la estimulación de la curación— son justo lo que el ayurveda busca mantener y nutrir.

El doctor Suhas G. Kshirsagar ha fundado una práctica próspera sobre su extenso conocimiento del ayurveda, así que es de esperarse que su libro contenga un fondo de información y orientación fascinantes. Sin embargo, al mismo tiempo su principio básico es simple: el tracto digestivo es el sistema más crítico del cuerpo porque provee la energía que permite a las células cumplir con su ciclo de vida, desde el nacimiento hasta la muerte, en un estado de perfecto equilibrio. El concepto clave es el agni, el fuego digestivo, que da vitalidad a todo el sistema cuerpo-mente cuando arde de manera brillante y eficiente. Aún más, la calidad de tu metabolismo —el proceso de convertir la energía de los alimentos en tejidos corporales— decide la calidad y la cantidad de la vida que experimentas. Si tienes un metabolismo encendido, alimentado de agni, bajarás la velocidad del proceso de envejecimiento de tu cuerpo e impulsarás su salud en general. Ésta es la base de La dieta de fuego.

Como se usaba en la India, el agni cruza toda clase de fronteras. La palabra original en sánscrito puede ser literal (cualquier fuego se llama agni), metafórica (como un “fuego digestivo”), mítica (como en los fuegos sacrificiales donde arde ceremoniosamente el mal y se nutre el bien) y espiritual (los védicos vedas incluyen a uno llamado Agni). Esta liberalidad flagrante habría apabullado a mis profesores en la escuela de medicina, defensores de la medicina científica occidental (como lo fue mi padre, uno de los primeros cardiólogos entrenados por británicos en la India independiente). Pero desde entonces ha surgido la necesidad de abordar el bienestar desde una perspectiva holística. En realidad, cuando la mente y el cuerpo están del todo entrelazados, respetar límites rígidos carece de sentido; de hecho, es mala medicina.

Tenemos la suerte de estar viviendo durante un tiempo excitante para el cuidado personal, la prevención y el auge de la salud holística. Existe más conocimiento disponible sobre salud que nunca antes, si bien la sociedad continúa sufriendo debido a graves desórdenes en su estilo de vida, que en su mayoría se pueden prevenir. Actualizar a los nuevos médicos todavía es un problema, aunque la medicina integral está haciendo incursiones rápidas. Así que depende de cualquiera que quiera mantener un nivel alto de bienestar explorar las posibilidades de manera personal. El doctor Kshirsagar es un guía excelente y confiable para las preguntas más importantes que enfrentamos:

• ¿Cuál es la sabiduría del cuerpo?

• ¿Cómo podemos apoyar nuestro sistema innato de curación?

• ¿Qué papel juega la dieta en una salud a largo plazo?

• ¿Cuál es la mejor estrategia para retrasar y prevenir el proceso de envejecimiento?

Hay respuestas de cuerpo-mente a estas preguntas, y dado que el ayurveda ya respetaba la sabiduría del cuerpo miles de años antes de que la medicina occidental dejara de rechazar el concepto, me parece que La dieta de fuego resultará invaluable.

Como nota personal, conocí al doctor Kshirsagar hace más de 20 años, durante el auge del movimiento Meditación Trascendental, cuando yo apenas empezaba a enfocarme en el ayurveda y la medicina de cuerpo-mente en general. Lo he visto crecer con el paso de los años como un sanador compasivo y un clínico experto que ahora dirige Sanación Ayurvédica, una clínica de bienestar integral en el norte de California. Como orador y locutor muy solicitado, viaja alrededor del mundo enseñando cursos de ayurveda, entrenando a doctores y dando consulta a miles de personas.

En 2006 empezamos a trabajar juntos y se ha convertido en un maestro frecuente en el Centro de Bienestar Chopra, en Carlsbad, California, así como un orador principal en muchos de los programas y talleres. Como consejero de mi confianza, es responsable de ayudarme a crear diversas fórmulas y productos sobre la base de nuestra filosofía compartida.

Resulta agradable ver que más personas adoptan los poderes de la medicina integral hoy, si bien muchos siguen perdidos y confundidos; las cosas que se les han inculcado como prevención no se han vuelto una acción. El cambio es duro; no obstante, mientras la epidemia de obesidad aumente y las enfermedades de estilo de vida permanezcan como la causa número uno de fatalidad, la gente seguirá deseando y esperando tener el secreto de la salud perfecta. Este libro posee muchos de esos secretos. Te mostrará cómo obtener el control sobre tu cintura y te guiará hacia la forma correcta de comer para tu tipo de cuerpo (dosha), aquello que las dietas de moda no pueden. Espero que La dieta de fuego te ayude a dar equilibrio a tu mente y a tu cuerpo, así como a nutrir y a sanar tu vida como nunca antes. El doctor Kshirsagar ha hecho todo el trabajo duro por ti, diciéndote con exactitud qué debes hacer a la par que resalta la ciencia pertinente que ha investigado con diligencia para hacer que este mensaje antiguo cobre vida en el siglo XXI.

Por todas estas razones, necesitas adoptar el ayurveda, y no puedo pensar en una persona más calificada que el doctor Kshirsagar para traducir los conceptos que he estado explorando y sobre los que he escrito durante años en un programa al que cualquiera tiene acceso. La invitación está abierta. La cura espera.

PRIMERA PARTE

Vida

CAPÍTULO 1

Enciende tu fuego,
enciende tu vida

Comer es humano, pero digerir es divino.
Proverbio ayurvédico

Jane era un ejecutiva de 48 años, cuyo peso había aumentado en años recientes a pesar de que contaba calorías en forma constante. Cuando vino a verme, esperaba que le diera una fórmula secreta para acelerar su metabolismo y quitarse los 10 kilos de más que había estado intentando perder, inútilmente. La grasa abdominal era la que más la molestaba y no cedía, aun con dietas extremas. También quería recuperar la energía vibrante perdida unos 10 años atrás, ya que sentía cansancio, desgaste e inflamación crónicos, y me dijo con claridad que sabía todo lo relacionado con pérdida de peso. Aunque admitía que no tenía tiempo para hacer ejercicio en la semana por estar constantemente ocupada en su trabajo, en una gran organización no lucrativa, seguía las demás “reglas” que en últimas fechas están en el centro de cualquier dieta popular: consumir pocos carbohidratos; evitar azúcares refinados, gluten, lácteos y alcohol; hacer del desayuno la comida más importante del día, y comer de modo rutinario a lo largo del día para evadir sensaciones “peligrosas” de hambre.

Pero nada funcionaba. Su menú diario consistía en café para desayunar, ensalada para comer —sin aderezo— y pasta de trigo entero para cenar, con pescado o pollo y verduras hervidas para acompañar. A fin de evitar punzadas de hambre entre comidas, mantenía barras de granos enteros a la mano. Decir que Jane se sentía frustrada es poco. Probablemente la sorprendió más la pregunta que le hice cuando terminó de contarme su historia y su molestia:

—Jane, sé que estás aquí buscando ayuda con tu peso y baja energía, pero ¿qué es lo que te molesta más?

Pasemos por un momento a la historia de Macy, una mujer afroamericana de 46 años que había lidiado con su peso toda la vida. Había alcanzado hasta 130 kilos cuando la vi por primera vez en mi oficina, y los últimos 50 kilos se le habían sumado en la última década. Macy era maestra de comunicación sin violencia, aunque en nuestra visita inicial fue evidente para mí que, incluso al ser tan buena para escuchar con un sentido intuitivo los procesos mentales de sus alumnos, Macy no escuchaba su voz interna. Su diálogo interno se hallaba tan muerto como su metabolismo y no estaba conectada con sus pensamientos ni con su cuerpo, por lo que, al igual que Jane, se sorprendió con una de mis primeras preguntas:

—Macy, ¿cómo te sientes en tu cuerpo? ¿Qué necesitas para sentirte motivada?

Ahora te presento a Craig, un director de finanzas de Silicon Valley, de 29 años, con colesterol alto y un nivel elevado de azúcar en la sangre. Con alrededor de 20 kilos de sobrepeso, no tenía un historial de diabetes, si bien su presión sanguínea indicaba que se encontraba en estado prediabético, una clara señal de que su metabolismo no funcionaba en forma eficiente y de que sus problemas probablemente se originaran en su intestino. Su médico quería que tomara pastillas para la diabetes y Lipitor, un medicamento popular para bajar el colesterol. Craig me había visitado antes para tratar su acné, así que volvió en busca de ayuda para tomar el control de su colesterol y el azúcar en su sangre sin recurrir a pastillas. Y como sucedió con mis otros pacientes, Craig quedó desconcertado por mis preguntas:

—Craig, ¿qué es lo que está pasando en tu vida?

Tras unas cuantas semanas empecé a cambiar la salud de estas tres personas. Jane perdió sus primeros tres kilos y medio para la tercera semana, y un total de ocho kilos en el curso de seis semanas. Tal vez no parezca una cantidad tremenda comparada con la de mucha gente, pero mientras desaparecía su exceso de grasa, incluyendo la difícil grasa abdominal, ganó la preciada masa muscular y recuperó la energía juvenil.

El peso de Macy empezó a bajar de inmediato y en forma drástica. Aunque al visitarme por primera vez tenía miedo de ir al gimnasio por su peso, no tardé mucho en motivarla por medio de nuestro trabajo conjunto. Cuando le expliqué que su vida se había estancado y se había vuelto sedentaria, lo cual se reflejaba en su salud y en su cuerpo, aceptó que se sentía “atrapada” y “encasillada” en las responsabilidades y en las constantes exigencias de su vida. Nuestra meta, entonces, era devolverle la vida o prana de modo que abriera los canales de su cuerpo, además de sustentar una salud radiante y un peso ideal. Esta tarea empezaría con su dieta, que es con lo que lanzo todas las transformaciones de mis pacientes, pues de inmediato da en el blanco: el intestino y la forma en que metaboliza la comida para así dar vida y salud a los demás sistemas corporales. Después de sólo una semana, Macy sintió una diferencia enorme en su nivel de energía y automotivación. También empezó a sostener conversaciones positivas consigo misma, que reafirmaban su confianza y su buena actitud. A lo largo de las primeras cuatro semanas perdió la gigantesca cantidad de 13 kilos y estaba bien encaminada para lograr un peso ideal que nunca antes había visto en su vida. Asimismo, empezó a experimentar un ciclo menstrual normal, algo de lo que había carecido por años. Era una clara señal de que su cuerpo regresaba a su estado natural y óptimo. Con su metabolismo renovado y reajustado, el resto de su condición podría seguir un camino sano hacia la salud.

Para Craig, su remedio requirió que prestara atención al estrés laboral mientras limpiábamos su dieta y restaurábamos su metabolismo desde el intestino. Resultó que había estado sufriendo una presión extrema tanto en el trabajo como en casa, y le expliqué que el estrés —incluso más que su elección de comida o la falta de ejercicio— era a lo que respondía su cuerpo. Ningún médico se había preocupado por preguntarle qué ocurría en su vida; sólo querían prescribirle químicos que enmascararan los síntomas y dejaran la raíz del problema sin tratar. Desde mi punto de vista, el hígado, la vesícula biliar y el páncreas de Craig —colaboradores importantes del intestino para digerir la comida y dirigir el metabolismo— se hallaban molestos y enojados. Y, como aprenderás pronto, estos órganos son el asiento del agni, una fogosa fuerza de vida en el cuerpo que conduce y mantiene el bienestar (ya no digamos el manejo del peso ideal). Además de iniciarlo en mi protocolo de dieta, lo incité a que meditara, a que considerara otro trabajo menos estresante y a que se comunicara mejor con su esposa. Esto pareciera difícil de cumplir, mas no es así cuando consideras cómo abordó Craig cada objetivo que le di, de modo que entrara en su estilo de vida y en sus compromisos actuales.

Como muchas personas que trato, Jane, Craig y Macy alcanzaron un punto en que estaban literalmente asustados de comer por miedo a experimentar los efectos adversos de lo que fuera que pusieran en sus bocas. Sentían como si algo no funcionara en su cuerpo, como si su habilidad para digerir la comida se hubiera debilitado, sin importar lo que hicieran para resolver el problema. Y cuando le pedí a cada uno que describiera con palabras lo que sentía, sus respuestas fueron muy similares: constipado, grande, pesado, desganado y somnoliento.

Sé qué te estás preguntando: ¿exactamente cómo mejoraron su salud estas personas? ¿Qué había en su protocolo? (En otras palabras, ¿qué comieron, qué evitaron, qué hicieron y qué no hicieron?) Y ¿qué tenían que ver con su cura mis preguntas, un tanto extrañas e inusuales?

Bienvenido al ayurveda.

Cuando la gente me pide que defina “ayurveda”, empiezo por decir que es un acercamiento a la salud basado en la conciencia. Lo que entonces trae otras preguntas: ¿qué significa eso? ¿En qué se diferencia en realidad el ayurveda de otros métodos alternativos de curación? ¿Existe alguna prueba de su efectividad? ¿Qué tiene que ver el ayurveda con la pérdida de peso?

Para empezar, el ayurveda es uno de los sistemas más antiguos y amplios de cuidado de la salud que existen hoy. El término viene del sánscrito ayus (vida) y veda (conocimiento); literalmente significa “el conocimiento o la ciencia de la vida”. El ayurveda se desarrolló a partir de los textos espirituales de la India antigua, llamados Vedas o Libros de la sabiduría. Éstos tienen al menos 5 000 años y se les venera ampliamente como nuestra literatura más antigua. Este cuerpo de conocimiento registrado hace tanto tiempo al fin está recibiendo el reconocimiento que merece. De hecho, la ciencia moderna ahora demuestra por qué un acercamiento ayurvédico a la salud puede ser tan poderoso y efectivo. Mientras que La dieta de fuego ofrece sobre todo un programa de pérdida de peso comprobado y enseña los principios de un estilo de vida ayurvédico por medio de un acercamiento altamente práctico y convencional, también cimienta sus lecciones en las últimas investigaciones científicas.

Una de las filosofías centrales del ayurveda es la idea de que en el interior de cada uno de nosotros se ubica la capacidad de vivir existencias felices, equilibradas, libres de dolor y enfermedad. Sin embargo, para lograr esta tarea, al parecer sobrehumana, necesitamos crear las cualidades de la llamada “referencia personal”, lo cual significa que estás conectado contigo mismo en formas que te permiten optimizar cada aspecto de ti. En otras palabras, eres capaz de saber y controlar quién eres, el tipo de cuerpo que tienes, las decisiones que deberías tomar sobre tu estilo de vida, cómo procesar las emociones y el estrés, y cómo interactuar con las diferentes cualidades fundamentales de la naturaleza a tu alrededor mientras conservas sin esfuerzo un semblante equilibrado. Es cierto, resulta imposible mantener el equilibrio todo el tiempo y todos pasamos por transiciones en la vida que son normales, esperables; no obstante, la meta es contar con la conciencia de que luchas en forma constante por hacer algo bueno para ti en tu propia mente, tu propio cuerpo y tu propio espíritu, y de eso exactamente trata el ayurveda. Es en realidad la ciencia de la vida, la ciencia de la experiencia. La salud, de acuerdo con el ayurveda, es el máximo producto derivado de la iluminación, y como demostrará este libro, la iluminación se puede iniciar de inmediato con tu dieta.

Me doy cuenta de que la idea de que “la iluminación se inicia con dieta” puede sonar como una declaración absurda y abstracta, si bien intenta abrirte a este nuevo conocimiento y experimentar qué puede hacer por ti. Cuanto pido en este punto es que elijas la salud. Ése es el primer paso en el camino del bienestar radiante. Es lo que pedí a Jane, Macy y Craig que hicieran durante sus primeras consultas conmigo. Uno sólo puede ser tan sano como lo cree posible. El segundo paso, por supuesto, consiste en rechazar la mentalidad que afirma que la enfermedad es inevitable o que la vejez implica enfermedad y debilidad. Estoy aquí para decirte enfáticamente que no es así.

Pese a todo lo que sabemos hoy en comparación con lo que sabíamos hace sólo 100 años, la enfermedad sigue siendo un gran misterio. Sí, hemos decodificado nuestro ADN y creado vacunas y antibióticos para combatir invasores conocidos. Sí, hemos desarrollado herramientas de diagnóstico avanzado y afilado nuestras cuchillas para revolucionar las técnicas quirúrgicas, pero todavía luchamos para comprender por qué una persona muere de manera prematura mientras que otra vive con salud durante largo tiempo. Todos hemos escuchado del atleta sin ningún factor de riesgo para una enfermedad arterial coronaria, que de pronto muere de un infarto en el campo de juego; de la víctima de cáncer pulmonar que jamás fumó; del flaco obsesionado con la salud al que le diagnostican diabetes o demencia prematura, y de la persona VIH positiva que nunca muestra señales o síntomas de enfermedad y que jamás recibe medicamentos ni tratamiento. ¿Qué explica estos fenómenos? Acaso nunca lo sepamos. Me acuerdo —y me río— de una caricatura que una vez vi, en la que se mostraba a Dios pensando sobre el hecho de que decodificamos nuestro ADN. Él dice algo como: “Oh, no. Ahora debo cambiar la contraseña”.

Me parece que todos podemos concordar en que, además de aceptar un cierto misterio en torno de la funcionalidad del cuerpo, y ya sea que se enferme y se debilite o no, cómo elegimos vivir y pensar tiene un efecto profundo en nuestra salud y psicología. Resulta mucho más fácil y barato prevenir la enfermedad que tratarla una vez establecida, y la prevención no puede darse como suelen hacerlo los tratamientos, enfocados en un área específica. No existe tal cosa como la “prevención dirigida”: debemos honrar al cuerpo como un todo, como una unidad compleja. Por eso el ayurveda puede ser tan poderoso. Nos dice que la mente ejerce la mayor influencia sobre el cuerpo y que evitar la enfermedad requiere que equilibremos nuestra propia conciencia y extendamos ese equilibrio hasta el cuerpo. Esto, a su vez, se manifiesta en un mejor estado de salud.

El doctor está aquí

Antes de entrar en los detalles de lo que puedes esperar de esta dieta, déjame presentarme. El viaje que he tomado durante los últimos veintitantos años te dará una idea de cómo he creado este programa y por qué estoy tan emocionado de compartirlo contigo, dados los resultados que he observado entre mis pacientes.

Si no lo has notado hasta ahora, no soy un médico occidental tradicional con un título estadounidense y en mi oficina hago las cosas de modo diferente. Nací en la India. Mis primeros años fueron los típicos de un joven indio nacido en una familia de brahmanes —“los custodios de la cultura védica”—, quienes se encuentran obligados a seguir la escritura ayurvédica. La palabra “brahmán” se refiere a cierta clase de personas en las sociedades hindúes tradicionales que, dado su linaje, son responsables de convertirse en líderes espirituales y sanadoras en una profesión noble. Así que, en cierto sentido, estaba destinado a convertirme en doctor y maestro; de hecho, a la edad de ocho años estaba oficialmente iniciado en este deber y pasé las siguientes dos décadas participando en estudios rigurosos con varias autoridades y gurús, incluyendo médicos y académicos distinguidos del mundo entero. Mi viaje ha sido extraordinario. Luego de interactuar con comunidades del cuidado de la salud, escuelas de pensamiento, culturas y métodos de práctica muy diferentes en todo el planeta, integré lo que vi y experimenté en un conjunto de habilidades único, cimentado en mi formación ayurvédica.

La comida y las fórmulas herbales siempre han estado en el corazón de mi práctica. Durante mi entrenamiento formal aprendí que la comida es igual de importante en el proceso de curación que la medicina misma. Los hospitales donde trabajé estaban equipados con cocinas muy completas y ahí se me enseñó cómo diseñar comidas especiales para pacientes, así como a dar una importancia especial al origen del problema, en lugar de sólo reconocer los síntomas.

Obtuve mi licenciatura en medicina y cirugía ayurvédica en la Universidad Pune, en la ciudad homónima al sureste de Mumbai, y continué con mi educación para obtener un doctorado en medicina ayurvédica en Pune. Después de mi graduación empecé a practicar medicina en un área rural a las afueras, hasta que un día Maharishi Mahesh Yogi, el padre del movimiento Meditación Trascendental, me invitó a unirme a su equipo en Holanda. Esto cambiaría todo en mi vida, pues Maharishi buscaba médicos ayurvédicos tradicionales para traer el ayurveda a Occidente. Aunque yo tenía 25 años y sentía reservas sobre enseñar ayurveda fuera de mi cultura oriental, di el paso, me mudé y nunca miré atrás. Viajé a 38 países durante mis 10 años con Maharishi y en 1999 llegué a Estados Unidos para dirigir el mundialmente famoso centro de salud Panchakarma, en Fairfield, Iowa. Mientras estuve en Fairfield continué viajando extensamente a lo largo de Estados Unidos para dar cátedras.

Entrar en la cultura occidental tuvo un impacto profundo en mí. Además de aprender inglés, la inmersión en la forma de vida occidental me otorgó una nueva perspectiva sobre el mundo y mi papel en él. No me tomó demasiado tiempo darme cuenta de los extensos efectos que ejerce en muchas personas la dieta occidental, la cual me pareció escasa en nutrientes esenciales. Mis antecedentes ayurvédicos me habían enseñado que la comida es medicina, aunque no veía comidas “medicinales” en ningún lado. Esto me impulsó a encontrar nuevas formas de nutrir a mis pacientes al compartirles secretos de cocina, simples y prácticos, que resultaran en comidas que contuvieran los elementos esenciales para el cuerpo y que resultaran fáciles de digerir y preparar. También debían cubrir otros dos estándares altos: 1) tener un efecto desintoxicante y rejuvenecedor, y 2) tener un efecto relajante para la mente, dado que muchos de mis pacientes peleaban a diario contra el estrés y la ansiedad. Muy pronto empecé a recomendar las antiguas recetas de mi enseñanza india a mis pacientes, y los resultados que vi hablan por sí mismos.

Doy consulta a una enorme cantidad de personas de todos los estilos de vida, muchas de las cuales me visitan en mi clínica en Santa Cruz una vez que no hallan más respuestas en el acercamiento tradicional de la medicina occidental para tratar ciertas condiciones, o bien aquellas que sólo quieren “sentirse mejor” tras un largo episodio de síntomas vagos y sin diagnosticar. Algunas esperan reducir su vulnerabilidad a futuros padecimientos y enfermedades, a la vez que aprenden nuevas estrategias para sobrellevar el estrés, la tensión y la preocupación, y alcanzan un estado emocional más estable.

Soy muy directo con mis pacientes desde el momento en que los conozco. Les pregunto con claridad cuál es su objetivo e investigo profundamente su estilo de vida y sus hábitos alimenticios como pocos doctores tradicionales lo hacen durante las consultas iniciales. Además de las cuestiones de rutina sobre su historial médico, medicinas, suplementos y preocupaciones mayores, les pregunto sobre sus prácticas espirituales, trabajo, vida sexual, nivel de estrés, habilidad para tomar decisiones, calidad de sueño, tipo de sueños y vulnerabilidad a sentimientos como celos, envidia, ira y apego excesivo. Incluso llego a preguntar sobre los sabores que prefieren, a qué hora del día ingieren sus comidas, cómo planean sus días y si experimentan o no estrés en alguna relación cercana. Como hice con Jane, Macy y Craig, mis primeras preguntas suelen parecer ajenas a sus quejas o a sus razones para estar en mi oficina, si bien tan pronto como las cuestiono en cuanto a qué les molesta más, la verdad sale a relucir. Y la “verdad” suele estar en el corazón de la salud y de los problemas de peso. La mayor parte del tiempo no se trata del peso en sí. De hecho, están muy conscientes del peso extra, pero lo que más les molesta son sus síntomas, para los cuales la medicina tradicional parece no tener un remedio rápido. Sin embargo, una vez que las inicio en mi plan, sus órganos y sus sistemas empiezan a regularse a sí mismos. Comienzan a sentir un flujo de energía que nunca antes habían experimentado. El peso empieza a desaparecer y también la miríada de síntomas.

A lo largo de las últimas dos décadas he tratado a más de 15 000 pacientes y he entrenado a miles de otros proveedores del cuidado de la salud en teoría y práctica ayurvédicas. También he colaborado con médicos prominentes para diseñar protocolos de tratamiento y formular nuevos programas y productos de salud y bienestar. En el Centro Chopra, por ejemplo, entreno a su personal y a los médicos para que adquieran el lenguaje y las herramientas necesarias para incorporar una estrategia ayurvédica en su práctica. Un ejemplo clásico al respecto sería un caso en que un paciente se queja de insomnio. Además de identificar cualquier causa médica subyacente para la condición, ayudo a determinar qué clase de desequilibrio corporal puede causar el problema. Si la persona tiene problemas para quedarse dormida, es posible que éste sea un signo de un desequilibrio de vata; si él o ella se duerme sin problemas, pero luego despierta en la noche con la mente completamente activa, incapaz de volverse a dormir, entonces el culpable podría ser un desequilibrio de pitta, y si la persona tiene problemas para despertar en la mañana y empezar con un montón de energía natural, entonces señalo un desequilibrio de kapha. Si estos términos —vata, pitta, kapha— te resultan extraños, espera. Pronto comprenderás qué significan y cómo se relaciona cada uno contigo. Te ayudaré a entender mejor tu cuerpo, así como sus preferencias y sus proclividades intrínsecas. Esto te permitirá encontrar al fin un plan de acción para toda la vida que mantengas y apoye tu bienestar (¡y tu cintura ideal!)

Para estar claros, el ayurveda no es un sustituto de la medicina occidental tradicional. Expande nuestro conocimiento y añade una dimensión necesaria al entrenamiento convencional. Mezclar el ayurveda con la ...