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LA ENTREVISTA

Liliana Bodoc  

4


Fragmento

Cualquier conversación acerca de la profesora Inés Mavers terminaba del mismo modo: pero sabe mucho.

¿Vieron cómo camina?

¿Y los pañuelitos descartables?

No falta ni muerta.

Pero sabe mucho.

¿Quién se murió?

Nadie.

Pero sabe mucho.

Tal vez alguien objetaría que se trataba de un conocimiento enciclopédico: datos con datos con datos, guiso de datos, un armario lleno, una vida entera dedicada a las fechas, los nombres, las categorías y los tipos de discursos.

Como fuera, Inés Mavers, profesora de Lengua y Literatura, lograba impresionar a sus jóvenes oyentes.

Ese martes de inicios de noviembre, turno mañana, giró hacia el pizarrón, y en el sitio didácticamente correcto escribió con caligrafía capaz de sobreponerse al trazo rústico de la tiza:

Entrevistamos a una persona destacada de la comunidad.

A Inés Mavers le encantaba el plural: resumimos, estudiamos, leemos, sacamos conclusiones. O de lo contrario, ¡señores!, desaprobamos la materia.

A Inés Mavers le encantaba el plural:

Entrevistamos a una persona destacada de la comunidad.

Antes de formar los grupos, la profesora aclaró que los alumnos debían solicitarle al entrevistado una breve presentación, o bien hacerla ellos mismos.

A Manuel Reyes se le cayó la gorra que hacía girar sobre su dedo índice. La mirada impaciente de la profesora no logró inmutar al alumno, que continuó indolente, echado sobre el respaldo.

La profesora explicó que cada entrevista debía constar de siete preguntas pertinentes, referidas a la actividad o profesión del informante, ¡sin entrometerse en asuntos privados! ¿Lo tenemos claro, señores?

—Una pregunta, profesora —dijo Guadalupe Bauco.

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