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LA GRAN AVENTURA HUMANA

Miguel Brieva  

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Fragmento

Introducción
Comenzar a pensar

No son posibles los grandes cambios en el destino de la humanidad hasta que tenga lugar un gran cambio en la constitución fundamental de su modo de pensar.

J. S. MILL

Este libro es la culminación de varios años de trabajo e investigación surgidos a partir de un hecho que marcó mi vida, una situación límite que me llevó a replantearme hasta la propia existencia y derivó en una búsqueda de sentido y trascendencia. La presente obra está dirigida a todas aquellas personas que desean tener una vida diferente, con un verdadero sentido, dejar un aporte significativo al mundo y, a la vez, alcanzar la plenitud y la felicidad.

Lo que leeremos en las próximas páginas no es de carácter popular con simples consejos. No encontraremos fórmulas ni recetas, puesto que, desde mi punto de vista y apoyado en mis investigaciones, tales planteos no funcionan. En su lugar, hallaremos principios universales que nos iniciarán por un camino de descubrimiento rico en posibilidades y plagado de dicha en cada paso. Estos principios literalmente tienen el potencial de transformar nuestra vida y la de todos aquellos que de alguna manera están ligados a nosotros.

La felicidad

Desde los albores de la humanidad, el hombre desea, por sobre todas las cosas, alcanzar la felicidad. Los demás deseos —salud, riqueza, poder, belleza, incluso amor— son solo deseados por pensar que nos proveerán esa felicidad. Sin embargo, si todos deseamos lo mismo, ¿por qué llevamos vidas tan diferentes? Esta pregunta me ha obsesionado a tal punto que pasé los últimos años investigando su respuesta y desarrollé lo que posteriormente denominé la ley del propósito.

La mayoría de nosotros padecemos lo que algunos denominan “ansiedad ontológica” y que otros gustan llamar “angustia existencial”. Básicamente, es el sentimiento de que la vida carece de sentido, cuando nos preguntamos: ¿para qué vivimos?, ¿cuál es el fin?, y no encontramos ninguna respuesta que nos brinde consuelo. La vida simplemente no vale la pena porque nada parece tener sentido. Todo produce la sensación de que se trata de una serie de sucesos, desafortunados algunos y agradables otros, que no alcanzan a llenar ese vacío interior, esa necesidad de sentir que somos importantes por algo, porque todo tiene un propósito. Luego, nos preguntamos por qué no logramos todo lo que nos proponemos y por qué no vivimos una vida plena y feliz.

Cuando somos adolescentes, vivimos ignorantes, llenos de esperanza y plagados de sueños pero, al llegar la adultez y con ell

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