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LA MAFIA DEL BIEN

Jorge Asís  

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Fragmento

DEL GOBIERNO BORDER
AL GOBIERNO LIGHT

En los últimos doce años, entre Néstor, El Furia, y La ­­Doctora mantuvieron entretenida a la sociedad. Con la congoja en la garganta. A través de una sucesión inagotable de situaciones límite, todas fronterizas. Con las tensiones que siempre bordearon el drama existencial.

Acordarse, por ejemplo, del lío con Uruguay por las pasteras. De aquel patriótico Corsódromo de Gualeguaychú, repleto de gobernadores arrastrados. Y con Juan Carlos Blumberg incluido (tener presente también aquellas conmovedoras velas que complementaban los discursos del olvidado Blumberg).

Acordarse de aquellas impresionantes concentraciones populares, cuando transcurrió el lío del campo.

De la tarde en que, entre aplausos y papelitos, El Furia abrazó a La Doctora en un final y le dijo “te amo”.

Hasta derivar en la caída, el “no positivo”.

O evóquese brevemente la guerra perdida con Clarín. El Grupo amigo que tanto ayudó para conquistar la hegemonía, transformado, de repente, en el enemigo que los iba a vencer.

Evóquese la frontera clavada en aquel 7 de diciembre. Cuando no pasó absolutamente nada.

Los altibajos cinematográficos del kirchnerismo siempre emocionaron. Las caídas entendidas como vísperas de recuperaciones. Por el campo, por Clarín, por los Buitres, por el Uruguay. O por perder las legislativas con Francisco de Narváez, El Caudillo Popular. Para ellos un Supermercadista Colombiano.

Sin ir más lejos, evóquese el dolor con que La Doctora recibió la coronación del enemigo Jorge Bergoglio. “Habemus Papa”. Cuando la pobre notificó la terrible novedad en Tecnópolis, ante los militantes dispuestos a abuchear al cura. Para ser el papa Francisco, en menos de un mes, el conductor de La Doctora.

DÍAS DE CAMISÓN

Durante el kirchnerismo, todo fue implacablemente intenso. Con graves tendencias hacia la espectacularidad. Con el suspenso memorable de cualquier miniserie indigna de Netflix.

El kirchnerismo transcurrió, como si fuera un film de aventuras, hasta la invariable decadencia.

Con situaciones terminales. Con la sensibilidad colectiva que depara la conmoción de la muerte.

Evóquese aquella mañana de 2010. La ceremonia triste en La Rosada. Con los muchachos emocionados que desfilaban ante la viuda, que se mostraba entera.

Evóquense las operaciones equivocadas que transformaron al inspirado doctor Nelson Castro en best seller.

Con aquellos días postoperatorios del camisón, que inspiraron un cuento que el cronista nunca va a publicar. La madre, la hermana, la hija y La Doctora que se reponía, las cuatro en camisón. Cuando solo Máximo podía entrar a visitarlas. Y El Wado.

EXTRAÑAR

Al kirchnerismo border se lo va a extrañar.

Damas que se enfurecían en cuanto se escuchaba la voz de La Doctora por cadena nacional.

Con el enigma generacional de La Cámpora, que se metía en todas partes.

Y hasta se van a extrañar las sinuosas relaciones de castigo y acercamiento entre La Doctora y Scioli. Situaciones ideales para un drama de Roberto Cossa o de Carlos Gorostiza. Derivaron en la hilarante consagración de Mauricio, fortalecido por la auditoría moral de la señora Elisa Carrió, La Demoledora.

Consta que lo más grave, para un gobierno border, es ser sucedido por un gobierno light. Un gobierno con pretensiones de normalidad. Como el de Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.

Porque los desbordes, los desaguisados enloquecidos, las demencias presupuestarias, deben ser resueltos por los traficantes pudorosos de la virtud.

Por los transparentes transitorios, que no tienen nada que ver con el aburrimiento.

Una arquitectura mental border, transgresora, que danzó como Ava Gardner entre las negras coloridas de Angola, iba a ser estéticamente doblegada por los pasitos simplones de Mauricio.

Un light que oculta, entre nosotros, su fría perversidad. Entre los globos y la euforia de gente como uno. Donde no aparece un negrito ni siquiera para disimular.

EVITAR OTRO FRACASO DE LA VIRTUD

Macri va, razonablemente, por el bronce.

Confirma que quiere “gobernar para todos”. En especial “para los que menos tienen”. Se impone creerle.

Sin embargo, entre los fastos puntuales del traspaso, pudo percibirse que el corte es transversal.

Es social, es económico, pero sobre todo es cultural.

GENTE LINDA, CONTENTA Y BLANCA

Toda gente linda. “Gente como uno”. Tanto adentro como afuera.

Movilizada por sus propios medios. Sin necesidad de alquilar micros. Sin distribución de choripanes.

Gente, en general, bien vestida, contenta y blanca.

Sin presencias de pobres. De desposeídos. Sin un morochito para disimular. Revisar material gráfico y filmografías.

Los cristinistas se enojaron cuando se les dijo que un gobierno no podía sostenerse con el apoyo exclusivo de los que “sacan”. Y enfrentado a los que “ponen”. Los sutiles ciudadanos silenciosos que pagan impuestos, terapias, consumen pasajes, prepagas, y mueven la economía. Aunque no inviertan. Por desconfianza.

Son los entusiastas que protagonizaron las ceremonias colectivas de los cacerolazos. En España, con mucha menos concentración de multitudes, sus promotores crearon Podemos. Hoy disputan el poder. Aquí, en cambio, sus promotores, los ingeniosos programadores de la improvisación, consiguieron, a lo sumo, empleos como prenseros. Y fatigan las redes sociales.

Hoy todo cambió. El mecanismo es a la inversa. Gobierna la algarabía de los que ponen, y a lo mejor por la confianza en Mauricio pueden invertir alguna parte, aunque sea ínfima, del “canuto”.

A pesar de que El Ángel Exterminador, en su tránsito hacia el bronce, mantiene intenciones de favorecer a los que sacan. Cambiarles la vida para que no necesiten sacar más.

Ripioso camino el del bronce. Con precipicios a los costados.

Lo importante es que la Argentina blanca disfruta de su fiesta postergada. De su “esperanza”. Del contagioso optimismo que se transmite, en circuito cerrado. Del reencuentro con las ilusiones que se suponían irrecuperables. Perdidas.

Por la certeza de disponer de un gobierno que la representa. Y que se propone trascender (es la idea fija del bronce).

Con la incorporación del desplazado a la alegría colectiva. Para que aparezca, al menos de refilón, en la foto actual.

EL FRACASO DE LA VIRTUD

Eufóricos transgresores blancos se fotografiaron burlonamente con “las patas en la fuente” de una plaza. No fue en la Plaza de Mayo. Como en la evocación del poema de Alfredo Carlino. O de Leónidas Lamborghini.

Pero el efecto buscado se logra: consiste en burlarse del peronismo vencido.

Abundan los leñadores de árboles caídos. Como otros transgresores que prefieren discutir si La Doctora se vuelve a Santa Cruz en clase turista, o en exclusiva. O si el pasaje entero está reservado a la militancia para evitar sorpresas, abucheos. Como el abucheo que se divulga con más entusiasmo. Es un video de treinta segundos, donde se puede ver a osados vecinos de Recoleta, honorablemente irritados, bien curtidos con experiencias en aquellos cacerolazos.

Le gritan a coro: “¡Chorra, chorra!”.

Conste que fueron años de rencor sigilosamente acumulado.

La presencia de La Doctora, en aquel rincón elegante de Juncal, ya no es bienvenida. Como cuando la aceptaban.

Entonces La Doctora criticaba a Menem en los canales de cable. Y las señoras que viajaban a Miami sin visa se encontraban oportunamente hartas de la cultura menemista. Ya “no garpaba”. Coincidían esos sentimientos con las posiciones de La Doctora. Por lo tanto, era una Peronista Perdonable, presentable, hasta simpática. Como Julio Bárbaro lo es hoy. Un peronista perdonablemente pintoresco que entretiene.

Los venerables vecinos, inoculados por la pasión del neogorilismo, liberan el resentimiento contenido. Pero desconocen la importancia energética que transfieren. La representación del Mal.

Y aquí se equivocan los vecinos enfurecidos, porque el Mal, a la larga, atrae. Porque lo que siempre fracasó, en la Argentina, es la virtud.

No sin razón, en la más ajustada de sus versiones, el peronismo es catalogado como el “fenómeno maldito del país burgués”. John William Cooke. Alguien para colmo muy leído, en los 70, por Jaime Durán Barba, El Equeco.

Cierto intelectual, un desaprensivo “ideólogo de la barbarie”, después del nuevo fracaso de los virtuosos, dijo: “¿Qué m… pasa en este país para que nosotros, que somos lo peor que hay —repito, lo peor que hay—, tengamos la obligación moral de resolver todos los problemas de esta sociedad?”.

El gran drama en la Argentina no lo produce la presencia del Mal. Sí suele producirlo el fracaso de la Virtud. El verdadero desafío de Macri y sus gerentes consiste en evitar otro fracaso de la Virtud.

ACELERACIONES, EXCITACIONES

Los kirchneristas también se enojan cuando se les dice que instalaron una Revolución Imaginaria. Que, pese a la recitación de los adelantos sociales, la marginalidad es más grave que en 2001.

Para colmo, la marginalidad también está acelerada. Excitada por la fantasía de la inclusión. Por la creencia de que el gobierno (popular) les pertenecía.

Una marginalidad franeleada por la fábula de la inclusión. Mientras se los excluye. O a lo sumo solo se los contiene.

Por lo tanto, los pobres, los morenitos, los desposeídos, nada tienen que celebrar entre los fastos del cambio.

Los excitados de hoy son también aquellos caceroleros virtuosos. Los que creen disponer del gobierno que les pertenece.

Curiosamente, es más fuerte el deseo de denostar aquello que se va que exponer la bienaventuranza de lo que posiblemente viene.

Sostenido por el hartazgo que produjo el que se va.

La intolerancia minoritaria de los caceroleros sensibles —los precipitados de decepción fácil— amaga con convertirse en un obstáculo para la cercana estrategia del nuevo presidente. El Ángel Exterminador que llega para conquistar el bronce. Para hacerle una muesca a la historia. Y gobernar para todos. En especial —nunca olvidarlo— para los que tienen menos.

Los que hoy desaparecen transitoriamente de la pantalla del festejo. Son muchísimos, y sin embargo esperan.

EFECTO VENTAJOSAMENTE COMPARATIVO

A Macri no le hace falta ningún “6, 7, 8”. Le basta con la complacencia de Clarín y La Nación, aunque debiera simularse mejor. Y con el aliento casi total que brota de tantas emisiones televisivas. Con defensas frontales sin que nadie ataque. Con el apoyo militante de los Buscapinas de la comunicación. Ex halcones irascibles transformados en enternecedoras palomitas racionales.

La fortaleza mediática del nuevo oficialismo es inicialmente perfecta.

Los que fueron condescendientes con el primer kirchnerismo, reiteran las claves del mecanismo habitual. Es la máxima de Vernet que indica:

“Es tan tonto estar en contra en el primer año de un gobierno como estar a favor durante el último”.

Entonces, los empresarios, los profesionales bienintencionados y los Buscapinas apoyan sin fisuras “los cambios”. Los adelantos “republicanos”. Exhiben la tradicional selectividad para la indignación.

Hábiles para hacerse creer ahora, cuando apoyan. Y más hábiles aún cuando

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