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LAS BLAQUIER

Soledad Ferrari  

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Fragmento

PREFACIO

Habían pasado dos años del inicio de la década del sesenta y los Blaquier estaban en su máximo esplendor. Las mujeres de la familia eran las artífices principales del futuro socioeconómico de sus hijos. En La Concepción, el campo de los Blaquier Nelson, Malena Blaquier conversaba con el duque Felipe de Edimburgo. Su alteza real estaba fascinado con la viuda de Silvestre y lo único que quería era quedarse a solas con ella. La dueña de casa ya había terminado con su luto y, aunque extrañaba a su marido, le divertía coquetear con su invitado. Con nueve hijos a cargo y la administración de la fortuna que le había dejado Silvestre, tenía demasiadas responsabilidades. Por eso vivía sin culpa el tiempo libre que le quedaba. A algunos kilómetros de allí, en La Biznaga, los Blaquier Arrieta celebraban que Carlos Pedro asumía la dirección del Ingenio Ledesma. “Lo voy a convertir en el más grande del país”, le juró Blaquier a su suegro y cumplió. Con los años, se transformó en el Complejo Agroindustrial Ledesma. Veintiún años después, según la revista Somos, el patrimonio del matrimonio Blaquier Arrieta llegaría a los 2.298 millones de dólares.

Solamente en Jujuy, el Ingenio Ledesma abarca 156 mil hectáreas y, según su página web, emplea a más de 7.700 personas. En el primer cuatrimestre de 2011, la empresa de los Blaquier exportó sus productos por un valor de 24.057 millones de dólares.

“Somos una familia renormal.” Esta era la conclusión a la que llegaban las Blaquier cuando trataban de entender por qué eran tan cuestionadas. No se cansaban de asegurar que el apellido que portaban no les pesaba ni las hacía sentir privilegiadas. Pero las Blaquier conforman una de las familias más glamorosas de la clase alta porteña y también una de las más criticadas. ¿Quién no ha tenido contradicciones, errores, momentos de arrepentimiento? Las Blaquier fueron, por décadas, el tema preferido de los círculos más selectos. Habían nacido en cuna de oro y se animaron a transgredir algunos límites atípicos para las mujeres de su clase.

A los miembros de la aristocracia estas características les parecían inadmisibles y a la vez atrapantes. Será por eso que algunos de ellos hablaron y compartieron recuerdos y anécdotas para este libro. La única condición que pusieron fue que no develara sus nombres. Lo mismo solicitaron los integrantes de la famil

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