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LAS EXTRANJERAS

Sergio Olguín  

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Fragmento

Índice

Portada

Dedicatoria

Epígrafe

Introducción

Capítulo uno. Luna nueva

Capítulo dos. Cuentas pendientes

Capítulo tres. Scandinavian blonde

Capítulo cuatro. Una fiesta

Capítulo cinco. Los otros

Capítulo seis. Yacanto del Valle

Capítulo siete. Un tipo sin importancia

Capítulo ocho. De lo que un hombre es capaz

Capítulo nueve. Cuarenta y dos fotos y un video

Capítulo diez. Los archivos Robson

Capítulo once. Un funeral silencioso

Capítulo doce. Asuntos de familia

Capítulo trece. Del amor

Capítulo catorce. Los oficios terrestres

Capítulo quince. La llamada

Capítulo dieciséis. Verdad o consecuencia

Capítulo diecisiete. El asesinato de Verónica Rosenthal

Capítulo dieciocho. Chicha busca chica

Capítulo diecinueve. Luna negra

Sobre el autor

Créditos

Suma de Letras

A Mónica Hasenberg y Brenno Quaretti

A Eduardo Arechaga

Estos grupos insurgentes contestatarios, las guerras maras, las mafias, las guerras de la policía contra los pobres y los no blancos, que son las nuevas formas del autoritarismo estatal. Estas situaciones dependen del control de los cuerpos, sobre todo del cuerpo de la mujer, que siempre tuvo una gran afinidad con el territorio. Y cuando el territorio se apropia, se lo marca. Sobre él se colocan marcas de la nueva dominación. Siempre digo que el cuerpo de la mujer fue la primera colonia.

Rita Segato entrevistada por Roxana Sandá,

Página/12, 17 de julio de 2009

Unos van por un sendero recto,

Otros caminan en círculo,

Añoran el regreso a la casa paterna

Y esperan a la amiga de otros tiempos,

Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo

Lleva conmigo el infortunio,

Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,

Como un tren hacia el abismo.

Anna Ajmátova, “Unos van por un sendero recto”

Todos ocultamos algo siniestro. Hasta los más normales.

Gustavo Escanlar, La Alemana

Introducción

De: Verónica Rosenthal

Para: Paula Locatti

Asunto: Silencio absoluto

Querida Paula:

Este mail, amiga mía, va a ser muy largo. Perdón por no haber respondido a tus correos anteriores ni al pedido que me hacías con insuperable prosa: “dejá de mandarme tus putas respuestas automáticas”. Mi intención original era no contestar ningún correo mientras durasen mis vacaciones y que aquellos que me escribieran recibieran un mensaje que alertara que hasta mi regreso no iban a saber nada de mí por este medio. Pero lo que me acaba de ocurrir es, como mínimo, shockeante. Necesito compartirlo con alguien. Bah, con vos. Esto te lo puedo contar a vos solamente. Pensé en llamarte, en pedirte que vinieras. No quería estar sola. Pero tampoco puedo comportarme como una adolescente temer

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