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LING QI JING, EL LIBRO DEL AJEDREZ ESPIRITUAL

Gustavo Andrés Rocco  

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Fragmento


Introducción

El Ling Qi Jing apareció probablemente entre el final de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), sucesora de la Qin, y el período comprendido por los llamados Tres Reinos (220-280 d.C.) hasta avanzada la dinastía Jin, allá por el 420 d.C. Si bien se trata de un libro milenario, no es tan antiguo como el I Ching, que data de unos cuatro mil años o más. Como todo texto anónimo, la exactitud de la génesis del Ling Qi Jing es incierta. Sin embargo, es posible que sus conceptos se hayan desarrollado con anterioridad, ya que se le atribuyen a un tal Dong Fang Shuo, que se sabe que vivió unos siglos antes. Y aunque su estructura adquirió una identidad particular, cuyos conceptos son más mundanos y accesibles, está claro que tiene sus bases e inspiración en el I Ching.

Para comprender el contexto histórico en el que surgió este texto, hay que recordar que se corresponde con un ciclo en el que los gobernantes tomaron como eje fundamental las enseñanzas y los valores que antiguamente transmitieron pensadores como Lao Zi y Confucio. La educación y la escritura tuvieron un gran impulso. Apareció el papel de arroz y China se expandió territorialmente. Fue una etapa de florecimiento, tanto en el comercio como en lo cultural y lo artístico, donde el Estado adoptó la moral confuciana como paradigma. Con respecto al período conocido como los Tres Reinos, se trató de tres Estados rivales: Wei (Cao Wei), Shu (Han Shu) y Wu (Wu oriental), cada uno con un emperador que pretendía la sucesión de la dinastía Han.

Estos Estados combatientes dieron lugar a una de las etapas más sangrientas de la historia de China. Por el año 263, el Estado de Wei logra destruir a Shu, y la dinastía Jin derroca a Wei y termina con el Estado de Wu, controlando así el territorio nuevamente unido de lo que antiguamente había sido la dinastía Han.

Hubo dos períodos de los Jin, la dinastía Occidental (265 d.C.-316 d.C.) y la Oriental (317 d.C.-420 d.C.). A pesar de la unidad política, el poder central no se caracterizaba por su fortaleza; por el contrario, el control del imperio presentaba falencias, el confucionismo dejó de ser el paradigma y culturalmente hubo una importante caída. Incluso la corriente taoísta, muy difundida en la sociedad china, fue víctima de una fuerte represión y debió resguardarse como una actividad clandestina. Pero uno de los aspectos destacables del período Jin fue sin duda el crecimiento poblacional, que recuperó su nivel luego de la notable pérdida durante la etapa de los Tres Reinos.


Oráculos

La costumbre china con respecto a la adivinación es de origen chamánico y se remite a los tiempos legendarios, a la tradición oral. Los primitivos métodos mánticos consistían en la interpretación de las grietas que las varas de hierros calientes producían sobre los huesos y los caparazones de las tortugas, una práctica que se conoce como escapulomancia y que tuvo su auge en los comienzos de la dinastía Shang (1766 a.C.-1122 a.C.). Esta dinastía se caracterizó por el comercio y fue la primera en poseer documentación histórica. El espacio territorial de los Shang se extendía sobre el valle del Huen He (el río Amarillo). Practicaban la agricultura y la ganadería, poseían objetos de bronce y desarrollaron los pictogramas, un sistema de escritura predecesor de los ideogramas. Durante la etapa Shang, la escapulomancia constituyó una disciplina prácticamente exclusiva del emperador utilizada para indagar sobre los asuntos del Estado, siempre intermediada por un intérprete que analizaba las formas de las grietas para determinar lo favorable o desfavorable de la consulta en cuestión. Pero con la caída de los Shang y la llegada al poder de los Zhou, fue determinante en el desarrollo del refinamiento cultural, y la escritura ideogramática alcanza su máxima expresión. La literatura se expande notablemente y también la adivinación deja atrás su ciclo rudimentario para tomar su lugar un nuevo oráculo: el Yi Jing (I Ching), el Libro de las mutaciones, cuyo nombre original fue Zhou Yi, es decir, Las mutaciones de los Zhou, en referencia a los reyes de dicha dinastía, que también lo empleaban para resolver cuestiones de Estado.

En materia adivinatoria el cambio fue radical. El oráculo poseía un texto, es decir, juicios que aconsejaban y advertían lo propicio o lo desfavorable. Tales juicios o sentencias fueron atribuidos al rey Wen, primer gobernante Zhou, y a su hijo, el príncipe de Zhou, aunque a ciencia cierta no se sabe si en realidad lo que hicieron fue transcribir el cuerpo de un oráculo con máximas que ya se conocían de la tradición oral. Al respecto hay versiones que dicen que existió un antecesor del I Ching durante los años finales de la dinastía Shang, conocido como Shang Yi y que, por razones desconocidas, se perdió sin dejar rastros. Es curiosa esta referencia ya que se cuenta que Wen redactó las sentencias del I Ching en el período en que estuvo prisionero de los Shang, con lo cual no sería improbable que los Zhou hayan tenido contacto con parte del legado del supuesto Shang Yi; también es interesante el hecho de que Wen se basa para esta redacción en los Ba Gua, los ocho trigramas que la tradición le atribuye a Fu Xi, el primer emperador, también conocido como Pao Xi, primitivamente representado como un ser mitad hombre mitad serpiente y tardíamente solo como un hombre, inventor de la escritura, la pesca y la caza. De esta manera encontramos una conexión con los fundamentos del I Ching supuestamente en períodos legendarios, ya que el mito cuenta que mientras Fu Xi meditaba a orillas del río Amarillo, vio emerger del agua un animal con forma de caballo y dragón que sobre el lomo tenía grabado el diagrama de los ocho trigramas1.

Pero lo cierto es que el I Ching, como libro de Estado, en sus comienzos fue visto como un libro oscuro, de conceptos complejos y de difícil comprensión, reservado a los eruditos. Fue el libro predilecto de Confucio, quien junto a su escuela le dieron en los siglos posteriores su apariencia definitiva. La restricción que representó el I Ching por su complejidad interpretativa fue la razón del surgimiento de oráculos más sencillos, como el Ling Qi Jing, que podía estar al alcance del pueblo. Claro que tiene sus bases y su inspiración en el I Ching, pero su estructura adquirió una identidad particular cuyos conceptos son más mundanos y accesibles. Sus textos presentan la influencia de la corriente taoísta, ya bastante extendida durante el período de su aparición. Tal vez ensombrecido por el prestigio y la fama del I Ching, el Ling Qi Jing ha pasado casi inadvertido en Occidente salvo rarísimas excepciones, como la versión en inglés de Ralph D. Sawyer2.


El Libro del ajedrez espiritual

Ling Qi Jing significa “El Libro del ajedrez espiritual o divino”, dada la similitud que tienen sus doce piezas para elaborar el signo de consulta con las piezas del ajedrez chino, conocido como Qi. “Ling” es el término empleado para referirse al dominio espiritual, y “Jing” significa canon o libro. Al igual que el I Ching, se trata de un oráculo que no solo está compuesto por signos y símbolos, además posee texto, es decir, tiene “voz” propia. Cada uno de sus 125 signos tiene su anécdota denominada “Imagen” y va acompañada de un poema.

Siglos después de su aparición, a este oráculo se sumaron las interpretaciones de cuatro comentaristas que se transformaron en los clásicos aportantes del Ling Qi Jing. Se trata de Yen, He, Chen y Liu. En cada signo, algunos de los conceptos vertidos por estos personajes se incluyeron brevemente en esta versión y a modo de paráfrasis al solo efecto de apuntalar interpretaciones. Sin embargo, la mayoría de sus dichos no se tomaron en cuenta porque se trata de afirmaciones predictivas muy básicas como “el viajero aún no regresa”, “no es conveniente casarse”, “el matrimonio no dará hijos”, “los enfermos sanarán”, “los presos saldrán de las cárceles”, que quizás tuvieron sentido en su época, pero hoy resultan demasiado elementales y cuya literalidad exige poco o casi nada de trabajo interior.

El valor principal de este oráculo radica en su simpleza, resulta amigable con el neófito y en la China antigua se convirtió en un oráculo muy popular. Mi extensa experiencia con el I Ching me ha posibilitado abordar el Ling Qi Jing desde una mirada interpretativa distinta, sin desdeñar su naturaleza sencilla, pero pudiendo descubrir su profundidad, lo cual no fue fácil aunque considero necesario. Quizás en su tiempo y en su contexto cultural este planteo no hubiera tenido sentido, pero el hecho de extrapolarlo a nuestra época y a nuestra cultura occidental obliga, a mi entender, a explicitar otros conceptos que yacen ocultos para nosotros. Los oráculos no solo tienen que dar una revelación hacia adelante, como señal externa, sino que deben provocar una identificación para que el sujeto pueda accionar naturalmente en relación con la señal dada. El hecho de que el Ling Qi Jing no esté provisto de un texto de características herméticas como el I Ching no significa que nos cierre las puertas a descubrir significados menos superficiales sin perjuicio de su cualidad simple.


Las bases del oráculo

Este oráculo parte de tres posiciones: la Tierra, el Hombre y el Cielo. A la Tierra le corresponde la posición inferior, al Hombre la del centro y al Cielo la superior; en chino se denominan: xia (abajo) , zhong (centro) y shang (arriba) , y gráficamente se ordenan con sus ideogramas de manera vertical:


La posición del Cielo se relaciona con el soberano; la del Hombre con los ministros, funcionarios o las personas ilustradas, pero también implica a los actos humanos; mientras que el lugar de la Tierra corresponde al pueblo en general.

Estas tres posiciones se comprenden gráficamente en un cuadro de doce espacios, divididos en tres hileras de acuerdo con las posiciones: arriba, centro y abajo, correspondiéndole cuatro a cada una:

Estos cuadros son los signos propiamente dichos del Ling Qi Jing, y van de un cuadro con espacios totalmente vacíos a otro con sus espacios completos:

La combinación entre espacios vacíos y completos da el total de los 125 signos que componen el oráculo:

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