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LOS SECRETOS DEL CONGRESO

Gabriel Sued  

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Fragmento

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A Mari. Por caminar conmigo y mejorarme.

Introducción

El cuello del saco dado vuelta, el cansancio acumulado en los pómulos sobresalientes, el diputado Daniel Lipovetzky entró como una tromba en el Salón de los Pasos Perdidos. Acababa de llamar por teléfono al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, minutos después de las 6 de la mañana. Fue un intento desesperado por convencerlo de que la Casa Rosada debía intervenir para salvar el proyecto de legalización del aborto, que a esa hora naufragaba.

—La gente no se puede ir con las manos vacías —argumentó, para volcar a su favor a la multitud que rodeaba el Congreso desde la tarde, a la espera de la votación.

—Tengo las manos atadas. No puedo hacer nada, Daniel —le respondió el funcionario en el último contacto, una hora atrás.

Después dejó de atenderle el teléfono. Lo mismo había hecho más

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