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LOS ZAPATOS ROJOS SON DE PUTA

Jorgelina Albano  

5


Fragmento

INTRODUCCIÓN

SI CAMBIAMOS LA MIRADA,
HAREMOS QUE EL MUNDO CAMBIE

“Fui con mi mamá a comprar zapatos y me enamoré de unos de color rojo”, dice Carolina del Río en la entrevista para Alabadas. “Delante del vendedor, mi mamá me dijo que no eran de señorita, luego, en privado, volvió al tema: ‘Los zapatos rojos son de puta’. Yo tenía unos seis o siete años. Recuerdo que me quedé pensando en qué querría decir eso… Por supuesto, cuando me fui a vivir sola, lo primero que hice fue comprarme unos zapatos rojos”.

Intentar ver lo que no vemos: las creencias profundas construidas acerca de lo que significa ser hombre y ser mujer en la sociedad actual. Hablar de lo que muy pocos hablan, hacerlo evidente. La cultura tiene que ver con esas creencias profundas que se ponen en acción todos los días, en cada una de nuestras conductas. Cambiar la mirada significa salir de la matriz impuesta. Romper el statu quo implica ver algo distinto para hacer algo distinto. Vivimos en un mundo ciego a la igualdad de género, crecimos en él convencidas de que ser mujer significaba lo opuesto a ser varón. Un mundo dividido en masculino y femenino; una dicotomía que resultó funcional a la conservación de ciertas reglas y que ignoró la esencia para centrarse en los roles que cada uno debía asumir.

“Estamos empapadas de patriarcado”, dice Natalia Ginzburg en el ensayo Mujeres y hombres, escrito hace más de treinta años y todavía vigente y más visible que nunca. Porque si algo cambió desde esa época es que el tema tomó una relevancia que antes no había tenido, instalándose en los medios de comunicación, en la charla familiar y en la calle. Pero ¿entendemos como sociedad qué quiere decir que estamos “empapadas de patriarcado”? Cambiar la cultura implica romper con creencias viejas que limitan a las mujeres y a los varones en su evolución. Un cambio de mirada nos dará la oportunidad de proponer la construcción de creencias nuevas para que la diversidad tome otro valor y, a partir de allí, relacionarnos desde la equidad y en las diferencias.

Cuando cambiamos de perspectiva, todo a nuestro alrededor se modifica. Ser capaces de ver, por ejemplo, que desde el Génesis en adelante la única voz sobresaliente fue la masculina y que la cultura la construyó desde esta perspectiva como voz universal nos ayuda a entender de qué manera funciona la sociedad patriarcal en la que vivimos. A preguntarnos, al menos, por qué en pleno siglo XXI las mujeres seguimos luchando en el mundo entero por una sociedad equitativa.

El primer mandato es el de Adán y Eva. Dios creó al hombre y de su costilla hizo a la mujer. ¿A quién le da el Génesis el poder absoluto? La respuesta es más que evidente, Eva es una compañera de Adán a la que luego, y como castigo, Dios le impone servir al marido y parir a los hijos con dolor. A Adán también le da mandatos, como el de ganar el pan con el sudor de su frente. Rol de salida al mundo para Adán, rol de encierro para Eva. Fue ella quien rompió las reglas del Edén al comer la manzana y luego seducir a Adán para que también lo hiciera. Esta transgresión, este ir más allá de lo que “no se debía hacer”, fue transmitida a lo largo de los siglos como un mensaje negativo, digno de castigo.

¿Qué hubie

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