Loading...

LUNES FELICES

Diego Kerner  

0


Fragmento

Una barra de tragos llena de sorpresas

Conocí a Diego Kerner hace doce años, apenas unos meses después de que tomara la decisión de dejar un cargo importante y de altísimo potencial en una multinacional de consumo masivo (Cadbury), radicada en Londres, para dedicarse a un proyecto personal de innovación de marcas. En ese entonces Diego, con treinta y pocos, era uno de los argentinos jóvenes mejor posicionados en el tablero del marketing global. Hoy está más de moda denostar a las organizaciones y resaltar las ventajas del trabajo independiente, pero a mediados de la década pasada dejar un cargo excelentemente pago, en libras, para venir a cobrar pesos devaluados a una oficina propia en Villa Crespo sonaba como una locura.

Diego contaba su plan, y explicaba sus motivaciones, con una tranquilidad asombrosa. Ir contra la manada corporativa, contra la comodidad de la “protección” de una empresa se volvía una opción completamente lógica (aunque riesgosa) luego de hablar quince minutos con él.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Con el tiempo nos hicimos amigos y nos juntamos a almorzar cada dos meses, cuando se lo permite su agenda, porque viaja mucho. Hay pocas personas que estén tan al tanto de lo último de lo último en materia de insights de “autosuperación de alta gama”, y Diego es una de ellas: una hora de charla con él dispara al menos media docena de ideas de notas o entradas originales para artículos periodísticos. Siempre provocador, siempre con una lección contraintuitiva a mano: el sueño de cualquier cronista. Aprendí también a usar sus consejos no sólo en producciones para el diario sino en mi vida personal: todo fue meticulosamente aprovechado cuando abrí la puerta de mi “jaula de oro” de Clarín en 2012, donde dejé un cargo de editor para iniciar un camino free lance, con proyectos que hoy me apasionan, y por lo cual le estoy muy agradecido al autor de este libro.

Una de las mejores definiciones de creatividad es la de la capacidad de unir dos puntos preexistentes, en una alianza original que a nadie se le había ocurrido previamente, para lograr una síntesis superadora, de valor agregado para la sociedad. Lunes felices tiene eso: una combinación exacta de ingredientes muy novedosos de lo que se conoce como smart thinking (neurociencias, psicología, economía del comportamiento, management organizacional, etcétera), enriquecido con enseñanzas de las artes marciales, que el autor cultiva con entusiasmo, todo tamizado por una experiencia propia exitosa y con una puesta en página de un texto ameno y cuidado, trabajado durante meses junto a la periodista Martina Rua. El nuevo mundo de la innovación, en términos de negocios y de vida cotidiana, es de los mixers, de los que saben mezclar. Por eso, cada vez que Diego prepara un trago, vale la pena quedarse un buen rato en la barra, saborearlo y disfrutarlo a pleno, porque la experiencia será única. Como la de leer este libro.

SEBASTIÁN CAMPANARIO

Prólogo

Quiero hacerles una confesión antes de empezar. Este libro, que intenta ayudar a desarrollar una vida más auténtica y plena, tiene dos destinatarios principales. En primer lugar, mis hijos. Como papá, estas son las mejores recomendaciones que siento les puedo dar para su vida. Sé también que no son las únicas: es mi deseo que puedan complementar las ideas que propongo en el libro con mucho disfrute, goce y placer de vivir. En eso, debo reconocer, probablemente venga medio rezagado… pero de a poco progresando.

En segundo lugar, este libro es para todos aquellos que hoy se sienten atrapados, atorados, asfixiados, impotentes, en “jaulas de oro” de las que creen que no hay salida. Para ellos, tengo buenas noticias: sí hay salida. No es fácil, tiene costos, pero se puede.

También creo que es necesario contextualizar el libro. En un mundo con altos niveles de pobreza e injusticia social (del cual somos en parte todos responsables), donde todavía hay muchísima gente que no logra cubrir sus necesidades básicas, plantear al lector la idea de que uno debe tratar de ...