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MAITLAND Y SAN MARTíN

Rodolfo Terragno  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN
La aguja en el pajar

Se estableció en Mendoza, formó allí un ejército, cruzó con sus hombres la Cordillera de los Andes, derrotó a los realistas en Chile, armó una flota, prosiguió por mar a Perú, desembarcó allá con su ejército, entró en Lima y se adueñó del corazón del imperio español en América.

Un militar criollo, José Francisco de San Martín, llevó a cabo esa formidable campaña entre 1814 y 1821.

Un militar escocés, Thomas Maitland, había concebido el plan en Londres, a principios de 1800.

La idea fue recibida y considerada seriamente por el gobierno de William Pitt el Joven. Maitland elevó un texto preliminar al Secretario de Guerra, Henry Dundas (más tarde Primer Vizconde Melville),1 quien lo citó para discutir detalles. De la entrevista Dundas-Maitland surgió el plan definitivo, que fue puesto en posesión del Secretario de Guerra a mediados de 1800.

El gobierno de Pitt cayó el 3 de febrero de 1801. El Plan Maitland pareció quedar, entonces, en el olvido. Los originales permanecerían ocultos durante 180 años.

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En 1981, mientras realizaba una investigación en archivos escoceses, tuve ocasión de descubrirlos.

No había, hasta entonces, ni un rumor sobre el Plan Maitland, ni referencia alguna a su autor, en toda la bibliografía sobre la independencia de Hispanoamérica.

El propósito de mi investigación era hallar datos sobre James Duff, IV Conde de Fife, y otros posibles contactos de San Martín en Escocia.2

Muchos oficiales escoceses estuvieron envueltos, durante el siglo 19, en planes para desapoderar a España de sus colonias del Nuevo Mundo o, sencillamente, ayudar a los hispanoamericanos a independizarse.

La Compañía de las Indias Orientales (East India Company), encabezada por el mismo Dundas, tenía su propio ejército y estaba preparada para cumplir un papel protagónico en cualquier intento británico de realizar operaciones militares en Hispanoamérica.

Descubrí el Plan Maitland mientras revisaba cartas y documentos de oficiales escoceses de principios del siglo 19. Mi pretensión era encontrar, en aquel pajar, alguna aguja. Recorría los manuscritos a la espera de referencias a Sudamérica, en particular al Río de la Plata y, quizás, a San Martín.

Uno de los archivos en los cuales trabajé es la colección Steel-Maitland: papeles privados que se encuentran bajo la custodia del Archivo General de Escocia (Scottish Record Office). Eran varios los oficiales de la familia Maitland para tener en cuenta. Sir Thomas (1759-1824) resultaba, a primera vista, uno de los menos relevantes para mi investigación. Entre 1806 y 1811 estuvo en Ceilán, sin participación alguna en el acontecimiento que puso a San Martín en relación con Gran Bretaña: la guerra de la Península.

Un día hallé, en el inventario de los papeles de Sir Arthur, algo que me conmovió. Era una referencia a 47 hojas manuscritas, sin fecha, que un funcionario del Archivo General de Escocia había registrado bajo el siguiente título:

“PLAN PARA CAPTURAR BUENOS AIRES y CHILE Y LUEGO ‘EMANCIPAR’
PERÚ y MÉXICO”. 3

La mención de México —descubrí más tarde— era un error: el objetivo del plan fue la emancipación de Perú y Quito (el actual Ecuador). Al describir su plan, Maitland escribió dos veces “México” en lugar de Quito,4 pero luego advirtió el error: en ambos casos tachó “México” y agregó, abajo, “Quito”. Sin embargo, omitió corregir el mismo error al final del plan, cuando lo sintetizó diciendo que el objetivo sería “indudablemente la emancipación de Perú y México”.5 Esto confundió al funcionario del archivo escocés.

El Plan Maitland no se refiere en absoluto a México. No tiene sentido suponer que Maitland, quien concibió un largo y muy detallado plan para atacar Perú desde Chile, haya tratado una expedición aun más ambiciosa —de Perú a México— como una mera extensión que no requería planeamiento adicional. Según lo indican sus propias correcciones al texto, Maitland estaba pensando en Quito (Ecuador), no en México. Por lo tanto, el título de su plan debería ser:

“PLAN PARA CAPTURAR BUENOS AIRES y CHILE Y LUEGO ‘EMANCIPAR’
PERÚ Y QUITO”.

El reino de Quito pertenecía, desde 1717, al Virreinato de Nueva Granada; pero seguía, como antes de esa fecha, sujeto a Lima en lo judicial y lo eclesiástico.6 También, de hecho, en lo militar.

Quito era una plaza importante para el Perú —centro de la dominación española— porque en ese reino estaba el único astillero y el único arsenal de España en el Pacífico.7

Ése era el último objetivo del Plan Maitland, y ése sería también el último objetivo que (sin éxito) procuraría alcanzar San Martín.

El funcionario del Archivo General de Escocia había calculado la fecha probable del plan: según él, “entre 1800 y 1803”. No había hallado, en cambio, nada que permitiera saber a quién estaba dirigido el documento de Maitland.

Las 47 hojas tenían muchas correcciones, hechas por el autor. Todo indicaba que se trataba de los borradores de dos cartas, conservados como copias. ¿Quién había sido el destinatario de esas cartas que, en conjunto, formaban el Plan Maitland?

La reconstrucción de la historia me llevó más de un año. La clave estaba en los archivos del castillo Melville, una colección que contiene muchos de los documentos de Dundas.

El resultado de esa investigación muestra que, al despuntar el siglo 19, mientras el poder colonial de España aún estaba intacto, Maitland previó que el dominio español en Sudamérica sólo llegaría a su fin cuando Perú fuera independiente. Su profecía comenzaría a cumplirse 21 años más tarde, cuando San Martín entró en Lima, proclamó la independencia de Perú y se convirtió en su primer gobernante.

Los españoles retuvieron control de Quito por un tiempo, pero quedaron virtualmente sitiados. El 22 de mayo de 1822, Antonio José de Sucre los derrotó, al pie del volcán Pichincha, con un ejército reforzado por elementos que le enviara San Martín desde Perú.

En cuanto al propio Perú, el presidente José Bernardo de Tagle y Portocarrero, Marqués de Torre Tagle, se unió en 1824 a una contrarrevolución realista, dando lugar a que una fuerza española descendiera de las tierras altas y recuperase Lima en febrero. Esto fue cuando el Libertador ya había dejado el Perú. Los realistas, de todos modos, no restablecieron un poder efectivo: usaron la capital como el cuartel general de su ejército. Finalmente, Simón Bolívar los derrotó en Junín, y José Antonio de Sucre en Ayacucho. Los españoles capitularon en diciembre.

En este libro muestro, primero, la extraordinaria similitud entre el plan concebido por Maitland y la campaña llevada a cabo, años después, por San Martín. Luego reconstruyo la historia del Plan Maitland y examino las razones por las cuales es probable que San Martín lo haya conocido. Con ese propósito, analizo todos los vínculos de San Martín con oficiales británicos en España, su estancia en Londres —antes de venir al Río de la Plata a iniciar su gesta— y sus lazos con británicos en Sudamérica, así como sus relaciones masónicas.

El libro incluye la reproducción del Plan Maitland, en su versión original y en la definitiva.8 Eso permite apreciar, en detalle, la obra de aquel estratega escocés que prefiguró la hazaña de San Martín.

El ilustre hispanista inglés John Lynch, quien ha estudiado como nadie el fin del imperio español en América,9 aportó a mi investigación sus inestimables consejos y comentarios. A él dedico esta obra.

“La perspectiva de un beneficio inmediato”

En su intento de promover a Cochrane y disminuir a San Martín, el Dictionary of National Biography nos provee (sin quererlo) elementos para darle la razón a San Martín y, al mismo tiempo, valorar la visión de Maitland:

Cochrane urgió en vano a que San Martín hiciera aquello que (Maitland lo subrayó en su plan) no debía siquiera intentarse: un “golpe de mano” en el Callao. El “éxito total” de Cochrane resultó, en realidad, una “proeza incompleta”. No le fue posible tomar el puerto. Cochrane terminó haciendo lo que San Martín (como antes Maitland) definió como el papel de la escuadra naval: patrullar las costas mientras las fuerzas de tierra cercaban al Virrey. Por algo el pueblo de Perú reservó “los honores y los premios” a San Martín. Cochrane se negó a jurar lealtad a la nueva república. Luego se apoderó de parte del tesoro de Perú, para pagar salarios y quedarse con un “resto” para “reequipamiento”. De Perú se fue a Chile a exigir más paga y obtuvo un rechazo inapelable. En cambio, San Martín (renunciante, no expulsado, de Perú) “fue colmado” en Chile “de honores y premios”.

Maitland había observado que, “en todos los planes” para atacar Hispanoamérica, “los emolumentos de los individuos parecían ser la parte más importante a considerar”. Los expedicionarios (señaló en uno de los escritos dirigidos a Dundas) solían ser movidos por “la perspectiva de un beneficio inmediato”.

Cochrane no era una excepción a esa regla.

Maitland, y a su turno San Martín, tuvieron una concepción distinta. Uno en pos del interés comercia ...