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MAPAS EMOCIONALES

Federico Fros Campelo

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Fragmento

¡Gracias!
(cartografiando los agradecimientos)

Cuando se escribe un libro que lleva tantos años, pareciera como si cobrase independencia y se transformara en un organismo vivo que se desarrolla a lo largo del tiempo. Y en ese prolongado camino, a través de semejante emprendimiento, uno también experimenta el cambio. Así, no son solamente las personas que hicieron aportes directos quienes merecen mi agradecimiento, sino también aquellas que durante el viaje contribuyeron a formar parte de quien soy hoy.

Gracias a mi vieja, Ana María Campelo, y a mi viejo, Juan Carlos Fros Gómez, por el apoyo incondicional que me mantuvo encendido durante horas y horas de empeño, incluyendo madrugadas (¡y no estoy hablando solo de entusiasmo, sino también de unos buenos platos de comida!). Gracias, Armando Maubré, por estar en todos los detalles y empujar desde hace tantos años este proyecto, mostrando vos mismo en carne –y en neurona– propia que se puede ser artífice de un cambio emocional sustentable. Gracias, Gloria «Ojitos» López, por todo tu amor en los tiempos en que decidí acelerar en la recta final y darle exposición a mi trabajo otrora cobijado (¡por bancarme y contenerme durante el momento de la apuesta definitiva!).

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En estos mapas me dieron sus valiosísimos puntos de vista mis amigos Ignacio Llorens, Sergio Moriello, Caro Cepeda, Vani Albert, Cyn Rotman, Lili Milshtnein (¡cuánto cambió el material desde la primera vez que lo tuvo en sus manos!) y Claudio Darín (quien además apostó por mí y por el riesgo de que un tipo como yo insistiera en enseñar lo novedoso y no convencional). En este último sentido, no se quedan ni un centímetro atrás José Luis Feijoo, Luis Garibotti, Néstor Sánchez, Máximo Soto y Guido Giunti. Agradezco a todos por igual, por ser quienes apostaron por la revolución que implica este nuevo modelo de las emociones y se jugaron por un ingeniero que les viniera a hablar de sentimientos. (Juan Pablo Ponti y Cristián Ricci, gracias también por sus inspiraciones indispensables).

A mi lado, Jorge Gianfrancesco, Daniel Remondegui, Fernanda Parente, Marie Trullas y Miranda Serra merecen mi reconocimiento por ser de los primeros en darme su apoyo fiel, amistoso e inmediato. Hernán Fernández, gracias por confiar en mí y abrirme no solo los brazos de tu amistad nuevamente, sino las puertas para divulgar la ciencia de las emociones. Silvia Itkin, vos sí que sacás la mejor palabra escrita de mis adentros: gracias por darme tan buen GPS. Virginia González Gass, otra gran mentora desde mi adolescencia, gracias por apoyarme con énfasis y por hacerte presente de manera maravillosa en momentos clave. Viviana Oller y Exequiel Argüello, gracias por más aperturas y por su consistencia. Todos ustedes fortalecen la confianza en mí mismo.

A mis recientes alumnos, Cristina Álvarez y Roberto Rizzo, gracias por tanto respeto y cariño, y por enseñarme ustedes a mí. ¡Claro que incluyo especialmente a Silvia Tidone! Ella se la jugó y, junto con Jackie Maubré, se aventuró a hacerme espacio para seguir divulgando cómo tomamos decisiones con nuestras emociones. Me saco el sombrero ante ambas.

Un proyecto de divulgación como el mío no sería lo mismo sin la contribución del laborioso trabajo del equipo de Ediciones B, fundamentalmente, María Estomba, Sole Di Luca, Liza Díaz, Belén Mallaviabarrena, Fernando Peralta y Mariana Chamorro, a quienes les estoy profundamente agradecido.

Un verdadero libro no es aquel que leemos, sino aquel que nos lee a nosotros.

W. H. Auden

La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector para permitirle discernir aquello que, sin ese libro, él no podría ver por sí mismo.

Marcel Proust

Todo cuanto podemos experimentar en la superficie de la vida surge de un nivel más profundo… Es este nuestro siguiente paso: cartografiar el silencio interior.

Deepak Chopra

Prólogo

Te propongo una forma novedosa de manejar tus emociones: con verdaderos fundamentos te muestro los «componentes» que las construyen y que no se sienten, pero sobre los que, de todos modos, podés actuar. La evolución nos ha dotado de respuestas emocionales espontáneas. Conociendo su propósito y sus mecanismos, podés anticiparte a ellas y evitar que lleguen a ser disfuncionales. Además,vas a entender mejor las reacciones emocionales de los demás, responder de otra manera, y contribuir, gracias a ello, a mejorar tus relaciones.

A mitad de una tarde de hace ya muchos años, salimos de la oficina con mi compañero Pablo a tomarnos un capuchino en el café de la esquina. El día de trabajo era exhaustivo y arrastrábamos problemas atrasados. Además, el clima laboral no venía para nada bien, así que nos merecíamos un pequeño recreo. Mientras ambos nos desplomábamos en los sillones, me surgió decirle:

—Pablo, creo que perdí el mapa…

Me miró y esbozó una sonrisa al reconocer la metáfora. Ahí fue que se me ocurrió una idea fascinante. ¿Y si realmente pudiéramos tener un mapa para guiarnos en nuestro terreno emocional? No saber lo que queremos ni qué estamos sintiendo… es algo que verdaderamente nos desorganiza.

¿Nunca te preguntaste por qué todos tenemos experiencias de frustración, enojo, aburrimiento o celos? ¿Por qué todas las personas sentimos ansiedad, esperanza, nos enamoramos y necesitamos atención? ¿Cómo puede ser que repitamos ciertos guiones sentimentales una y otra vez? Me hace mucha gracia ver cómo mis amigos de Facebook andan poniendo «me gusta» en grupos que dejan al desnudo los siguientes guiones de nuestros sentimientos:

Yo también quise mucho a alguien y ahora no lo puedo ni ver. Si pierdo: ¿qué importa?, es solo un juego. Cuando gano: Jaja, ¡te gané! Ahhh, ¿no puedo? ¡Entonces quiero! Más me ignorás, más me gustás.

Lo que pasa es que por debajo de estos guiones cotidianos funcionan ciertos mecanismos emocionales que llevamos dentro. Son muy sutiles y no resulta fácil advertirlos, pero insisto: las interacciones entre nosotros –aunque sucedan más allá de los límites de nuestro cuerpo– se fundamentan en mecanismos emocionales internos. Ellos son los que vamos a mapear.

El objetivo de este libro es que puedas entender cómo llegamos a sentir lo que sentimos y que puedas hacer algo útil con eso. Lo que te propongo acá es un género nuevo. ¿Podríamos llamarlo «neurosuperación»? Sí, porque este libro te brinda recursos prácticos para que manejes tus emociones, pero fundamentados muy sólidamente en los últimos descubrimientos de las neurociencias.

Cuando digo «cómo llegamos», me refiero tanto a la forma en que la evolución nos permitió alcanzar las emociones que llevamos dentro, como a la manera en que se despliegan nuestras emociones momento a momento gracias a sus mecanismos. Dos grandes asuntos.

La evolución de nuestras emociones humanas sucedió en una escala de tiempo inmensa. Pueden haber cambiado las épocas históricas y nuestros estilos de vida a lo largo de los últimos milenios, pero lo que no cambió en ese período de tiempo es nuestro interior. Ganar la constitución emocional que tenemos es cortesía de millones de años de evolución. Nuestras emociones tienen tanta trayectoria evolutiva como los más refinados mecanismos del razonamiento, así que la evolución consiguió hacernos tanto más racionales como más emocionales.

Gracias a la evolución, las emociones son respuestas espontáneas que nos permiten anticipar y resolver situaciones. De hecho, se cablearon en nuestro cerebro de manera tan convincente que no requieren reflexión, y hacen que la perspectiva del ahora parezca la única válida para el que las siente. Obvio que esto era súper útil cuando un antepasado se encontraba de frente con un león y salía corriendo asustado hasta el tuétano. Pero hoy día hay ocasiones en que esta espontaneidad nos resulta disfuncional.

Últimamente se puso de moda recomendar que uno deba hacer lo que siente a cada momento. El problema es que muchas veces hacer lo que sentís te lleva a meter la pata hasta el cuadril en un pantano. La clave está en hacer lo que sentís a cada momento, claro, pero con perspectiva. Entender el propósito que la evolución les dio a varias emociones te va a permitir reconocer cuándo se hacen disfuncionales y, por ende, cuándo se desvirtúa ese propósito. Ya no tenemos por qué ser víctimas de nuestras reacciones, y la perspectiva nos la da el segundo asunto. Aquí vamos a ver el paso a paso de nuestros mecanismos emocionales internos. Si los mecanismos de emociones como la ansiedad, el enojo o el miedo fueran lo suficientemente lentos, podrías desarticular los pasos de cualquier emoción perjudicial antes de sentirla. Pero como la secuencia de pasos es superrápida, terminás sintiendo la emoción sin poder tomar de antemano sus riendas.

Sentir una emoción es darse cuenta conscientemente de que te está pasando. Pero un mecanismo emocional comienza antes de que te des cuenta: tiene pasos superveloces que no llegás a percibir conscientemente. Por eso sentís una emoción después de que ...