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MARTE Y VENUS ENAMORADOS

John Gray  

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Fragmento

Introducción

Como autor de Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus,* me he beneficiado con regularidad de escuchar inspiradoras historias de éxito contadas por individuos y parejas. Prácticamente cada día, alguien me reconoce y se me acerca con una sonrisa en el rostro, para darme las gracias por haber escrito «ese libro». Durante años, me sentí asombrado. Sabía que mis seminarios eran experiencias de transformación, que ayudaban a salvar miles de matrimonios, pero no me daba cuenta de que el simple hecho de leer un libro pudiera tener el mismo efecto.

Durante una presentación en la que miles de personas me escuchan hablar, observo cómo una idea o una pequeña anécdota se transmite a la multitud y veo encenderse los rostros, aquí y allá, como bombillas de luz. Cuento una historia y, sin apenas interrupción, veo inconfundible e instantáneamente transformada a la gente que llena la sala. Se produce una oleada de reconocimiento y un tremendo alivio, seguido a veces por un estallido de risas que, en su mayor parte, reflejan las siguientes reacciones:

• Él sabe lo que he sentido. Otras personas tienen que haberlo sentido también. Y yo que creía que era el único en el mundo que no podía ser amado correctamente.

• La forma en que ha hablado de los problemas de la pareja parecía normal, nada atolondrada. ¿Significa eso que nuestro matrimonio se ha desarrollado de forma normal?

• ¡Vaya! No estoy solo. Otras personas también sienten lo mismo.

• ¡Ajá! Esa es la razón por la que sucedió. Ahora tiene sentido. Puedo afrontar esto. No es una situación tan desesperanzada.

Estas experiencias de «encenderse una idea» no son pequeñas cosas. Son rápidas, pero no transitorias. Probablemente, los problemas de relación de la gente son los acontecimientos más aíslan de los que pueden experimentarse. Es difícil definirse y hablar de ellos, sobre todo de una forma que despierte compasión y comprensión por parte de nuestra pareja. Cuando las cosas no funcionan, no sabemos cómo expresar con palabras, o no comprendemos lo que está sucediendo, es natural que empecemos a dudar.

En el tiempo que se necesita para encender una bombilla, personas repartidas por entre el público se muestran visiblemente transformadas por uno u otro de los mensajes que reciben, precisamente ese que para ellos establece toda una diferencia personal.

• ¡Hemos pasado por eso! ¡No ocurre nada anormal entre nosotros!

• Eso me describe a mí. No estoy solo.

• Siempre he pensado que el amor era suficiente, pero supongo que hay cosas que necesitamos saber para que funcione.

En mis seminarios, invito a los individuos y a las parejas a levantarse y compartir ejemplos de sus propias vidas. Las percepciones que capto de

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